Lavar los pies… y los platos

Cuando cumplieron 50 años de casados, Charley y Jan desayunaron en un café con su hijo Jon. Ese día, el restaurante tenía poco personal: solo un encargado, la cocinera y una joven que hacía de recepcionista, camarera y limpiando las mesas. Cuando terminaron de desayunar, Charley les preguntó a su esposa e hijo: «¿Tienen algo importante que hacer en las próximas horas?». Contestaron que no.
Entonces, con el permiso del supervisor, la pareja se ofreció para lavar los platos, mientras su hijo limpiaba las mesas. Según Jon, lo que sucedió ese día no fue nada raro, ya que sus padres siempre habían seguido el ejemplo de Jesús, quien «no vino para ser servido, sino para servir» (Marcos 10:45).
En Juan 13, leemos sobre la última cena que Jesús compartió con sus discípulos. Esa noche, el Maestro les enseñó el principio del servicio humilde al lavarles los pies sucios (vv. 14-15). Si Él estuvo dispuesto a hacer la humilde tarea de lavar los pies de una docena de hombres, ellos también debían servir con gozo a otros. Las formas de servicio que encontremos pueden parecer diferentes, pero una cosa es igual: hay gran gozo en servir. El propósito detrás del servicio no es elogiar a los que lo hacen, sino dirigir toda la alabanza a nuestro Dios. Cindy Kasper - Pan Diario

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