Cuando se casó, Gwndolyn Stulgis llevó el vestido de bodas de sus sueños. Y luego lo regaló… a una desconocida. Creía que un vestido merecía más que estar guardado en un armario, acumulando polvo. Otras novias coincidieron. Ahora, muchísimas mujeres se han unido a su red social para donar y recibir vestidos de boda. Como dijo una donante: «Espero que este vestido pase de novia en novia y que, al final de su vida, quede hecho girones por todas las bodas realizadas con él».
Sí, el espíritu de dar puede sentirse como una celebración. Como está escrito: «Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado» (Proverbios 11:24-25).
Pablo enseñó este principio en el Nuevo Testamento. Al despedirse de los creyentes en Éfeso, los bendijo, les recordó la importancia de la generosidad y les dejó como ejemplo su ética laboral: «En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35). Ser generoso refleja a Dios: «Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado…» (Juan 3:16). Sigamos su glorioso ejemplo. Patricia Raybon - Pan Diario

No hay comentarios:
Publicar un comentario