El período posterior a la Navidad puede ser deprimente. Los regalos ya se abrieron. Hay que retirar el árbol y las luces. Nos espera un desabrido enero… y de repente, la Navidad —y la anticipación emocionante que trae aparejada— parece algo lejano.
Hace unos años, mientras guardábamos los adornos navideños, me di cuenta de esto: no importa lo que diga el calendario; siempre estamos un día más cerca de la próxima Navidad. Y se ha transformado en algo que digo a menudo.
Pero mucho más importante que nuestra celebración temporal de la Navidad es la realidad espiritual que hay detrás: la salvación que trajo Jesús a nuestro mundo y la esperanza de su regreso. La Escritura habla de estar alerta, esperar y anhelar la segunda venida de Cristo. Me encanta lo que dice Pablo en Filipenses 3:15-21. Contrasta la manera de vivir del mundo —mentes «que sólo piensan en lo terrenal»— con un estilo de vida modelado por la esperanza en el regreso de Jesús: «nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo» (v. 20).
La realidad de que «nuestra ciudadanía está en los cielos» cambia todo. Esa esperanza se fortalece al saber que cada día que pasa, estamos en verdad un día más cerca del regreso de Jesús. Adam Holz - Pan Diario
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