Confiar en Dios ante la oposición

Criada en una tribu de Filipinas que se oponía a la fe en Cristo, Ester lo aceptó como su Salvador después de que una tía orara por ella mientras padecía una enfermedad en la que peligraba su vida. Hoy Ester lidera estudios bíblicos en una comunidad local, a pesar de las amenazas de violencia e incluso de muerte. Sirve gozosa, diciendo: «No puedo dejar de hablar a otros de Jesús porque he experimentado personalmente su poder, amor, bondad y fidelidad».
Servir a Dios ante la oposición es una realidad para muchos hoy como lo fue para Sadrac, Mesac y Abed-nego, tres jóvenes israelitas que vivían cautivos en Babilonia. El libro de Daniel nos enseña que, aunque fueron amenazados de muerte, rehusaron orar a una enorme imagen de oro del rey Nabucodonosor. Testificaron que Dios era capaz de protegerlos, pero decidieron servirle aun «si no» los rescataba (3:18). Cuando los arrojaron al fuego, Dios se unió literalmente a ellos en su sufrimiento (v. 25). Para asombro de todos, sobrevivieron, y «ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado» (v. 27).
Si enfrentamos sufrimiento o persecución por un acto de fe, los ejemplos del pasado o los actuales nos recuerdan que el Espíritu de Dios nos acompaña, fortalece y sostiene, aun «si no» resulta como esperamos. Lisa Samra - Pan Diario

Sal en la herida


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Durante la edad dorada de la radio, Fred Allen usaba el pesimismo humorístico para hacer sonreír a una generación que vivía en las sombras de la depresión económica y la guerra. Su sentido del humor nació del dolor personal. Perdió a su madre a los tres años, y luego lo separaron de su padre adicto. Una vez, rescató a un joven del tráfico intenso de una calle de Nueva York, diciéndole una frase memorable: «¿Qué te pasa, muchacho? ¿No quieres crecer y tener problemas?».
La vida de Job revela esta perturbadora realidad. Cuando sus primeras expresiones de fe dieron al final lugar a la desesperación, sus amigos intensificaron su dolor con frases que eran como poner sal en sus heridas. Argumentaban que, si admitía sus errores (4:7-8) y aprendía de la corrección de Dios, encontraría fuerzas para reírse ante los problemas (5:22).
Estos amigos «consoladores» tenían buenas intenciones pero estaban muy equivocados (1:6-12). Nunca imaginaron que un día se los invocaría como ejemplos de que «con amigos como estos, no hacen falta enemigos». Tampoco pensaron en el alivio de Job al orar por ellos ni en por qué necesitaban que orara por ellos (42:7-9). Y jamás supusieron que tipificaban a los acusadores de Aquel que sufrió tanta incomprensión para volverse nuestra fuente de gozo supremo. Mart DeHaan - Pan Diario

Una fe valiente

Después de que su avión fuera bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial, Prem Pradhan se lesionó al descender en un paracaídas. Como resultado, caminó rengo toda su vida. Una vez, señaló: «Soy rengo. ¿No es extraño que Dios me haya llamado a predicar el evangelio en la cordillera del Himalaya?». Y en Nepal predicó… pero no sin oposición, lo cual incluyó encarcelamientos en «calabozos de la muerte», bajo condiciones extremas. De quince años, pasó diez en catorce prisiones diferentes. Sin embargo, su valiente testimonio dio como fruto vidas cambiadas para Cristo, incluidos guardias y prisioneros que llevaron el mensaje de Jesús a sus pueblos.
Pedro enfrentó oposición por su fe en Jesús y por ser utilizado por Dios para sanar a «un hombre cojo» (Hechos 3:3; 4:9). Pero aprovechó la oportunidad para hablar valientemente de Cristo (vv. 8-13).
Como Pedro, hoy también podemos enfrentar oposición (v. 3), pero tenemos familiares, colegas, compañeros de estudio y otros que necesitan oír sobre Aquel en quien «hay salvación» (v. 12), que murió por nuestros pecados y resucitó para probar que podía perdonar (v. 10). Que todos puedan oír cuando, con oración y valentía, les proclamemos esta buena noticia de la salvación en Cristo. Arthur Jackson - Pan Diario

Esforzado y valiente

Diet Eman era una joven holandesa, tímida y común y corriente —enamorada, con trabajo, y disfrutando de su familia y amigos—, cuando los alemanes invadieron su país en 1940. Tiempo después, Diet escribió: «Cuando el peligro está a tu puerta, quieres actuar casi como un avestruz que mete la cabeza en la arena». Sin embargo, ella sintió que Dios la llamaba a arriesgar su vida para buscar dónde esconder a judíos y a otras personas perseguidas. Esta sencilla joven se convirtió en una guerrera esforzada y valiente para Dios.
En la Biblia, encontramos muchas historias similares en las que Dios utilizó a personajes aparentemente ineptos para servirlo. Por ejemplo, cuando el ángel del Señor abordó a Gedeón, proclamó: «el Señor está contigo, varón esforzado y valiente» (Jueces 6:12). Sin embargo, parecía cualquier otra cosa menos eso, ya que había estado aventando granos secretamente, lejos de la mirada de los madianitas que oprimían a Israel (vv. 1-6, 11). No se sentía a la altura del llamado de Dios, e incluso pidió varias señales. Pero Dios lo utilizó para derrotar al enemigo (ver cap. 7). Como Dios estuvo con él y lo equipó, así está también con nosotros, sus «hijos amados» (Efesios 5:1), supliendo todo lo necesario para servirlo en cosas pequeñas o grandes. Alyson Kieda - Pan Diario

Un corazón agradecido

Séneca, el gran filósofo de la antigua Roma, fue acusado de adulterio por la emperatriz Mesalina. El Senado lo sentenció a muerte, pero el emperador Claudio decidió exiliarlo a Córcega, quizá porque sospechaba que la acusación era falsa. Tal vez ese indulto motivó la perspectiva de Séneca sobre la gratitud, al escribir: «homicidas, tiranos, ladrones, adúlteros, asaltantes, sacrílegos y traidores siempre habrá, pero peor que todo eso es el crimen de la ingratitud».
Es probable que Pablo, contemporáneo de Séneca, coincidiera. En Romanos 1:21, escribió que uno de los disparadores del colapso de la humanidad fue rehusar dar gracias a Dios. Al escribir a los colosenses, tres veces los desafió a ser agradecidos; a «[abundar] en acciones de gracias» (Colosenses 2:7), a ser «agradecidos» por la paz de Dios en sus corazones (3:15). En realidad, la gratitud debería caracterizar nuestras oraciones (4:2). Las grandes bondades de Dios hacia nosotros nos recuerdan una de las mayores verdades de la vida: Él no solo merece nuestro amor y adoración, sino también nuestra gratitud de corazón. Todo lo bueno en la vida procede de Dios (Santiago 1:17). Con todo lo que recibimos en Cristo, agradecer debería ser tan natural como respirar. Expresemos nuestra gratitud al Señor por sus bendiciones. Bill Crowder - Pan Diario