El Príncipe de Paz

Cuando el resfriado de Juan se transformó en neumonía, terminó enviándolo al hospital. Al mismo tiempo, a su madre la estaban atendiendo por cáncer unos pisos más arriba, y se sentía abrumado por la preocupación. Entonces, en Nochebuena, en la radio sonó «Santa la noche», y Juan sintió que la paz de Dios lo inundaba. Escuchó cómo la canción anunciaba que era la noche en que nació el Salvador: «Una esperanza todo el mundo siente, la luz de un nuevo día sin igual». En ese momento, sus preocupaciones se desvanecieron.
Este Salvador que nos fue nacido, Jesús, es el «Príncipe de Paz», tal como Isaías profetizó (Isaías 9:6). Jesús cumplió la profecía cuando vino a la tierra como un bebé, trayendo luz y salvación a «los asentados en región de sombra de muerte» (Mateo 4:16; ver Isaías 9:2). Él es la personificación de la paz, y la brinda a aquellos a quienes ama, incluso cuando enfrentan pruebas y la muerte. Allí en el hospital, Juan experimentó la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7), al meditar en el nacimiento de Jesús. Este encuentro con Dios fortaleció su fe y lo llenó de gratitud, mientras yacía en aquel cuarto estéril, lejos de su familia en Navidad. Que nosotros también recibamos el regalo de paz y esperanza de Dios. Amy Pye - Pan Diario

¿Cómo sabrán?

The Gathering [La congregación], en Tailandia, es una iglesia interdenominacional e internacional. Hace poco, creyentes de muchos países se unieron en una sala de conferencias sencilla de un hotel. Cantaron «Solo en Cristo» y «Soy un hijo de Dios», con letras especialmente conmovedoras en ese ámbito.
Nadie une a las personas como Jesús. En el primer siglo, Antioquía tenía 18 grupos étnicos, y cada uno vivía en su propia parte de la ciudad. Cuando los creyentes llegaron por primera vez a Antioquía, predicaron sobre Jesús «sólo a los judíos» (Hechos 11:19). Sin embargo, ese no era el plan de Dios para la iglesia. Pronto, llegaron otros que «hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús […], y gran número creyó y se convirtió al Señor» (vv. 20-21). La gente de la ciudad se dio cuenta de que Jesús estaba sanando siglos de enemistad entre judíos y gentiles, y llamaron «cristianos» a los miembros de esta iglesia multiétnica (v. 26).
Puede resultarnos difícil traspasar los límites étnicos, sociales y económicos para abrazar a los que son diferentes a nosotros. Pero esta dificultad es nuestra oportunidad. Si no fuera difícil, no necesitaríamos que Jesús lo hiciera, y pocos notarían que lo estamos siguiendo. Mike Wittmer - Pan Diario

Presencia virtual

Cuando el nuevo coronavirus avanzaba por el planeta, los expertos en salud aconsejaron mantener distancia física entre las personas para frenar el contagio. Muchos países pidieron a sus ciudadanos que se quedaran en sus casas. Al igual que otros, participé en reuniones de la iglesia a través de plataformas digitales. En todo el mundo, practicamos nuevas formas de estar juntos, a pesar de la desconexión física.
Internet no es lo único que nos permite mantener un sentido de conexión. Nos conectamos como miembros del cuerpo de Cristo a través del Espíritu. Pablo expresó esta idea hace siglos en su carta a los colosenses. Aunque él mismo no había fundado esa iglesia, se interesaba por ellos y por su fe. Y aunque no podía estar allí en persona, les recordó que estaba con ellos «en espíritu» (Colosenses 2:5). No siempre podemos estar con nuestros seres queridos, y la tecnología puede ayudar a cerrar la brecha. Sin embargo, cualquier forma de conexión virtual palidece en comparación con la unidad que podemos experimentar como miembros del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27). Así podemos, como Pablo, regocijarnos en la fe de los demás y, a través de la oración, animarnos unos a otros a «conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo» (Colosenses 2:2). Kirsten Holmberg - Pan Diario

La brújula de Dios

Durante la Segunda Guerra Mundial, Waldemar Semenov servía a bordo del SS Alcoa Guide cuando un submarino alemán salió a la superficie y abrió fuego contra el barco, el cual se incendió y empezó a hundirse. Semenov y su tripulación bajaron a un bote salvavidas y usaron una brújula para navegar hacia las rutas marítimas. Después de tres días, un avión avistó el bote y el USS Broome rescató a los hombres al día siguiente. Gracias a aquella brújula, Semenov y 26 tripulantes más se salvaron.
El salmista le recordó al pueblo de Dios que estaba equipado con una brújula para la vida: la Biblia. Comparó la Escritura con una «lámpara» (Salmo 119:105) que ilumina el camino de la vida a los que siguen a Dios. Cuando el salmista estaba a la deriva en las aguas caóticas de la vida, sabía que Dios podía usar la Escritura para orientarlo y ayudarlo a sobrevivir. Entonces, oró para que Dios enviara su luz para dirigirlo en la vida y llevarlo a salvo al puerto de su santa presencia (43:3). Como creyentes en Jesús, cuando perdemos el rumbo, Dios puede guiarnos con su Espíritu Santo y la Escritura. Que Dios transforme nuestro corazón y nuestra mente a medida que leemos la Biblia, la estudiamos y seguimos su sabiduría. Marvin Williams - Daily Bread

No temas

A Linus, de la tira cómica Peanuts, se lo conoce por su mantita de apego. La lleva a todos lados y no le da vergüenza. A su hermana Lucy le desagrada especialmente, y a menudo, intenta deshacerse de ella. La entierra, la convierte en una cometa y la usa para un proyecto de la feria de ciencias. Linus también sabe que debería depender menos de su mantita, y de vez en cuando la suelta, pero siempre termina volviendo a ella.
En la película La Navidad de Charlie Brown, cuando un frustrado Charlie Brown pregunta: «¿No hay nadie que sepa de qué se trata la Navidad?», Linus, con su mantita de apego en la mano, se acerca al centro del escenario y cita Lucas 2:8-14. En medio de su recitación, cuando dice: «No temáis», deja caer su manta, a la que se aferraba cuando tiene miedo.
¿Qué tiene la Navidad que nos recuerda que no tenemos por qué temer? Los ángeles se aparecieron a los pastores y les dijeron: «No temáis; […] os ha nacido hoy […] un Salvador» (Lucas 2:10-11). Jesús es «Dios con nosotros» (Mateo 1:23). Tenemos su presencia misma a través del Espíritu Santo, el verdadero Consolador (Juan 14:16), así que no tenemos por qué temer. Podemos soltar nuestras «mantas de apego» y confiar en Él. Anne Cetas - Pan Diario