El honor de seguir

Mientras visitaba Israel, un amigo mío vio a un viejo rabino caminando junto al Muro de los Lamentos. Lo interesante era que cinco hombres jóvenes iban detrás de él. También caminaban inclinados y con dificultad, como su maestro. Un judío ortodoxo sabría exactamente por qué lo imitaban: eran sus «seguidores». En la historia del judaísmo, una de las posiciones más reconocidas y privilegiadas para un judío era convertirse en «seguidor» del rabino local. Los seguidores se sentaban a sus pies para escucharlo enseñar. Estudiaban sus palabras, y observaban cómo actuaba y reaccionaba ante la vida y los demás. Su mayor honra era servirlo, aun en las tareas más insignificantes. Y, como lo admiraban, estaban decididos a ser como él. Cuando Jesús llamó a sus discípulos para que lo siguieran (Mateo 4:19), estaba invitándolos a cambiar por Él, a que se le parecieran, a compartir su pasión por aquellos que necesitaban un Salvador. El alto honor de ser un seguidor de Cristo debe manifestarse también en nuestra vida. Asimismo, nosotros somos llamados a captar la atención de un mundo que observa cuando hablamos, pensamos y actuamos como Jesús, el Rabino o Maestro de nuestra alma. Joe - Pan Diario

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