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Los primeros creyentes en Jesús seguramente se sintieron desilusionados cuando sus esperanzas de reforma política se esfumaron y vieron que Roma seguía gobernando el mundo. Los mensajeros de Jesús aún tenían temores y debilidad. Sus discípulos se caracterizaban por la inmadurez y luchas internas (1 Corintios 1:11-12; 3:1-3). Pero había una diferencia. Pablo veía más allá de lo que no cambiaba. Sus cartas empezaban, terminaban y desbordaban con el nombre de Cristo; Cristo resucitado, con una promesa de regresar en poder; Cristo con juicio sobre todo. Sin embargo, primero y principal, Pablo quería que los creyentes en Jesús estuvieran arraigados en el significado y las implicaciones del Cristo crucificado (2:2; 13:1-13). El amor expresado en el sacrificio de Jesús lo transformó en una clase distinta de líder. Como Señor y Salvador del mundo, su cruz cambia todo. El nombre de Jesús se conocerá y será alabado para siempre por sobre todo otro nombre. Mart DeHaan - Pan Diario
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