Apropiarse de la fe


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En junio de 2002, debutó la competición de canto American Idol. Cada semana, los aspirantes cantaban sus propias versiones de canciones, y la audiencia votaba para ver quién avanzaba a la próxima ronda.
Uno de los jueces del panel, Randy Jackson, tenía una frase característica: «¡Amigo, te apropiaste de esa canción!». Elogiaba así al cantante cuando este tomaba una melodía conocida y la interpretaba con un giro particular. «Apropiarse» de la canción era hacerla propia de forma creativa y, luego, ofrecerla al mundo en el escenario.
Pablo nos invita a hacer algo similar para poseer nuestra fe y expresarla. En Filipenses 3, rechaza cualquier intento de ganar la posición correcta ante Dios (vv. 7-8), y nos enseña a abrazar «la justicia que es de Dios por la fe» (v. 9). El regalo del perdón y la redención transforma nuestra motivación y metas: «prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús» (v. 12).
Jesús garantizó nuestra victoria. ¿Nuestra tarea? Aferrarnos a esta verdad, internalizar el regalo del evangelio y ponerlo en práctica en medio de nuestro mundo roto. En otras palabras, tenemos que apropiarnos de nuestra fe y, al hacerlo, vivir «de acuerdo con lo que ya hemos alcanzado» (v. 16 NVI). Adam Holz - Pan Diario

Charcos de sol

Era un día cálido de verano, y mi nieta de cuatro años, Mollie, y yo tomábamos un descanso después de jugar a la pelota. Mientras estábamos sentados en el porche, Mollie miró al jardín y dijo: «Mira esos charcos de sol». La luz del sol se filtraba entre el denso follaje y creaba un patrón de luz en medio de las sombras.
Charcos de sol. ¿No es acaso una imagen hermosa para encontrar esperanza en días oscuros? En medio de lo que pueden parecer épocas difíciles —cuando no parece haber buenas noticias—, en vez de concentrarnos en las sombras, podemos concentrarnos en la luz.
La Luz tiene un nombre: Jesús. Mateo citó a Isaías para describir la luminosidad que llegó al mundo con Jesús: «El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció» (Mateo 4:16; ver también Isaías 9:2). Los efectos del pecado están por todas partes mientras vivimos en la «región de sombra de muerte». Pero a través de esa sombra, brilla Jesús, la espléndida y gloriosa luz del mundo (Juan 1:4-5).
La luz del amor y la compasión de Jesús atraviesa las sombras, dándonos «charcos de sol» para iluminar nuestro día y llenar nuestro corazón de esperanza. Dave Branon - Pan Diario

Seguido por la bondad de Dios

Durante la escuela secundaria, trabajé en una tienda de ropa para mujeres, donde una guardia de seguridad se vestía de compradora y seguía a mujeres que creía que podrían robar algo. A las que no se las consideraba una amenaza, nadie las seguía. A mí misma me han registrado y seguido en algunas tiendas; una experiencia interesante porque reconozco la táctica.
En un marcado contraste, David declaró que le seguía una bendición divina: el bien y la misericordia de Dios. Siempre estaban cerca, y le seguían no con sospecha sino con verdadero amor. Los «ángeles guardianes mellizos», como los describió Charles Spurgeon, siguen de cerca a los creyentes, tanto en días sombríos como luminosos. «Los días lúgubres de invierno, así como los días brillantes de verano. El bien suple nuestras necesidades, y la misericordia borra nuestros pecados».
Como había sido pastor de ovejas, David entendía esta combinación intencional de bien y misericordia provista por Dios. Otras cosas también pueden seguir a los creyentes: temores, preocupación, tentaciones, dudas. Pero David declara que el bien y la misericordia de Dios nos seguirán siempre. David se regocijó: «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida» (Salmo 23:6). ¡Qué regalo tan maravilloso! Patricia Raybon - Pan Diario

Cuando todo el mundo canta

Una canción publicitaria de la década de 1970 inspiró a toda una generación. Creada como parte de una campaña de Coca Cola, un grupo británico llamado The New Seekers terminó cantando la canción completa que tuvo mucho éxito. Pero muchos no olvidarán jamás la versión original de televisión cantada por jóvenes en la cima de una colina en las afueras de Roma. Por más inocente que fuera, con imágenes de abejas y árboles frutales, nos identificábamos con el deseo del compositor de enseñarle al mundo a cantar con el corazón y la armonía del amor.
El apóstol Juan describe algo como aquel sueño idealizado, solo que mucho más grande. Contempló una canción entonada por «todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y […] todas las cosas que en ellos hay» (Apocalipsis 5:13). Esto no tiene nada de fantástico. Nada podría ser más realista que el precio que pagó Aquel a quien se le está cantando. Tampoco podría haber nada más nefasto que las visiones de guerra, muerte y consecuencia que su sacrificio de amor tendría que superar.
Sin embargo, eso fue lo que el Cordero de Dios hizo para cargar con nuestro pecado, vencer la muerte, y enseñarle a todo el cielo y la tierra a cantar en perfecta armonía. Mart DeHaan - Pan Diario

La llave

En su libro La condición humana, Thomas Keating cuenta la historia de un maestro que, después de perder la llave de su casa, está de rodillas buscándola en el césped. Cuando sus discípulos lo ven, lo ayudan, pero sin éxito. Por fin, uno pregunta: «Maestro, ¿tiene alguna idea de dónde perdió la llave?». El maestro responde: «Por supuesto. La perdí en la casa». Cuando ellos exclaman: «Entonces ¿por qué estamos buscando aquí?», él responde: «¿No es acaso evidente? Aquí hay más luz».
Hemos perdido la llave «a la intimidad con Dios, la experiencia de la presencia amorosa de Dios», concluye Keating. «Sin esa experiencia, nada funciona realmente; con ella, casi todo funciona».
Qué fácil es olvidar que, incluso en los altibajos de la vida, Dios sigue siendo la llave a nuestros anhelos más profundos. Cuando dejamos de buscar en los lugares equivocados, Dios está allí, dispuesto a mostrarnos el verdadero descanso. En Mateo 11, Jesús alaba al Padre por no revelar sus caminos a «los sabios y […] los entendidos», sino «a los niños» (v. 25). Después, invita a «todos los que [están] trabajados y cargados» (v. 28) a acudir a Él en busca de descanso.
Podemos encontrar descanso al aprender de nuestro Maestro, el cual es «manso y humilde de corazón» (v. 29). Monica La Rose - Pan Diario