Caminar con los zapatos de Jesús

¿Cómo sería caminar con los zapatos de la realeza? Angela Kelly, hija de un estibador y una enfermera, lo sabe. Fue la encargada de vestir a la reina Isabel II durante las últimas dos décadas de su vida. Una de sus responsabilidades era caminar con los zapatos nuevos de la reina, para ablandarlos. Había una razón para hacerlo: la compasión por una anciana que, a veces, debía estar parada durante mucho tiempo en las ceremonias. Como tenían la misma talla de zapatos, Kelly podía ahorrarle algunas molestias.
El toque personal de Kelly al cuidar a la reina me recuerda el cálido aliento de Pablo a la iglesia en Colosas: «Vestíos […] de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (Colosenses 3:12). Cuando nuestra vida está sobreedificada en Jesús (2:7), nos volvemos «escogidos de Dios, santos y amados» (3:12). Él nos ayuda a despojarnos del «viejo hombre» y revestirnos «del nuevo» (vv. 9-10), con la identidad de aquellos que aman y perdonan a los demás porque Dios nos ha amado y perdonado a nosotros (vv. 13-14). Estamos rodeados de personas que necesitan que «caminemos con sus zapatos» y nos apiademos de ellas en los desafíos de la vida. Es como caminar con «las sandalias» de la misericordia de Jesús. James Banks - Pan Diario

Las puertas abiertas de Dios

En mi nueva escuela, cerca de una ciudad grande, la consejera me miró y me ubicó en la clase de composición de menor nivel. Yo venía de una escuela de un barrio pobre, pero con calificaciones excelentes e incluso un premio del director por mis escritos. Sin embargo, la puerta a la «mejor» clase de redacción se me cerró cuando la consejera decidió que yo no era apta.
La pequeña y humilde iglesia en la antigua Filadelfia habría entendido semejante arbitrariedad. Además de los daños producidos por un terremoto, enfrentaba oposición satánica (Apocalipsis 3:9). Una iglesia tan despreciada tenía «poca fuerza», pero Jesús dijo de ella: «has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre»; y por eso, Dios puso ante ella una «puerta abierta, la cual nadie puede cerrar» (v. 8). Sin duda, Él es «el que abre y nadie puede cerrar, y cierra y nadie puede abrir» (v. 7 RVC). Esto también es cierto para nuestros esfuerzos en el ministerio. Algunas puertas no se abren. Sin embargo, al escribir para Dios, Él me ha abierto puertas que me permiten llegar a una audiencia global, a pesar de aquella consejera discriminadora. Las puertas cerradas no serán un obstáculo. Jesús dijo: «Yo soy la puerta» (Juan 10:9). Entremos y sigámoslo. Patricia Raybon - Pan Diario

Los sabios propósitos de Dios

El Reino Unido rebosa de historia. Dondequiera que uno va, hay placas que honran a figuras históricas y sitios que conmemoran eventos importantes. Pero uno de esos carteles da muestra del gracioso sentido del humor británico: una placa desgastada en una posada en Sandwich, Inglaterra, dice: «En este lugar, el 5 de septiembre de 1782, no pasó nada».
A veces, parece que no pasa nada con nuestras oraciones. Oramos y oramos, presentando nuestras peticiones ante nuestro Padre, esperando que responda… ya mismo. David expresó esta frustración cuando oró: «¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?» (Salmo 13:1). Podemos fácilmente hacernos eco de estos mismos pensamientos: Señor, ¿cuánto falta para que me respondas?
Sin embargo, nuestro Dios no solo es perfecto en su sabiduría, sino también en su tiempo. David pudo decir: «Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación» (v. 5). Eclesiastés 3:11 nos recuerda: Dios «todo lo hizo hermoso en su tiempo». La palabra hermoso significa «apropiado» o «fuente de deleite». Dios quizá no siempre responda cuando nosotros quisiéramos, pero sí lo hace conforme a sus sabios propósitos. Alegrémonos de que, cuando lo haga, será correcto, bueno y hermoso. Bill Crowder - Pan Diario

Motivado a orar

Una vez, una colega y amiga me dijo que su vida de oración había mejorado por causa de nuestro gerente. Quedé impresionada, pensando que nuestro complicado líder le había dado algunas pautas espirituales que influyeron en su manera de orar. Pero me equivoqué… en cierto modo. Me explicó: «Cada vez que lo veo venir, empiezo a orar». Su tiempo de oración había mejorado porque oraba más antes de conversar con él. Sabía que necesitaba la ayuda de Dios cuando trataba con el gerente, y clamaba más a Él por eso.
Su práctica de orar durante momentos e interacciones difíciles es algo que he adoptado. Es también una práctica bíblica que se encuentra en 1 Tesalonicenses, cuando Pablo les recuerda a los creyentes en Jesús: «Orad sin cesar. Dad gracias en todo» (5:17-18). Independientemente de lo que enfrentemos, la oración es siempre la mejor práctica. Nos mantiene conectados con Dios e invita al Espíritu a guiarnos (Gálatas 5:16), en lugar de que dependamos de nuestras inclinaciones humanas. Esto nos ayuda a «[vivir] en paz unos con otros» (1 Tesalonicenses 5:13 NVI) aunque enfrentemos conflictos. Con la ayuda de Dios, podemos regocijarnos en Él, orar por todo y dar gracias a menudo. Esto nos ayudará a vivir con más armonía en la familia de Dios. Katara Patton - Pan Diario

En las manos amorosas de Dios

Después de otro problema de salud, le temía a lo desconocido e incontrolable. Un día, en un artículo de la revista Forbes, me enteré de que los científicos estudiaron el aumento de la «velocidad de rotación de la tierra» y afirmaron que el planeta «se tambaleaba» y «giraba más rápido»; que esto «podría requerir […] la reducción oficial de un segundo del tiempo global». Aunque un segundo no parece una gran pérdida, saber eso me afectó mucho. Aun la más mínima inestabilidad puede hacer que mi fe tambalee. Sin embargo, saber que Dios tiene el control me ayuda a confiar en Él por más aterradoras y tambaleantes que parezcan nuestras circunstancias.
En el Salmo 90, Moisés dijo: «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios» (v. 2). Al reconocer el poder, el control y la autoridad de Dios sobre toda la creación, declaró que el tiempo no puede detenerlo (vv. 3-6). A medida que busquemos saber más de Dios y del maravilloso mundo que hizo, descubriremos cómo sigue administrando perfectamente el tiempo y todo lo que creó. Dios también es digno de confianza para todo lo desconocido y recientemente descubierto en nuestra vida. Toda la creación permanece segura en sus manos de amor. Xochitl Dixon - Pan Diario