Cuando tengas miedo

Tenía programado un examen médico, y aunque no había tenido problemas de salud recientes, le temía a la 
consulta. Me atormentaba el recuerdo de un diagnóstico inesperado de hacía años. Aunque sabía que Dios estaba conmigo y que debía confiar en Él, igualmente tenía miedo.
Me decepcionó mi temor y mi falta de fe. Si Dios siempre está conmigo, ¿por qué estaba tan ansiosa? Entonces, una mañana, creo que Él me guio a la historia de Gedeón.
Llamado «esforzado y valiente» (Jueces 6:12), le temía a su tarea de atacar a los madianitas. Aunque Dios le había prometido estar con él y triunfar, Gedeón siguió buscando varias confirmaciones (vv. 16-23, 36-40). No obstante, Dios no lo condenó por su temor sino que lo entendió. La noche del ataque, le volvió a asegurar que triunfaría; incluso de una manera que calmara sus miedos (7:10-11).
Dios también entendió mi temor y me dio la valentía de confiar en Él. Experimenté su paz, sabiendo que estaba conmigo sin importar el resultado. Al final, mi examen salió bien.
Tenemos un Dios que entiende nuestros miedos, y nos tranquiliza con las Escrituras y el Espíritu Santo (Salmo 23:4; Juan 14:16-17). Adorémoslo con gratitud, como lo hizo Gedeón (Jueces 7:15). Karen Huang - Pan Diario

Oración atesorada

El cascanueces de Clark es un ave asombrosa. Cada año, antes del invierno, esconde provisiones de cuatro o cinco semillas de pino, llegando a reunir hasta 500 por hora. Meses más tarde, vuelve para desenterrar las semillas, aun de debajo de la nieve espesa. Puede recordar hasta 10.000 lugares donde las ha escondido; una hazaña asombrosa (sobre todo, pensando que a los humanos nos resulta difícil recordar dónde pusimos las llaves del auto o las gafas).
Pero incluso este increíble acto de memoria palidece frente a la capacidad de Dios de recordar nuestras plegarias. Él puede guardar un registro de cada oración sincera, y recordarlas y responderlas aun años después. En el libro de Apocalipsis, Juan describe a «cuatro seres vivientes» y «veinticuatro ancianos» que adoran al Señor en el cielo. Cada uno tenía «copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos» (5:8).
Tal como el incienso era precioso en el mundo antiguo, nuestras oraciones son preciosas para Dios, quien las mantiene delante de Él constantemente, ¡atesoradas como copas de oro! Nuestras oraciones le importan por le importamos nosotros; y en Jesús, nos ofrece un acceso ilimitado (Hebreos 4:14-16). Por eso, ¡ora con determinación! Gracias al amor sublime de Dios, ni una palabra será olvidada. James Banks - Pan Diario

No ser descortés

No todos somos capaces de captar e interpretar correctamente el valor de los instrumentos lingüísticos de la «descortesía implícita», como la ironía, el sarcasmo, las alusiones culturales, los juegos de palabras, y más. Por ejemplo: Una vez, Bernard Shaw le envió dos invitaciones a Winston Churchill para que asistiera al estreno de Pigmalión, diciendo: «Para que venga con un amigo (si es que lo tiene)». A lo que Churchill respondió: «Me es imposible asistir a la noche de apertura, pero iré a la segunda función (si es que la hay)».
Aunque esto suena divertido, una vez, un antiguo rey de Moab trató de pagarle a un misterioso profeta llamado Balaam, no solo para que fuera descortés con los israelitas sino para que los maldijera (Números 22:6). En cambio, Balaam los bendijo varias veces, haciendo que el rey se enfureciera (24:10). Una de sus bendiciones incluyó esta profecía: «Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca» (24:17). ¿A quién se refería Balaam? El versículo continúa: «Saldrá ESTRELLA de Jacob, y se levantará cetro de Israel». Un día, esa «ESTRELLA» atraería a los magos hacia Belén (Mateo 2:1-2).
Un antiguo profeta mesopotámico, que no sabía nada del Mesías, predijo su futura llegada. De una fuente extraña, no brotó una descortesía sino una bendición. Tim Gustafson - Pan Diario

Tan hermoso


Dona un euro, haz clic en el botón amarillo. Dios te bendiga

Era muy pequeña la primera vez que me asomé por una ventana de un pabellón de recién nacidos y vi a un bebé. En mi ignorancia, me consternó ver a un niño pequeñito, arrugado y con la cabeza con forma de cono y sin cabello. Sin embargo, la madre del bebé, que estaba cerca de nosotros, no podía dejar de preguntarles a todos: «¿No es hermoso?». Recordé aquel momento cuando vi un video de un joven papá cantándole con ternura la canción «You Are So Beautiful» [Eres tan hermosa] a su beba. Para su padre embelesado, la pequeña era lo más bello jamás creado.
¿Será así como nos mira Dios? Efesios 2:10 dice que somos «hechura suya», su obra maestra. Al ser conscientes de nuestros fracasos, tal vez nos cueste aceptar cuánto nos ama o creer que podemos ser de valor para Él. Pero Dios no nos ama porque lo merezcamos (vv. 3-4); nos ama porque Él es amor (1 Juan 4:8). Su amor está lleno de gracia, y nos mostró la profundidad de este amor cuando, a través del sacrificio de Jesús, nos dio vida cuando estábamos muertos en nuestros pecados (Efesios 2:5, 8). El amor de Dios no es voluble… es constante. Él ama a los imperfectos, a los quebrantados, a los débiles y a los que se equivocan. Cuando fracasamos, Él está ahí para levantarnos. Somos su tesoro, y somos hermosos para Él. Cindy Kasper - Pan Diario

Esperanza perdurable

Al pequeño Solomon, de cuatro años, le diagnosticaron distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad degenerativa. Un año más tarde, los médicos nos recomendaron una silla de ruedas. Pero Solomon protestó porque no quería usarla. Los familiares y amigos oraron por él y juntaron dinero para un perro de servicio entrenado especialmente para ayudarlo y evitar la silla de ruedas mientras sea posible.
Aunque Solomon acepta su tratamiento, y a menudo alaba cantando a Dios, hay días más difíciles. En uno de esos días difíciles, abrazó a su mamá y dijo: «Me alegra que en el cielo no exista esta enfermedad».
Los efectos degenerativos de la enfermedad afectan a todos de este lado de la eternidad. Sin embargo, al igual que Solomon, tenemos una esperanza duradera que puede fortalecer nuestra determinación en esos inevitables días duros. Dios nos da la promesa de «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Apocalipsis 21:1). Nuestro Creador y Sustentador «morará» entre nosotros (v. 3). Enjugará todas las lágrimas de nuestros ojos. «Ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (v. 4). Cuando la espera parece «demasiado difícil» o «demasiado larga», podemos experimentar paz, porque la promesa de Dios se cumplirá. Xochitl Dixon - Pan Diario