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Cuando nos atrapa la naturaleza de los desafíos de la vida y las graves limitaciones de nuestro conocimiento, sabiduría y fortaleza, descubrimos —como Lincoln— que dependemos por completo de Dios, el único que no tiene límites. Pedro nos recordó esta dependencia cuando escribió: «Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7). El amor de Dios por sus hijos, sumado a su poder absoluto, lo hacen la Persona perfecta a la cual acudir con nuestras debilidades; esta es la esencia de la oración. Lincoln dijo que sentía que «no tenía otro lugar adonde acudir». Cuando comenzamos a comprender el gran interés de Dios por nosotros, es una buena noticia: ¡podemos acudir a Él! Bill Crowder - Pan Diario

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