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No obstante, un nuevo año también puede ser inquietante. Nadie sabe las tormentas que pueda traer. Tradiciones de Año Nuevo reflejan cosas como estas: los fuegos artificiales fueron inventados en China para espantar espíritus malos y traer prosperidad en la nueva etapa; y las resoluciones de Año Nuevo se remontan a los babilonios, quienes hacían votos para apaciguar a los dioses. Todo en un intento de sentir seguridad ante un futuro desconocido.
Cuando esos mismos babilonios conquistaron Israel, Dios envió este mensaje a los judíos esclavizados: «No temas […]. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo» (Isaías 43:1-2). Tiempo después, Jesús dijo algo similar a sus discípulos en medio de una feroz tormenta: «¿Por qué teméis […]? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza» (Mateo 8:23-27). Hoy nos lanzamos a aguas desconocidas, pero sea lo que sea que enfrentemos, Dios está con nosotros y tiene poder para calmar las aguas. Sheridan Voysey - Pan Diario

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