Domicilio permanente

Hace poco, nos mudamos a una casa nueva no muy lejos de la anterior. A pesar de la cercanía, tuvimos que cargar todas nuestras pertenencias en un transporte para cumplir con las fechas de las transacciones financieras. Entre la venta y la compra, los muebles permanecieron en el camión y nosotros nos hospedamos en un hotel. Durante ese tiempo, me sorprendió descubrir cuánto me sentí «como en casa» a pesar de haber dejado nuestro hogar físico; simplemente, porque estaba con quienes más amo: mi familia.
Durante parte de su vida, David no tuvo un hogar físico. Vivía huyendo del rey Saúl. Al ser el sucesor designado por Dios al trono, Saúl lo consideraba una amenaza y procuraba matarlo. David huyó y dormía dondequiera que hallaba refugio. Aunque tenía muchos acompañantes, su deseo más profundo era «[morar] en la casa del Señor» (Salmo 27:4 RVA-2015); disfrutar de la comunión con Él.
Jesús es nuestro compañero constante, nuestra sensación de estar «como en casa», sin importar dónde estemos. Él está con nosotros en nuestros problemas actuales, e incluso nos prepara un lugar para vivir a su lado para siempre (Juan 14:3). A pesar de los cambios e incertidumbres como ciudadanos de esta tierra, podemos morar permanentemente en comunión con Él cada día y en todas partes. Kirsten Holmberg - Pan Diario

Verdadera hospitalidad

«¿Kumain ka na ba?» [¿Has comido?].
Esto es lo que siempre oyes cuando visitas muchos hogares en Filipinas, de donde soy. Es la manera de expresar interés y bondad a nuestros huéspedes. Y al margen de tu respuesta, tu anfitrión preparará siempre algo para que comas. Los filipinos creen que la bondad auténtica no es expresar el saludo estándar sino ir más allá de las palabras para mostrar verdadera hospitalidad.
Rebeca también sabía lo que era ser amable. Sus tareas diarias incluían sacar agua del pozo fuera de la ciudad y acarrear la pesada tinaja hasta la casa. Cuando el siervo de Abraham, que tenía mucha sed por el viaje, le pidió un poco de agua de su cántaro, ella no vaciló en darle de beber (Génesis 24:17-18).
Pero luego, hizo incluso algo más. Cuando vio que los camellos del visitante tenían sed, ofreció regresar de inmediato a sacar más agua para ellos (vv. 19-20). No vaciló en ayudar, aunque eso significara hacer un viaje adicional (o más) hasta el pozo y volver con un cántaro pesado.
La vida es dura para muchos, y a menudo, un pequeño gesto de bondad práctica puede alentarlos y levantarles el espíritu. Ser un canal del amor de Dios no siempre significa dar un sermón poderoso o fundar una iglesia. A veces, puede ser simplemente darle a alguien un vaso de agua. Karen Huang - Pan Diario

Pelea en el aparcamiento

La escena en el aparcamiento podría haber sido divertida si no hubiese sido tan trágica. Dos conductores estaban discutiendo a los gritos porque el auto de uno de ellos estaba bloqueándole el paso al otro, y se intercambiaban palabras duras.
Lo que lo hizo especialmente doloroso fue observar que esa pelea estaba ocurriendo en el aparcamiento de una iglesia. Es posible que los dos hombres acabaran de oír un sermón sobre el amor, la paciencia o el perdón, pero se habían olvidado de todo en el ardor del momento.
Mientras pasaba, sacudí la cabeza… y luego recordé que yo no era mejor en absoluto. ¿Cuántas veces había leído la Biblia, solo para caer en pecado poco después con un mal pensamiento? ¿En cuántas ocasiones me había comportado como la persona que «considera en un espejo su rostro natural […] y se va, y luego olvida cómo era» (Santiago 1:23-24)? Santiago invitaba a sus lectores no solo a leer y reflexionar en la instrucción de Dios, sino también a hacer lo que ella dice (v. 22). Señalaba que una fe plena significa conocer la Escritura así como ponerla en práctica.
Las circunstancias de la vida pueden dificultar aplicar lo que revela la Escritura, pero si le pedimos al Padre, seguramente nos ayudará a obedecer sus palabras y a agradarle con nuestras acciones. Leslie Koh - Pan Diario

Una buena obra

De joven, Charles Spurgeon luchaba con Dios. Había crecido yendo a la iglesia, pero lo que predicaban le parecía sin sentido. Le costaba creer en Dios, y dijo: «me disgustaba y me sublevaba». Una noche, una tormenta feroz obligo al Spurgeon de 16 años a refugiarse en una pequeña iglesia metodista, donde el sermón del pastor parecía dirigirse personalmente a él. En ese momento, Dios triunfó en la lucha, y Charles aceptó a Jesús como Salvador.
Más tarde, escribió: «Mucho antes de que yo comenzara con Cristo, Él había comenzado conmigo». En realidad, nuestra vida con Dios no empieza en el momento de la salvación. El salmista señala que Dios formó nuestras entrañas en el vientre de nuestras madres (Salmo 139:13). Pablo escribe: «Dios […] me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia» (Gálatas 1:15). Y Él no deja de obrar en nosotros cuando somos salvos: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará» (Filipenses 1:6). Todos somos obras en proceso en las manos de un Dios amoroso. Él nos guía a través de nuestras rebeliones hasta abrazarnos con calidez. Pero su propósito entonces es solo el comienzo, «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13). No importa la edad ni las circunstancias. Kenneth Petersen - Pan Diario

Consejo sabio

Mientras asistía al seminario, trabajaba a tiempo completo, hacía un turno de capellanía y una pasantía en una iglesia. Mi padre me dijo: «Vas a sufrir un colapso». No le hice caso, pensando que él era de otra generación y no entendía sobre establecer metas.
No tuve un colapso, pero caí en una depresión. Desde entonces, aprendí a prestar atención a las advertencias; en especial, de los seres queridos.
Esto me recuerda la historia de Moisés, quien también trabajaba diligentemente como juez de Israel (Éxodo 18:13). Sin embargo, decidió escuchar la advertencia de su suegro (vv. 17-18). Jetro no participaba mucho, pero amaba a su familia, y podía prever el peligro. Quizá por eso Moisés escuchó su consejo, y creó un sistema con «varones de virtud» para que se ocuparan de las disputas menores, y él atendía las más difíciles (vv. 21-22). Al haber escuchado a Jetro, reorganizó su trabajo y encomendó a otros para que compartieran la carga, y así pudo evitar el agotamiento durante esa etapa de su vida.
Muchos tomamos seriamente nuestro trabajo para Dios, nuestras familias y otras personas; incluso apasionadamente. Pero seguimos necesitando prestar atención al consejo de seres amados confiables, y descansar en la sabiduría y el poder de Dios en todos lo que hacemos. Katara Patton - Pan Diario