El regalo perfecto

Mientras estaba en un viaje misionero para evangelizar en Perú, un joven me pidió dinero. Por razones de seguridad, habían instruido a mi equipo a no dar dinero, así que, ¿cómo podía ayudarlo? Entonces, recordé la respuesta de los apóstoles Pedro y Juan al paralítico en Hechos 3. Le expliqué que no podía darle dinero, pero que sí podía compartirle la buena noticia del amor de Dios. Cuando dijo que era huérfano, le dije que Dios quería ser su Padre. Eso lo hizo llorar. Lo puse en contacto con un miembro de nuestra iglesia para ver cómo ayudarlo. 
A veces, nuestras palabras podrían parecer insuficientes, pero el Espíritu Santo puede darnos poder al hablarles a otros de Jesús.
Cuando Pedro y Juan se encontraron con el hombre en el patio del templo, sabían que la mejor dádiva era hablarle de Cristo. «Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda» (v. 6). Ese día, el hombre recibió salvación y sanidad. Dios sigue utilizándonos para llevar a los perdidos hacia Él. Mientras buscamos los regalos perfectos para dar esta Navidad, recordemos que el verdadero regalo es conocer a Jesús y el don de la salvación eterna que Él ofrece. Sigamos buscando ser utilizados por Dios para guiar a otros al Salvador. Nancy Gavilanes - Pan Diario

Alentado por las promesas de Dios

Fue un largo día en el hospital. Todavía no había respuestas sobre la enfermedad que aquejaba al brillante joven de 19 años de edad. Al llegar a casa, la familia se sentía desanimada. Se sorprendieron al ver una caja hermosamente adornada en el escalón, con Isaías 43:2 impreso adelante. Adentro, había diversos versículos bíblicos alentadores que sus amigos habían escrito a mano. Pasaron la hora siguiente siendo alentados por las Escrituras y el gesto amable de los amigos de la familia.
Las personas que atraviesan momentos difíciles o desafíos familiares pueden beneficiarse siempre de un apoyo de corazón. Las Escrituras —ya sea un pasaje largo o un solo versículo— pueden alentarte a ti, a un amigo o a un familiar. Isaías 43 está lleno de pequeños trozos de aliento. Considera algunos conceptos destacados: Dios te creó, te formó, te redimió y te llamó por tu nombre (v. 1). Él estará contigo (v. 2), es el «Santo de Israel» y es nuestro «Salvador» (v. 3).
Al considerar las promesas de Dios, que estas te alienten. Y mientras Él provee lo que necesitas, puedes alentar a otros. La caja de los versículos no costó mucho, pero su impacto fue invalorable. Aun después de cinco años, la familia sigue apreciando algunos de esos versículos. Brent Hackett - Pan Diario

Tentado y probado

A Esteban le encanta la libertad y flexibilidad que le da su trabajo como chofer de alquiler privado. Entre otras cosas, puede comenzar y dejar en cualquier momento, y no tiene que rendir cuentas a nadie de su tiempo y movimientos. Pero dijo que, irónicamente, esa es la parte más difícil.
«En este trabajo, es tan fácil empezar una relación extramatrimonial —admitió con franqueza—. Recojo a todo tipo de pasajeros, y nadie, incluso mi esposa, sabe dónde estoy». Explicó que no es fácil resistir esa tentación y que muchos de sus compañeros cayeron en eso. «Lo que me detiene es considerar lo que Dios pensaría y cómo se sentiría mi esposa», dijo.
Nuestro Dios conoce nuestras debilidades, deseos y la facilidad con que somos tentados. Pero, como nos recuerda 1 Corintios 10:11-13, podemos pedirle que nos ayude. Pablo afirma: «fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (v. 13). Esa «salida» podría ser un temor saludable a las consecuencias, una conciencia culposa, el recuerdo de un texto bíblico, una distracción oportuna o alguna otra cosa. Al pedirle fuerzas a Dios, el Espíritu desviará nuestra vida de la tentación y nos ayudará a ver la salida que Él nos da. Leslie Koh - Pan Diario

El espíritu navideño

En un almuerzo de Navidad en nuestra iglesia, celebramos las culturas de los invitados internacionales. Allí aplaudí alegremente junto al sonido de la darbuka (una especie de tambor) y el oud (instrumento parecido a una guitarra), mientras la banda interpretaba el tradicional villancico de Oriente Medio, Laylat al-Milad, que significa «Noche de Navidad». La letra recuerda a los oyentes que el espíritu de Navidad se halla en servir a otros, ofreciendo agua a una persona sedienta o consolando a alguien que llora.
Es probable que este villancico esté basado en el elogio de Jesús a sus seguidores por acciones que hicieron por él: proveerle comida cuando tenía hambre, bebida cuando tenía sed, y compañía y cuidado cuando estaba enfermo y solo (Mateo 25:34-36). Las personas de la parábola se sorprendieron porque pensaban que no habían hecho nada de eso por Cristo. Él respondió: «en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (v. 40). Durante esta temporada, el aliento a participar del espíritu navideño suele ser un impulso a expresar una actitud festiva. Laylat al-Milad nos recuerda que podemos poner en práctica este espíritu al ocuparnos de otros. Y sorprendentemente, cuando lo hacemos, no solo servimos a otros sino a Jesús también. Lisa Samra - Pan Diario

Personas que animan

«Puro ánimo». Esto dijo J. R. R. Tolkien para describir el apoyo que su amigo y colega C. L. Lewis le brindó mientras él escribía la épica trilogía El señor de los anillos. El trabajo de Tolkien había sido meticuloso y exigente, y había escrito a máquina más de dos veces los extensos manuscritos. Cuando se los envió a Lewis, este respondió: «Todos los largos años que invertiste en esto valieron la pena».
Quizá quien más se destacó en las Escrituras por dar ánimo fue José, de Chipre; más conocido como Bernabé (que significa «Hijo de consolación»), el nombre que le pusieron los apóstoles (Hechos 4:36). Fue él quien abogó por Pablo ante ellos (9:27). Más tarde, cuando los gentiles empezaron a poner su fe en Jesús, Lucas nos dice que Bernabé «se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor» (11:23 lbla). Lo describe como «varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe»; y que gracias a él: «una gran multitud fue agregada al Señor» (v. 24).
El valor de las palabras de ánimo es inconmensurable. Cuando brindamos palabras de fe y amor a otros, Dios puede moverse a través de lo que compartimos, para transformar la vida de alguien para siempre. ¡Que Él nos ayude a dar «puro ánimo» a alguien hoy! James Banks - Pan Diario

Buena reputación para Cristo

Mientras estudiaba en la Universidad Estatal de Florida, Charlie Ward competía en dos deportes. En 1993, el joven mariscal de campo ganó el trofeo Heisman como mejor jugador de fútbol americano universitario del país, y también se destacó en el baloncesto.
Un día, durante una charla previa a un partido, el entrenador de baloncesto dijo unas palabrotas. Como vio que Charlie estaba incómodo, preguntó: «¿Qué pasa, Charlie?». Y Ward contestó: «Entrenador, el entrenador Bowden [del equipo de futbol] no usa esa clase de lenguaje y consigue que juguemos de la mejor manera».
Al reflejar el carácter de Cristo, Charlie pudo hablarle amablemente a su entrenador sobre ese asunto. Es más, el entrenador le dijo a un periodista sobre esa conversación: «Es casi como si un ángel te estuviera mirando».
Una buena reputación ante los incrédulos y un testimonio fiel para Cristo son difíciles de mantener. Pero los creyentes pueden volverse más parecidos a Él con su ayuda y guía. En Tito 2, a los jóvenes —y a todos los creyentes— se los llama a ser «prudentes» (v. 6) y a mostrar «integridad, […] palabra sana e irreprochable» (vv. 7-8).
Al vivir así, no solo honraremos a Cristo, sino que también desarrollaremos una gran reputación. Entonces, las personas tendrán una razón para oír lo que decimos. Dave Branon - Pan Diario

Una respuesta agradecida

Pescado crudo y agua de lluvia. Un marinero australiano sobrevivió con solo estas provisiones durante tres meses. Abandonado en una isla a casi 2.000 kilómetros del continente, ya perdía las esperanzas. Pero entonces, la tripulación de un barco pesquero vio el bote y lo rescató. Más tarde, el delgado y curtido hombre declaró: «Al capitán y la empresa de pesca que salvaron mi vida, ¡estoy tan agradecido!».
Este hombre dio gracias después de su terrible experiencia, pero el profeta Daniel reveló un corazón agradecido antes, durante y después de una crisis. Exiliado a Babilonia con otros judíos (Daniel 1:1-6), había sido ascendido en autoridad solo para ser amenazado por otros líderes que querían verlo muerto (6:1-7). Sus enemigos consiguieron que el rey firmara un edicto que declaraba que quien orara a «cualquier dios» sería «echado en el foso de los leones» (v. 7). ¿Qué haría Daniel, un hombre que amaba y servía al único Dios verdadero? «Se arrodillaba […], y daba gracias delante de su Dios» (v. 10). Dio gracias, y Dios lo recompensó salvándole la vida y honrándolo (vv. 26-28).
Que Dios nos ayude a «[dar] gracias en todo» (1 Tesalonicenses 5:18). Ya sea que estemos en una crisis o acabemos de salir de ella, la gratitud honra a Dios y ayuda a mantener a flote nuestra fe. Tom Felten - Pan Diario

Perdonado por Dios

Cerca de la fiesta de Acción de Gracias, el presidente de los Estados Unidos recibe en la Casa Blanca dos pavos para otorgarles el indulto presidencial. En lugar de servirlos como plato principal para esa celebración, esos pavos viven seguros por el resto de su vida en una granja. Aunque no pueden entender la libertad que se les ha concedido, la extraña tradición anual resalta el poder vivificador del perdón.
El profeta Miqueas entendía el significado del perdón cuando escribió una fuerte advertencia a los israelitas que quedaban en Jerusalén. Similar a una demanda legal, registró a Dios testificando en contra de la nación (Miqueas 1:2) por desear la maldad, y perdonar la codicia, la deshonestidad y la violencia (6:10-15).
A pesar de esas rebeliones, Miqueas termina con una esperanza arraigada en la promesa de que Dios no sigue enojado para siempre, sino que «perdona la maldad» (7:18). Como Creador y Juez de todo, puede declarar con autoridad que no nos recriminará por nuestros pecados debido a su promesa a Abraham (v. 20); cumplida finalmente en la muerte y resurrección de Jesús. El perdón es un regalo inmerecido que trae bendiciones enormes. A medida que comprendamos más los beneficios de su perdón completo, respondamos con alabanza y gratitud. Lisa Samra - Pan Diario

Gratitud a pesar de las pruebas

Sigo en línea a una colega escritora que escribe sobre su travesía con el cáncer, y oro por ella. Sus publicaciones alternan entre actualizaciones sobre sus desafíos físicos y pedidos de oración y pasajes de la Biblia y alabanzas a Dios. Es hermoso ver su sonrisa valiente, ya sea esperando los tratamientos en el hospital o en su casa, con un pañuelo en la cabeza porque se le cae el cabello. Ante cada desafío, nunca deja de instar a otros a confiar en Dios durante las pruebas.
Al atravesar dificultades, puede ser complicado estar agradecidos y alabar a Dios. Pero el Salmo 100 nos da motivos para hacerlo. Dice: «Reconoced que el Señor es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado» (v. 3). Y agrega: «el Señor es bueno. Para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones» (v. 5 rva-2015).
Cualquiera que sea nuestra prueba, podemos encontrar consuelo en saber que Dios está cerca de los corazones quebrantados (34:18). Cuanto más oremos y leamos la Biblia, más capaces seremos de «[entrar] por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza», y bendecir su nombre (100:4). Podemos «[cantar] alegres a Dios» (v. 1) incluso —y quizá especialmente— en épocas difíciles, porque nuestro Dios es fiel. Nancy Gavilanes - Pan Diario

Condición espiritual

Tomás es habitué del gimnasio, y es evidente. Tiene hombros anchos, músculos voluminosos y brazos casi del tamaño de mis muslos. Su estado físico me llevó a entablar una conversación espiritual con él. Le pregunté si su estado físico reflejaba de algún modo una relación saludable con Dios. Aunque no profundizó mucho, reconoció que tenía «a Dios en su vida». Hablamos lo suficiente como para que me mostrara una foto de él con unos 180 kilos de peso, fuera de forma y mala salud. Un cambio en su estilo de vida había obrado maravillas físicamente.
En 1 Timoteo 4:6-10, se hace foco en un entrenamiento físico y espiritual: «Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera» (vv. 7-8). La condición exterior no cambia nuestra situación con Dios. La condición espiritual es una cuestión del corazón. Comienza con la decisión de creer en Jesús para recibir el perdón. A partir de allí, comienza la ejercitación para una vida piadosa, la cual incluye ser «nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina» (v. 6), y, con la fuerza que viene de Dios, vivir una vida que honre a nuestro Padre celestial. Arthur Jackson - Pan Diario

Entregar ayuda

Cuando Elena tuvo que ir a entregar la vianda en la casa de Tim, él le pidió que lo ayudara a desatar el nudo del paquete. Años antes, Tim había sufrido un ACV y no podía hacerlo solo. Elena lo ayudó con agrado. Durante el resto del día, pensó en él con frecuencia, y eso la impulsó a armarle un paquete adecuado para su condición. Más tarde, cuando Tim encontró el chocolate caliente y una manta roja con una nota de aliento que ella había dejado a su puerta, lo hizo llorar.
La acción de Elena se volvió mucho más significativa de lo que ella había anticipado. Lo mismo sucedió cuando Isaí envió a su joven hijo David a llevar comida a sus hermanos, mientras los israelitas «se pusieron en orden de batalla contra los filisteos» (1 Samuel 17:2). Cuando David llegó, se enteró de que Goliat estaba atemorizando al pueblo de Dios con sus burlas diarias (vv. 8-10, 16, 24). David se indignó ante el desafío de Goliat «a los escuadrones del Dios viviente» (v. 26) y le dijo al rey Saúl: «No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo» (v. 32).
A veces, Dios usa nuestras circunstancias diarias para ponernos en lugares donde quiere utilizarnos. Mantengamos los ojos (¡y el corazón!) abiertos para ver dónde y cómo podemos servir a alguien. Kirsten Holmberg - Pan Diario

Persistir en la oración

Mila, una asistente de cocina, se sintió incapaz de defenderse cuando su supervisora la acusó de robar pan de pasas. La acusación infundada y la deducción en el salario fueron solo dos de muchos actos equivocados de su jefa. «Dios, por favor, ayúdame —oraba Mila todos los días—. Es tan difícil trabajar con ella, pero necesito este trabajo».
Jesús relata sobre una viuda que también se sentía desesperada y buscó que se hiciera «justicia de [su] adversario» (Lucas 18:3). Recurrió a un juez para que resolviera el caso. A pesar de saber que el juez era injusto, insistió en abordarlo.
La respuesta final del juez (vv. 4-5) difiere por completo de la de nuestro Padre celestial, quien responde enseguida con amor y ayuda (v. 7). Si la insistencia pudo hacer que un juez injusto tomara ese caso, ¡cuánto más hará por nosotros Dios, que es el Juez justo (vv. 7-8)! Podemos confiar en que Él «[haga] justicia a sus escogidos» (v. 7); y ser persistentes es una manera de mostrar que confiamos en que Dios responderá con sabiduría perfecta ante nuestra situación.
Al final, la supervisora de Mila renunció después de que otros empleados se quejaron de su comportamiento. Mientras caminamos obedientes a Dios, persistamos en la oración, sabiendo que el poder de nuestras oraciones radica en Aquel que oye y nos ayuda. Karen Huang - Pan Diario

Un puñado de arroz

El estado de Mizoram, en el noreste de India, está saliendo lentamente de la pobreza. A pesar de su falta de ingresos, desde que el evangelio llegó a esa zona, los creyentes en Jesús practican una tradición llamada «puñado de arroz». Antes de cocinar el arroz, apartan cada día un puñado y lo dan a la iglesia. Esas iglesias, pobres para los estándares mundiales, han ofrendado millones a las misiones y enviado misioneros al mundo entero. Muchos, allí donde nacieron, han conocido a Cristo.
En 2 Corintios 8, Pablo describe a una iglesia con una actitud similar. Los creyentes macedonios eran pobres, pero eso nos les impidió dar con alegría y en abundancia (vv. 1-2). Lo consideraban un privilegio y daban «aun más allá de sus fuerzas» (v. 3), para colaborar con Pablo. Entendían que eran simples administradores de los recursos de Dios. Al dar, mostraban su confianza en Aquel que suple todas las necesidades.
Pablo usó el ejemplo de los macedonios para alentar a los corintios a abordar del mismo modo las ofrendas. Los corintios sobresalían «en todo […], en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en […] amor». Ahora, tenían que «sobresalir en esta gracia de dar» (v. 7 nvi). Nosotros también podemos reflejar la generosidad de nuestro Padre y dar generosamente de lo que tenemos. Matt Lucas - Pan Diario

Amar a nuestro enemigo

Durante la Segunda Guerra Mundial, el médico de la Marina de los Estados Unidos Lynne Weston desembarcó con los soldados para atacar y recuperar una isla tomada por el enemigo. Ante los inevitables heridos, hizo todo lo posible para curar a los combatientes para evacuarlos. Una vez, su unidad encontró a un soldado enemigo con una grave herida abdominal que impedía que pudieran darle agua. Para mantenerlo vivo, Weston le administró plasma intravenoso.
«¡Marinerucho, guarda el plasma para los nuestros!», gritó uno de los soldados. Weston lo ignoró. Sabía lo que haría Jesús: amar a los enemigos (Mateo 5:44).
Jesús hizo más que decir palabras desafiantes; las vivió. Cuando una multitud hostil lo llevó ante el sumo sacerdote, «los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban» (Lucas 22:63). El abuso siguió durante sus juicios injustos y su ejecución. Jesús no solo lo soportó. Cuando los soldados romanos lo crucificaron, oró para que fueran perdonados (23:34). Tal vez no nos encontremos con un enemigo literal que trate de matarnos, pero todos sabemos cómo se siente que se burlen de nosotros. Nuestra reacción natural es el enojo, pero Jesús elevó la vara: «orad por los que […] os persiguen» (Mateo 5:44). Mostremos esa clase de amor… aun a nuestros enemigos. Tim Gustafson - Pan Diario

El tiempo de Dios

Marga esperaba ansiosa su planeado viaje a otro país, pero, como era su práctica habitual, primero oró. «Son solo unas vacaciones —dijo una amiga—, ¿por qué tienes que consultarle a Dios?». Sin embargo, Marga creía en entregarle todo a Él. Esta vez, sintió que Dios la impulsaba a cancelar el viaje. Lo hizo, y después, cuando tendría que haber estado allí, estalló una pandemia. «Siento que Dios me estaba protegiendo», señala.
Noé y su familia también dependieron de la protección de Dios mientras esperaron en el arca durante casi dos meses cuando terminó el diluvio. Tras estar encerrados más de diez, estarían ansiosos por salir. Después de todo, «las aguas se secaron sobre la tierra; y […] la faz de la tierra estaba seca» (Génesis 8:13). Pero Noé no dependía solamente de lo que se veía, sino que salió cuando Dios le dijo (vv. 15-19). Confiaba en que Él tenía una buena razón para la larga espera; quizá la tierra todavía no estaba completamente segura. Cuando oramos por las decisiones en nuestra vida, usando las facultades que Dios nos ha dado y esperando su guía, podemos confiar en su tiempo, ya que sabemos que nuestro Creador sabio sabe qué es lo mejor para nosotros. Como declaró el salmista: «Mas yo en ti confío, oh Señor; […] En tu mano están mis tiempos» (Salmo 31:14-15). Leslie Koh - Pan Diario

Asunto de otros

Cuatro de nuestros nietos estaban jugando con un tren en miniatura, y los dos menores discutían por una locomotora. Cuando el de ocho años empezó a intervenir, su hermana de seis dijo: «No te preocupes por los asuntos de ellos». Palabras sabias para todos… pero, cuando la discusión pasó a las lágrimas, la abuela apareció, los separó y consoló a los peleadores.
Es bueno mantenerse ajenos a los asuntos de otros cuando, al intervenir, podemos empeorar las cosas. Pero, a veces, es necesario orar e involucrarnos. En su carta a los filipenses, el apóstol Pablo da un ejemplo de cuándo hacerlo. Insta a dos mujeres, Evodia y Síntique, a «que sean de un mismo sentir en el Señor» (4:2). Al parecer, su desacuerdo se había vuelto tan intenso que el apóstol se sintió impulsado a intervenir (v. 3), aunque estaba preso (1:7).
Pablo sabía que ese desacuerdo estaba provocando desunión y quitando el foco del evangelio. Por eso, dijo amablemente la verdad, mientras les recordaba que sus nombres estaban escritos «en el libro de la vida» (4:3). Quería que ellas y todos en la iglesia vivieran, en pensamientos y acciones, como pueblo de Dios (vv. 4-9). Cuando no estés seguro de si debes intervenir, ora, confiando en que «el Dios de paz estará con ustedes» (v. 9 rvc; ver v. 7). Alyson Kieda - Pan Diario

Amar a las naciones

Como hija de dos padres amorosos y muy trabajadores de Sur y Centroamérica, doy gracias de que tuvieron el coraje de mudarse a Estados Unidos para tener mejores oportunidades. Ya siendo adultos jóvenes, se conocieron en Nueva York, se casaron, nos tuvieron a mi hermana y a mí, y continuaron con sus respectivos negocios. 
Crecí abrazando mi herencia hispana y me ha fascinado estar con gente de diversos trasfondos. Una vez, compartí de mi fe en una iglesia multicultural que se reúne en un exteatro de Broadway. Hablar del amor de Dios a un grupo así es solo un atisbo de lo que será el cielo cuando personas de diferentes naciones se reúnan en la presencia de su Salvador.
En Apocalipsis, el apóstol Juan presenta esta imagen asombrosa del cielo: «miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero» (7:9). Dios recibirá «la bendición y la gloria […] por los siglos de los siglos», porque Él es digno (v. 12).
Aunque ahora es solo un destello, un día, los que creemos en Jesús seremos reunidos con Él y con personas de diferentes países, culturas e idiomas. Puesto que Dios ama a las naciones, amemos también nosotros a nuestra familia global en Cristo. Nancy Gavilanes - Pan Diario

Tiempo bien aprovechado

El 14 de marzo de 2019, la NASA envió a la astronauta Christina Koch a la Estación Espacial Internacional. Koch no volvería a la tierra durante 328 días, lo que le otorgaría el récord femenino de mayor tiempo de vuelo en el espacio. Tenía miles de tareas diarias que cumplir y, hora tras hora, una línea roja se movía en la pantalla, mostrando constantemente si cumplía con lo programado. No había un instante que perder.
Si bien no recomendó nada tan intrusivo como una línea roja que gobierne nuestra vida, Pablo sí nos alentó a usar con cuidado nuestro tiempo precioso y limitado: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Efesios 5:15-16). La sabiduría de Dios nos instruye a llenar nuestros días con voluntad y cuidado, poniendo en práctica la obediencia a Él, el amor a nuestro prójimo y la participación en la obra redentora de Jesús en el mundo. Lamentablemente, es posible que ignoremos dicha instrucción y que, en cambio, desperdiciemos nuestro tiempo de manera insensata (v. 17) en busca de logros egoístas y destructivos.
La idea no es que nos mortifiquemos en cuanto al tiempo, sino que simplemente obedezcamos y confiemos en Dios. Él nos ayudará a aprovechar al máximo nuestros días. Winn Collier - Pan Diario

La gran división

En el clásico cómic Peanuts, el amigo de Linus lo reprende por creer en la Gran Calabaza. Alejándose decaído, Linus dice: «Hay tres cosas que he aprendido a no discutir nunca con la gente: religión, política y la Gran Calabaza».
La Gran Calabaza existía solo en la mente de Linus, pero los otros dos temas son tan reales… dividen naciones, familias y amigos. Lo mismo sucedía en la época de Jesús. Los fariseos eran profundamente religiosos y trataban de seguir el Antiguo Testamento. Los herodianos eran más políticos, pero ambos grupos querían ver al pueblo judío libre de la opresión romana. Jesús no compartía sus objetivos. Por eso, le hicieron una pregunta políticamente cargada: ¿debía la gente pagar impuestos a César (Marcos 12:14-15)? Si decía que sí, el pueblo se resentiría con Él. Si decía que no, los romanos podían arrestarlo por sedición.
Jesús pidió una moneda y preguntó: «¿De quién es esta imagen?» (v. 16). Todos sabían que era de César. Las palabras de Jesús resuenan hoy: «Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios» (v. 17). Con sus prioridades en orden, evadió la trampa. Jesús vino a hacer la voluntad del Padre. Con su guía, nosotros también podemos buscar a Dios y su reino por sobre todo, quitando el foco de toda disensión y mirando a Aquel que es la verdad. Tim Gustafson - Pan Diario

Liberarse de la carga

Durante un semestre, en la universidad, estudié los escritos de Shakespeare. El manual gigante que los contenía, requerido por el curso, pesaba varios kilos, y tenía que acarrearlo durante horas, lo cual me afectó la espalda y, finalmente, ¡rompió un pasador de mi mochila!
Algunas cosas son simplemente muy pesadas para que las transportemos. Por ejemplo, la carga emocional de heridas del pasado puede agobiarnos con amargura y odio. Pero Dios quiere que tengamos libertad al perdonar a las personas y, cuando sea posible, nos reconciliemos con ellas (Colosenses 3:13). Cuanto más profundo es el dolor, más tiempo puede llevar. Está bien. A Esaú le llevó muchos años perdonar a Jacob por robarle su primogenitura y su bendición (Génesis 27:36). Cuando ambos finalmente se volvieron a ver, Esaú bondadosamente perdonó a su hermano e incluso «le abrazó» (33:4). No cruzaron ni una palabra antes de romper en llanto. Con el tiempo, Esaú dejó ir el enojo que lo había hecho considerar el asesinato (27:41). Y en los años que habían pasado, Jacob pudo ver la magnitud del daño hecho a su hermano, y fue humilde y respetuoso en el reencuentro (33:8-11).
Llegaron a un punto en que ninguno requirió nada del otro (vv. 9, 15). Bastó con perdonar y ser perdonado, y liberarse de la carga del pasado. Jennifer Schuldt - Pan Diario