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Jesús nos advirtió de ignorar a Dios en esta vida. Narró una historia sobre dos hombres que murieron: uno rico, que no tenía tiempo para Dios; y Lázaro, pobre, pero rico en fe (Lucas 16:19-31). En tormentos, el rico suplicó a Abraham por sus hermanos, que aún estaban en la tierra: «Te ruego, pues, padre, que [a Lázaro] envíes […], si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán» (vv. 27, 30). Abraham llegó al meollo del problema: «Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos» (v. 31).
«Ver es no creer —escribió Oswald Chambers—. Interpretamos lo que vemos a la luz de lo que creemos». Tim Gustafson - Pan Diario

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