Lo que cuenta

Mi amiga contó que un creyente y colega le había preguntado a qué partido político pertenecía. Al parecer, su objetivo era ver si coincidía con ella en una serie de asuntos que dividían a la comunidad. En un esfuerzo por encontrar un denominador común, ella simplemente respondió: «Como somos hermanos en la fe, prefiero concentrarme en nuestra unidad en Cristo».
En la época de Pablo, la gente también estaba dividida, pero sobre temas diferentes. Asunto tales como qué estaba permitido comer y qué días se consideraban sagrados generaron conflicto entre los cristianos en Roma. A pesar de estar cada uno «plenamente convencido en su propia mente» sobre su posición, Pablo les recordó cuál era su denominador común: vivir para Cristo (Romanos 14:5-9). En lugar de juzgarse entre sí, los alentó a seguir «lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (v. 19).
En una época en la que muchos países, iglesias y comunidades están divididas sobre temas importantes e insignificantes, podemos señalarnos unos a otros la verdad unificadora de la obra de Cristo en la cruz, para «no [destruir] la obra de Dios» (v. 20) con nuestras posturas personales. En lugar de juzgar a los demás, actuemos con amor y vivamos de una manera que honre a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Kirsten Holmberg - Pan Diario

Gratitud en el Día de la Tierra

El Día de la Tierra es un evento que se celebra el 22 de abril. En los últimos años, más de mil millones de personas en todo el mundo han participado en actividades educacionales y de servicio. Este día es un recordatorio de la importancia de cuidar nuestro asombroso planeta. Pero el mandato de cuidar el medio ambiente es mucho más antiguo… se remonta hasta la creación del mundo.
Génesis nos enseña que Dios creó el universo entero e hizo que la tierra fuera el lugar de morada de los humanos. Además de las montañas altas y las planicies exuberantes, también creó el huerto de Edén, un lugar hermoso que brindaba alimento, protección y belleza a sus moradores (Génesis 2:8-9).
Luego de soplar vida en su creación más importante, el hombre, lo colocó en el huerto (vv. 8, 22) y le encomendó «que lo labrara y lo guardase» (v. 15). Cuando Adán y Eva fueron echados de allí, cuidar la creación de Dios se volvió más difícil (3:17-19); pero hasta hoy, Dios mismo cuida nuestro planeta y sus criaturas (Salmo 65:9-13), y nos pide que hagamos lo mismo (Proverbios 12:10).
Ya sea que vivamos en ciudades abarrotadas o en zonas rurales, todos podemos cuidar las áreas que Dios nos ha encomendado. Cuidemos este hermoso planeta como un acto de gratitud a Él. Lisa Samra - Pan Diario

Realmente vivo

Como era la semana después de la Pascua, nuestro hijo de cinco años, Wyatt, había oído mucho sobre la resurrección. Siempre tenía preguntas, que generalmente nos dejaban sin respuesta. Yo estaba conduciendo y él iba en su silla detrás de mí. Miraba por la ventanilla, sumido en pensamientos. «Papi —dijo, haciendo una pausa y preparándose para una pregunta difícil—. Cuando Jesús nos haga vivir de nuevo, ¿vamos a estar realmente vivos o solo vivos en nuestra cabeza?».
Esta es la pregunta que muchos nos hacemos, ya sea que nos animemos a decirla en voz alta o no. ¿Dios realmente nos va a sanar? ¿Nos resucitará en verdad de los muertos? ¿Cumplirá con seguridad todas sus promesas?
El apóstol Juan describe nuestro futuro cierto como «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Apocalipsis 21:1). En esa ciudad santa, «Dios mismo estará con [nosotros] como [nuestro] Dios» (v. 3). Gracias a la victoria de Cristo, se nos promete un futuro donde no habrá más lágrimas ni maldad contra Dios y su pueblo. En ese futuro maravilloso, «no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron» (v. 4).
En otras palabras, en el futuro que Dios promete, estaremos realmente vivos. Tan vivos que nuestra vida actual parecerá una mera sombra. Winn Collier - Pan Diario

Vale la pena

Después de que una amiga cortó sin explicación nuestra amistad, volví a mi antiguo hábito de mantener a distancia a la gente. Mientras procesaba mi dolor, tomé un ejemplar de Los cuatro amores, de C. S. Lewis, donde hace una poderosa observación de que el amor implica vulnerabilidad. Afirma que «no hay inversión segura» cuando alguien se arriesga a amar. Sugiere que amar «algo [llevará a que] tu corazón se retuerza y posiblemente se rompa». Leer esas palabras cambiaron mi manera de leer el relato de la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de su resurrección (Juan 21:1-14), y tras la negación de Pedro, no solo una sino tres veces (18:15-27).
Jesús dijo: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?» (21:15).
Después de ser traicionado y rechazado, Jesús le habló a Pedro con valor, no con temor; con fuerza, no en debilidad; con generosidad, no con desesperación. Mostró misericordia en lugar de ira, confirmando su disposición a amar.
La Escritura revela que Pedro «se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas?» (v. 17). Pero al pedirle Jesús que demostrara su amor amando a otros (vv. 15-17), invitó también a sus discípulos a arriesgarse a amar incondicionalmente. Nuestro amor a Jesús determinará cómo amamos a los demás. Xochitl Dixon - Pan Diario

Vengan y adoren

Al alabar juntos en una reunión multigeneracional, muchos sentían gozo y paz. Excepto una madre que tranquilizaba a su bebé que estaba por llorar, sostenía el himnario para su hijo de cinco años e intentaba impedir que el otro más pequeño se escapara. Entonces, un caballero que estaba sentado atrás ofreció llevar al niño a caminar por la iglesia y una mujer joven sostuvo el himnario para el mayor. En dos minutos, esa madre pudo respirar aliviada, cerrar los ojos y adorar a Dios.
Dios siempre ha querido que su pueblo lo adore: hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, creyentes de hace tiempo y nuevos. Cuando Moisés bendijo a las tribus de Israel antes de entrar en la tierra prometida, las instó a reunirse: «varones y mujeres y niños, y [los] extranjeros que estuvieren en [sus] ciudades», para que «oigan y aprendan, y teman al Señor [su] Dios» y obedezcan sus mandamientos (Deuteronomio 31:12). Dios es honrado cuando hacemos posible que sus hijos lo adoren juntos, sin importar en qué etapa de la vida estemos. Esa mañana en la iglesia, la madre, el hombre mayor y la joven experimentaron personalmente el amor de Dios, al dar y recibir. Quizá la próxima vez que estés en la iglesia puedas también ofrecer ayuda o aceptar una acción de gracia. Amy Pye - Pan Diario