Esto es gracia


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Los miserables comienza con el convicto bajo libertad condicional Jean Valjean robándole artículos de plata a un sacerdote. Lo atrapan y espera ser regresado a las minas, pero el sacerdote sorprende a todos cuando declara que él se los había dado. Cuando la policía se va, mira al ladrón y le dice: «Ya no perteneces al mal sino al bien».
Tal amor extravagante apunta a aquel que brotó de la fuente de toda gracia. El día de Pentecostés, Pedro le dijo a su audiencia que, hacía menos de dos meses, en esa misma ciudad, habían crucificado a Jesús. La multitud quedó abatida, y todos preguntaron qué debían hacer. Pedro respondió: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» (Hechos 2:38). Jesús había cargado el castigo que ellos merecían. Ahora, serían perdonados si ponían su fe en Él.
Ah, la ironía de la gracia. Solo podían ser perdonados por la muerte de Cristo; una muerte de la que eran responsables. ¡Qué poderoso y lleno de gracia es Dios! Usó el mayor pecado de la humanidad para lograr nuestra salvación. Si Él ya hizo eso con el pecado de crucificar a Jesús, podemos suponer que no hay nada que no pueda convertir en algo bueno: «a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien» (Romanos 8:28). Mike Wittmer - Pan Diario

Esconderse de Dios

Cerré los ojos y empecé a contar en voz alta. Mis compañeros de tercer grado salieron corriendo a buscar un lugar para esconderse. Después de revisar cada gabinete, baúl y armario durante lo que me parecieron horas, no podía encontrarlos. Me sentí ridícula cuando una saltó finalmente de detrás de un helecho que colgaba del techo. La planta solo le tapaba la cabeza… ¡el resto del cuerpo había estado a la vista todo el tiempo!
Como Dios es omnisciente, cuando Adán y Eva se escondieron de Él en el huerto de Edén, siempre estuvieron a la vista (Génesis 3:8). Pero aquel no fue un juego de niños, sino que, de repente, tomaron conciencia —y se avergonzaron— de su error: haber comido del árbol del que Dios les dijo que no comieran.
Adán y Eva dieron la espalda a Dios y su provisión amorosa cuando desobedecieron sus instrucciones. Sin embargo, en lugar de alejarse de ellos enojado, Dios los buscó, preguntando: «¿Dónde estás tú?». No es que no supiera dónde estaban, sino que quería que ellos supieran cuánto le interesaban (v. 9).
Yo no pude ver a mi amiga escondida, pero Dios siempre nos ve y nos conoce; para Él, siempre estamos a la vista. Jesús nos buscó mientras éramos «aún pecadores», y murió en la cruz para mostrarnos su amor (Romanos 5:8). Ya no necesitamos escondernos. Kirsten Holmberg - Pan Diario

Dar en vida

Un exitoso empresario multimillonario pasó las últimas décadas de su vida haciendo todo lo posible para repartir su fortuna. Donó dinero a varias causas, como llevar paz a Irlanda del Norte y modernizar el sistema de salud en Vietnam. Y poco antes de su muerte, gastó 350.000.000 de dólares para convertir la isla Roosevelt, en la ciudad de Nueva York, en un polo tecnológico. Dijo: «Creo firmemente en dar en vida. Veo pocas razones para posponer dar […]. Además, es mucho más divertido dar mientras vives que hacerlo cuando estás muerto». Dar mientras vives… ¡qué actitud asombrosa!
En el relato de Juan del hombre que nació ciego, los discípulos de Jesús intentaban determinar quién había pecado (9:2). Jesús se refirió brevemente a su pregunta, diciendo: «No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. […] Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura» (vv. 3-4). Aunque nuestra obra difiere mucho de los milagros de Jesús, independientemente de cómo demos, debemos hacerlo con un espíritu dispuesto y con amor. Ya sea dando nuestro tiempo, recursos o acciones, la meta es que la obra de Dios sea manifestada.
Dios amó de tal manera al mundo que dio. En retribución a esto, demos mientras vivamos. James Banks - Pan Diario

Amar aprender

Cuando le preguntaron cómo se había vuelto periodista, un hombre contó sobre la dedicación de su madre para que él aprendiera. Cada día, cuando viajaba en el metro, recogía los periódicos que dejaban en los asientos y se los daba a él. Aunque lo que más le gustaba eran los deportes, también empezó a saber sobre el mundo, lo que finalmente aumentó su interés en muchos temas diversos.
Los niños son curiosos por naturaleza y les encanta aprender; por eso, presentarles las Escrituras a temprana edad es muy valioso. Les intrigan las promesas extraordinarias de Dios y las historias emocionantes de los héroes bíblicos. Cuando profundizan su conocimiento, empiezan a comprender las consecuencias del pecado, su necesidad de arrepentirse y el gozo de confiar en Dios. El primer capítulo de Proverbios, por ejemplo, es una gran introducción a los beneficios de la sabiduría (1:1-7) que arroja luz para entender las experiencias de la vida. Desarrollar el amor a aprender las verdades espirituales nos ayuda a fortalecernos en la fe. Y los que han caminado en la fe durante décadas pueden seguir procurando conocer más a Dios siempre. Proverbios 1:5 afirma: «Oirá el sabio, y aumentará el saber». Dios nunca dejará de enseñarnos si estamos dispuestos de corazón y mente a recibir su instrucción. Cindy Kasper - Pan Diario

¡No te duermas!

Un empleado de un banco alemán estaba transfiriendo 62.40 euros de una cuenta de un cliente, cuando accidentalmente se durmió sobre su escritorio. Mientras dormitaba, su dedo quedó presionando el número 2 del teclado, lo que resultó en un depósito de 222.000.000 de euros en la cuenta. Aunque el error se detectó y se corrigió, el lapsus del somnoliento empleado casi se convirtió en una pesadilla para el banco.
Jesús les advirtió a sus discípulos que si no permanecían alertas, también cometerían un error costoso. Los llevó a orar a un lugar llamado Getsemaní. Mientras oraba, Jesús experimentó un dolor y tristeza como nunca antes había sentido en su vida terrenal. Les pidió a Pedro, Jacobo y Juan que permanecieran despiertos para orar y velar con Él (Mateo 26:38), pero se durmieron (vv. 40-41). No velar ni orar los dejaría indefensos cuando se les presentara la tentación de negarlo. En la hora de mayor necesidad de Cristo, los discípulos no estuvieron espiritualmente alertas. Prestemos atención a las palabras de Jesús de mantenernos espiritualmente alertas, dedicando más tiempo a estar con Él en oración. Al hacerlo, Él nos fortalecerá para que resistamos toda clase de tentaciones y evitemos el costoso error de negar a Jesús. Marvin Williams - Pan Diario