Testigos donde trabajamos

«¿Todavía estás molesta porque quiero reducir el tamaño de tu departamento favorito?», preguntó el gerente de Evelina. «No», dijo ella apretando los dientes. Se esforzó por contener las lágrimas, y decidió hacer lo que su gerente le pidiera. Quizá no podría llevar a cabo los cambios que esperaba, pero haría su trabajo lo mejor posible.
En su primera carta, Pedro instó a los cristianos del primer siglo a someterse «a toda autoridad humana» (1 Pedro 2:13 NVI). No es fácil mantenerse íntegro en una situación laboral difícil. Pero Pedro da una razón para seguir actuando bien: «[mantengan] buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios […], al considerar vuestras buenas obras» (v. 12). Además, esto nos ayuda a dar un buen ejemplo para los otros creyentes que están observando.
Si estamos en una situación de trabajo realmente abusiva, dentro de lo posible sería mejor que nos fuéramos (1 Corintios 7:21). Pero en un entorno seguro, con la ayuda del Espíritu, podemos seguir haciendo el bien en nuestro trabajo, recordando que «esto ciertamente es aprobado delante de Dios» (1 Pedro 2:20). Cuando nos sometemos a la autoridad, tenemos oportunidad de dar razones a otros para seguir a Dios. Julie Schwab - Pan Diario

Esto cambia todo


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Jeroslav Pelikan, una de las «autoridades destacadas sobre la historia del cristianismo», publicó más de 30 libros y ganó el valorado Premio Kluge por sus numerosas obras. Sin embargo, uno de sus alumnos comentó lo que consideraba las palabras más importantes de su profesor, dichas antes de morir: «Si Cristo resucitó, nada más importa. Y si Cristo no resucitó… nada más importa».
Pelikan hizo eco de la convicción de Pablo: «si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe» (1 Corintios 15:14). El apóstol hizo semejante declaración porque sabía que la resurrección no era un simple milagro aislado sino el pináculo de la obra redentora de Dios en la historia humana. La promesa de la resurrección no solo afirmaba que Jesús resucitaría sino que otras cosas muertas y arruinadas (vidas, vecindarios, relaciones) serían también un día revividas por medio de Cristo. Sin embargo, si no hay resurrección, la muerte y la destrucción triunfan.
No obstante, por supuesto, «Cristo ha resucitado de los muertos» (v. 20). Destruida por el Vencedor, la muerte pierde. Y Jesús es las «primicias» de toda la vida que seguirá. Él venció el mal y la muerte para que pudiéramos vivir en libertad. Esto cambia todo. Winn Collier - Pan Diario

Que no fuera

«Esperaba que no fuera así», se lamentaba el hombre por un amigo que había muerto joven. Sus palabras enfatizaban el inmemorial clamor del corazón humano. La muerte nos golpea y marca a todos. Ansiamos deshacer lo que no puede ser deshecho.
El anhelo de que «no fuera» podría describir adecuadamente cómo se sintieron los seguidores de Jesús después de su muerte. Los Evangelios dicen poco sobre esas horas terribles, pero sí registran cómo actuaron algunos amigos fieles.
José, un líder religioso que creía secretamente en Jesús (Juan 19:38), halló de repente valor para pedirle a Pilato el cuerpo del Señor (Lucas 23:52). Reflexiona un momento en lo que requeriría sacar el cuerpo de una horrible crucifixión y prepararlo delicadamente para la sepultura (v. 53). Considera también la devoción y valentía de las mujeres que estuvieron con Jesús cada paso del camino, aun hasta la tumba (v. 55).
El capítulo termina sin esperanza: «Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento» (v. 56).
Ni siquiera imaginaban que el interludio del día de reposo preparaba el escenario para el evento más trascendental de la historia. Jesús estaba por hacer lo inimaginable: haría que la muerte «no fuera». Tim Gustafson - Pan Diario

Su cruz de paz

Ojos sombríos se destacan en la pintura Simón de Cirene, del artista holandés Egbert Modderman. Los ojos de Simón revelan la inmensa carga física y emocional de su responsabilidad. Marcos 15 revela que a Simón lo tomaron de entre la multitud que observaba y lo obligaron a acarrear la cruz de Jesús.
Se nos dice que era de Cirene, una ciudad en el norte de África, con una gran población de judíos en la época de Jesús. Lo más probable es que Simón haya viajado a Jerusalén para celebrar la Pascua. Allí se encontró en medio de esta ejecución injusta, pero pudo ayudar a Jesús en un acto pequeño pero significativo (Marcos 15:21).
Anteriormente, en Marcos, Jesús les dice a sus seguidores: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (8:34). Camino al Gólgota, Simón hizo literalmente lo que Jesús pidió de manera figurada: tomó la cruz que le dieron y la llevó por el Señor. Nosotros también tenemos «cruces» que llevar; alguna enfermedad, una tarea desafiante en el servicio, la pérdida de un ser querido o la persecución por nuestra fe. Al llevar estos sufrimientos con fe, les señalamos a los demás los sufrimientos de Jesús y su sacrificio en la cruz. Fue su cruz la que nos dio paz con Dios y fortaleza para nuestro propio camino. Lisa Samra - Pan Diario

«Y era ya de noche»

La noche, la novela de Eli Wiesel, nos confronta con los horrores del Holocausto. Basada en su experiencia en los campos de exterminio, invierte la historia bíblica del éxodo. Mientras Moisés y los israelitas escaparon de la esclavitud en la primera Pascua (Éxodo 12), Wiesel cuenta del arresto de líderes judíos por los nazis después de la Pascua.
Para que no critiquemos a Wiesel y su oscura ironía, consideremos que la Biblia contiene un cambio de plan similar. La noche de la Pascua, Jesús, de quien se esperaba que liberara al pueblo de Dios, permitió que lo arrestaran los que lo matarían.
Juan presenta la escena antes del arresto. Conmovido en espíritu por lo que le sobrevendría, Jesús predijo en la última cena la traición (Juan 13:21); y en un acto casi incomprensible, le sirvió pan al que lo traicionaría. El relato dice: «Cuando [Judas…] hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche» (v. 30). La mayor injusticia de la historia estaba ocurriendo; sin embargo, Jesús declaró: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él» (v. 31). El plan de Dios se estaba cumpliendo como debía.
Cuando parece que la oscuridad está triunfando, recordemos que el Señor enfrentó la noche oscura y la derrotó. Él camina con nosotros… no será de noche siempre. Tim Gustafson - Pan Diario