Terminar con fuerza

Cuando estoy por completar los 40 minutos de ejercicios, casi puedo garantizar que mi instructor gritará: «¡Terminen con fuerza!». Todos los entrenadores personales o grupales que he conocido usan esta frase poco antes de finalizar. Saben que el final del ejercicio es tan importante como el principio, y que el cuerpo humano tiende a bajar el ritmo o aflojar cuando ha estado en movimiento por un tiempo.
Lo mismo sucede con nuestro andar con Jesús. Pablo les dijo a los ancianos de la iglesia de Éfeso que necesitaba terminar con fuerza camino a Jerusalén, donde enfrentaría persecución por ser apóstol de Cristo (Hechos 20:17-24). Sin embargo, no se desanimó. Su misión era terminar el viaje que había iniciado y cumplir con el llamado de Dios. Su tarea era «dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (v. 24), y quería terminar fuerte. Aunque le aguardaban dificultades (v. 23), siguió corriendo hacia la meta; enfocado y decidido a permanecer firme en su viaje.
Ya sea que ejercitemos nuestra musculatura física o desarrollemos las habilidades que Dios nos ha dado, mediante palabras o acciones, el recordatorio de terminar fuertes puede incentivarnos. No nos cansemos (Gálatas 6:9). No abandonemos. Dios proveerá lo necesario para terminar con fuerza. Katara Patton - Pan Diario

Caminar junto a una bendición

En 1799, Conrad Reed, de doce años de edad, encontró una piedra grande y brillante en un arroyo que atravesaba la pequeña granja de su familia. La llevó para mostrársela a su padre, un inmigrante pobre, quien no entendió el potencial valor de la piedra y la usó para sostener la puerta. Durante años, la familia pasó caminando junto a ella.
Finalmente, la piedra de Conrad —en realidad una masa de oro de casi 8 kilos— captó la atención de un joyero local. Poco después, la familia Reed se volvió rica, y su propiedad se convirtió en el primer descubrimiento de oro más importante de los Estados Unidos.
A veces, pasamos caminando al lado de una bendición, enfocados en nuestros propios planes y caminos. Después del exilio de Israel a Babilonia, por desobedecer a Dios, Él volvió a proclamarles la libertad. Pero también les recordó lo que se habían perdido: «Yo soy el Señor Dios tuyo, […] que te encamina por el camino que debes seguir. ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos!». Luego, los alentó a seguirlo, dejando los caminos antiguos, para andar en vida nueva: «Salid de Babilonia […]; dad nuevas de esto con voz de alegría» (Isaías 48:17-18, 20). Dejar Babilonia significa abandonar los caminos pecaminosos y «regresar a casa», a un Dios que anhela bendecirnos. James Banks - Pan Diario

Siempre digno de compartir

Después de aceptar a Cristo, le compartí el evangelio a mi madre. En lugar de tomar una decisión por Él, como yo esperaba, dejó de hablarme por un año. Oraba por ella y la llamaba todas las semanas. El Espíritu Santo me consoló y siguió obrando en mi corazón mientras ella me trataba así. Cuando por fin respondió mi llamada, me comprometí a amarla y compartir la verdad de Dios siempre que tuviera la oportunidad. Meses después, dijo que yo había cambiado. Casi un año después, recibió a Jesús como su Salvador, y nuestra relación se profundizó.
Los creyentes en Jesús tienen el mayor regalo dado a la humanidad: Cristo. El apóstol Pablo dice que tenemos que «[manifestar] en todo lugar el olor de su conocimiento» (2 Corintios 2:14). Se refiere a los que testifican del evangelio como «grato olor de Cristo» para los que creen, pero reconoce que apestamos a muerte para los que rechazan a Jesús (vv. 15-16). Después de recibir a Cristo como Salvador, tenemos el privilegio de usar nuestro limitado tiempo en la tierra para difundir su verdad transformadora, mientras amamos a los demás. Aun en los momentos difíciles o de soledad, podemos confiar en su ayuda. Sin importar el costo personal, siempre vale la pena compartir la buena noticia de Dios. Xochitl Dixon - Pan Diario

Tristeza esculpida

Después de recibir el devastador diagnóstico de un raro e incurable cáncer de cerebro, Carolina recuperó esperanza y perspectiva con una actividad singular: servicios de fotografía para niños enfermos críticos y sus familias. De ese modo, podían capturar momentos preciosos compartidos con sus hijos, tanto dolorosos como de gracia y belleza que supuestamente no existen en esos lugares. Señaló: «En los momentos más difíciles imaginables, esas familias […] escogieron el amor, a pesar y a causa de todo aquello».
Hay algo indeciblemente poderoso en capturar la verdad del dolor; tanto en su devastadora realidad como en la forma en que experimentamos belleza y esperanza en él.
Gran parte del libro de Job es como una fotografía del dolor; una captura sincera del recorrido de Job a través de una pérdida devastadora (1:18-19). Después de sentarse con él varios días, sus amigos se cansaron de su angustia, minimizándola o atribuyéndola al juicio de Dios. Pero Job insistió en que lo que atravesaba era importante y en su deseo de que el testimonio de su experiencia quedara esculpido en piedra para siempre (19:24).
Las palabras «esculpidas» en el libro de Job nos invitan a llevar nuestro dolor al Dios vivo (vv. 26-27), quien nos consuela y nos lleva a una vida resucitada. Monica La Rose - Pan Diario

La batalla del girasol

Los ciervos de nuestro vecindario y yo diferimos en cuanto a los girasoles. Cuando los planto cada primavera, aguardo con ansias la belleza de sus brotes. Sin embargo, lo único que quieren mis amigos ciervos es masticar las ramas y las hojas, hasta no dejar nada. Cada año, es una batalla mientras yo trato de que los girasoles crezcan antes de que mis vecinos de cuatro patas los devoren. A veces, gano yo; otras, ellos.
Cuando pensamos en nuestra vida cristiana, es fácil observar una batalla similar entre nosotros y nuestro enemigo, el diablo. Nuestra meta es crecer constantemente hacia la madurez espiritual que nos ayuda a vivir para honra de Dios. El diablo quiere devorar nuestra fe e impedir que crezcamos. Pero Jesús tiene dominio sobre «todo principado y potestad», y puede hacernos «completos» (Colosenses 2:10). La victoria de Cristo en la cruz nos permite sobresalir en el mundo como esos hermosos girasoles.
Cuando Jesús clavó en la cruz «el acta de los decretos que había contra nosotros» (la condena por nuestros pecados) (v. 14), destruyó los poderes que nos controlaban. Fuimos «arraigados y sobreedificados» (v. 7), y «[se nos] dio vida juntamente con él» (v. 13). En Cristo, tenemos poder (v. 10) para resistir los ataques espirituales del enemigo y florecer en Él. Dave Branon - Pan Diario