Nuestra nueva naturaleza en Cristo

A nuestra pícea azul se le caían las piñas y las agujas. El experto en árboles la miró y dijo: «Las píceas son así». Había esperado una explicación mejor… o un remedio. Pero el hombre se encogió de hombros y volvió a decir: «Las píceas son así». Por naturaleza, los árboles dejan caer agujas. No se puede cambiar.
Felizmente, nuestra vida espiritual no está limitada por acciones o actitudes irreversibles. Pablo enfatizó esta verdad liberadora a los creyentes efesios, diciendo que los gentiles tenían «el entendimiento entenebrecido»: la mente cerrada a Dios. El corazón endurecido con «toda clase de impureza», buscando solo sus placeres y lascivia (Efesios 4:18-19).
Pero, como ellos habían oído sobre Jesús y su verdad, escribió: «En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre» (v. 22). Señaló que nuestra vieja naturaleza «está [viciada] conforme a los deseos engañosos». Y agregó: «vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (vv. 22-24).
Luego, enumeró nuevas maneras de vivir: «haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad» (v. 28). Nuestro nuevo yo en Cristo nos permite vivir una vida digna de nuestro llamamiento, entregada al camino de nuestro Salvador. Patrícia Raybon - Pan Diario

¡Te oigo, Dios!

El bebé Gabriel se movía y se quejaba mientras su madre lo sostenía para que los doctores le colocaran su primer audífono. En cuanto el médico encendió el artefacto, Gabriel dejó de llorar. Abrió grande los ojos y sonrió. Podía oír la voz de su mamá que lo consolaba, lo alentaba y decía su nombre.
El bebé oyó hablar a su madre, pero necesitó ayuda para aprender a reconocer su voz y entender el significado de sus palabras. Jesús invita a las personas a un proceso de aprendizaje similar. Cuando aceptamos a Cristo como Salvador, nos convertimos en ovejas a las que conoce íntimamente y las guía de forma personal (Juan 10:3). Podemos desarrollar confianza en Él y obediencia cuando practicamos oír y escuchar su voz (v. 4).
En el Antiguo Testamento, Dios habló a través de los profetas. En el Nuevo Testamento, Jesús —Dios encarnado— hablaba directamente con la gente. Hoy, los creyentes tenemos al Espíritu Santo, quien nos ayuda a entender y obedecer las palabras de Dios, que Él inspiró y preservó en la Biblia. Podemos comunicarnos directamente con Jesús mediante nuestras oraciones, mientras Él nos habla a través de las Escrituras y sus hijos. Cuando aprendemos a reconocer la voz de Dios, podemos exclamar con alabanza y gratitud: «¡Te oigo, Dios!». Xochitl Dixon - Pan Diario

Líderes estilo Salmo 72

En julio de 2022, el primer ministro británico fue obligado a dimitir porque muchos dudaron de su integridad. El suceso se desencadenó cuando el ministro de salud asistió a un desayuno de oración anual parlamentario, sintió la necesidad de tener una vida pública íntegra y renunció. Cuando otros ministros también lo hicieron, el primer ministro entendió que debía irse. Fue un momento notable, originado por una pacífica reunión de oración.
Los creyentes en Jesús son llamados a orar por sus líderes políticos (1 Timoteo 2:1-2), y el Salmo 72 es una buena guía, al describir la tarea del gobernante y una oración para ayudarlo a realizarla. El líder ideal es una persona justa e íntegra (vv. 1-2), que defiende a los vulnerables (v. 4), sirve a los necesitados (vv. 12-13) y se levanta contra la opresión (v. 14). Su tiempo gobernando es «como el rocío que destila sobre la tierra» (v. 6), que la hace fructífera (vv. 3, 7, 16). Mientras que solo el Mesías puede cumplir perfectamente este papel (v. 11), ¿qué mejor estándar de liderazgo se podría perseguir? La salud de un país está gobernada por la integridad de sus funcionarios. Busquemos «líderes estilo Salmo 72» para nuestras naciones y oremos por ellos para ayudarlos a encarnar las cualidades de este salmo. Sheridan Voysey - Pan Diario

Congregarse en Jesús

Cuando atravesaba un largo período de angustia y lucha emocional y espiritual debido a circunstancias difíciles en mi vida, habría sido fácil alejarme de la iglesia, pero me sentí impulsada a asistir todos los domingos.
Aunque mi situación siguió igual muchos largos años, reunirme y adorar con otros creyentes en los servicios, las reuniones de oración y el estudio bíblico me brindaron el aliento necesario para perseverar y mantenerme esperanzada. Y a menudo, no solo escuchaba un mensaje o enseñanza edificantes, sino que recibía consuelo, un oído atento o un abrazo que necesitaba.
El autor de Hebreos escribió: «no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos» (Hebreos 10:25). Él sabía que, cuando enfrentáramos dificultades, necesitaríamos el apoyo de otros; y que los otros necesitarían el nuestro. Por eso, este pasaje nos recuerda «[mantener] firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza», y nos insta a «[considerarnos] unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (vv. 23-24). Esto constituye gran parte de lo que significa estimularnos. Por eso, Dios nos guía a seguir reuniéndonos. Tal vez alguien necesite tu estímulo, y quizá te sorprenda lo que recibas a cambio. Alyson Kieda - Pan Diario

¡Jesucristo ha resucitado hoy!

Antes de que Charles Simeon asistiera a la universidad en Cambridge, Inglaterra, le encantaban los caballos y la ropa, y gastaba sumas enormes en su atuendo todos los años. Pero como la universidad requería que asistiera regularmente a la reunión de la Cena del Señor, comenzó a explorar sus creencias. Después de leer libros escritos por creyentes en Jesús, experimentó una dramática conversión un Domingo de Pascua. Despertándose temprano el 4 de abril de 1779, exclamó: «¡Jesucristo ha resucitado hoy! ¡Aleluya! ¡Aleluya!». Su fe fue creciendo mientras se dedicaba al estudio de la Biblia, la oración y la asistencia a las reuniones en la capilla. 
En la primera Pascua, la vida cambió para dos mujeres que llegaron a la tumba de Jesús. Un ángel, que había corrido la piedra que la cerraba, les dijo: «No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado» (Mateo 28:5-6). Llenas de gozo, adoraron a Jesús y fueron corriendo a contarles a sus amigos la buena noticia.
Encontrarse con el Cristo resucitado no es algo reservado para la antigüedad; Él promete encontrarse con nosotros aquí y ahora. Ya sea que experimentemos un encuentro dramático o no, Jesús se nos revela y podemos confiar en que nos ama. Amy Pye - Pan Diario