Dona un euro, haz clic en el botón amarillo. Dios te bendiga
Las Escrituras nos dan la respuesta. Desde que Dios comenzó a formarnos en el vientre materno (Salmo 139:13-14), se fue desarrollando nuestro diseño particular. Aunque no podamos imaginar cómo luciremos finalmente, sabemos que si somos hijos de Dios, al final seremos como Cristo (1 Juan 3:2): nuestro cuerpo con su naturaleza, nuestra personalidad con su carácter; todos nuestros talentos, relucientes, todos nuestros pecados, ausentes.
Hasta que Cristo vuelva, nos iremos acercando a nuestro futuro yo. Mediante su obra, paso a paso, podemos reflejar más claramente su imagen (2 Corintios 3:18). Aún no somos lo que se planeó que fuéramos, pero al asemejarnos más a Él, nos volvemos nuestro yo real. Sheridan Voysey - Pan Diario

No hay comentarios:
Publicar un comentario