Una respuesta agradecida

Pescado crudo y agua de lluvia. Un marinero australiano sobrevivió con solo estas provisiones durante tres meses. Abandonado en una isla a casi 2.000 kilómetros del continente, ya perdía las esperanzas. Pero entonces, la tripulación de un barco pesquero vio el bote y lo rescató. Más tarde, el delgado y curtido hombre declaró: «Al capitán y la empresa de pesca que salvaron mi vida, ¡estoy tan agradecido!».
Este hombre dio gracias después de su terrible experiencia, pero el profeta Daniel reveló un corazón agradecido antes, durante y después de una crisis. Exiliado a Babilonia con otros judíos (Daniel 1:1-6), había sido ascendido en autoridad solo para ser amenazado por otros líderes que querían verlo muerto (6:1-7). Sus enemigos consiguieron que el rey firmara un edicto que declaraba que quien orara a «cualquier dios» sería «echado en el foso de los leones» (v. 7). ¿Qué haría Daniel, un hombre que amaba y servía al único Dios verdadero? «Se arrodillaba […], y daba gracias delante de su Dios» (v. 10). Dio gracias, y Dios lo recompensó salvándole la vida y honrándolo (vv. 26-28).
Que Dios nos ayude a «[dar] gracias en todo» (1 Tesalonicenses 5:18). Ya sea que estemos en una crisis o acabemos de salir de ella, la gratitud honra a Dios y ayuda a mantener a flote nuestra fe. Tom Felten - Pan Diario

Perdonado por Dios

Cerca de la fiesta de Acción de Gracias, el presidente de los Estados Unidos recibe en la Casa Blanca dos pavos para otorgarles el indulto presidencial. En lugar de servirlos como plato principal para esa celebración, esos pavos viven seguros por el resto de su vida en una granja. Aunque no pueden entender la libertad que se les ha concedido, la extraña tradición anual resalta el poder vivificador del perdón.
El profeta Miqueas entendía el significado del perdón cuando escribió una fuerte advertencia a los israelitas que quedaban en Jerusalén. Similar a una demanda legal, registró a Dios testificando en contra de la nación (Miqueas 1:2) por desear la maldad, y perdonar la codicia, la deshonestidad y la violencia (6:10-15).
A pesar de esas rebeliones, Miqueas termina con una esperanza arraigada en la promesa de que Dios no sigue enojado para siempre, sino que «perdona la maldad» (7:18). Como Creador y Juez de todo, puede declarar con autoridad que no nos recriminará por nuestros pecados debido a su promesa a Abraham (v. 20); cumplida finalmente en la muerte y resurrección de Jesús. El perdón es un regalo inmerecido que trae bendiciones enormes. A medida que comprendamos más los beneficios de su perdón completo, respondamos con alabanza y gratitud. Lisa Samra - Pan Diario

Gratitud a pesar de las pruebas

Sigo en línea a una colega escritora que escribe sobre su travesía con el cáncer, y oro por ella. Sus publicaciones alternan entre actualizaciones sobre sus desafíos físicos y pedidos de oración y pasajes de la Biblia y alabanzas a Dios. Es hermoso ver su sonrisa valiente, ya sea esperando los tratamientos en el hospital o en su casa, con un pañuelo en la cabeza porque se le cae el cabello. Ante cada desafío, nunca deja de instar a otros a confiar en Dios durante las pruebas.
Al atravesar dificultades, puede ser complicado estar agradecidos y alabar a Dios. Pero el Salmo 100 nos da motivos para hacerlo. Dice: «Reconoced que el Señor es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado» (v. 3). Y agrega: «el Señor es bueno. Para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones» (v. 5 rva-2015).
Cualquiera que sea nuestra prueba, podemos encontrar consuelo en saber que Dios está cerca de los corazones quebrantados (34:18). Cuanto más oremos y leamos la Biblia, más capaces seremos de «[entrar] por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza», y bendecir su nombre (100:4). Podemos «[cantar] alegres a Dios» (v. 1) incluso —y quizá especialmente— en épocas difíciles, porque nuestro Dios es fiel. Nancy Gavilanes - Pan Diario

Condición espiritual

Tomás es habitué del gimnasio, y es evidente. Tiene hombros anchos, músculos voluminosos y brazos casi del tamaño de mis muslos. Su estado físico me llevó a entablar una conversación espiritual con él. Le pregunté si su estado físico reflejaba de algún modo una relación saludable con Dios. Aunque no profundizó mucho, reconoció que tenía «a Dios en su vida». Hablamos lo suficiente como para que me mostrara una foto de él con unos 180 kilos de peso, fuera de forma y mala salud. Un cambio en su estilo de vida había obrado maravillas físicamente.
En 1 Timoteo 4:6-10, se hace foco en un entrenamiento físico y espiritual: «Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera» (vv. 7-8). La condición exterior no cambia nuestra situación con Dios. La condición espiritual es una cuestión del corazón. Comienza con la decisión de creer en Jesús para recibir el perdón. A partir de allí, comienza la ejercitación para una vida piadosa, la cual incluye ser «nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina» (v. 6), y, con la fuerza que viene de Dios, vivir una vida que honre a nuestro Padre celestial. Arthur Jackson - Pan Diario

Entregar ayuda

Cuando Elena tuvo que ir a entregar la vianda en la casa de Tim, él le pidió que lo ayudara a desatar el nudo del paquete. Años antes, Tim había sufrido un ACV y no podía hacerlo solo. Elena lo ayudó con agrado. Durante el resto del día, pensó en él con frecuencia, y eso la impulsó a armarle un paquete adecuado para su condición. Más tarde, cuando Tim encontró el chocolate caliente y una manta roja con una nota de aliento que ella había dejado a su puerta, lo hizo llorar.
La acción de Elena se volvió mucho más significativa de lo que ella había anticipado. Lo mismo sucedió cuando Isaí envió a su joven hijo David a llevar comida a sus hermanos, mientras los israelitas «se pusieron en orden de batalla contra los filisteos» (1 Samuel 17:2). Cuando David llegó, se enteró de que Goliat estaba atemorizando al pueblo de Dios con sus burlas diarias (vv. 8-10, 16, 24). David se indignó ante el desafío de Goliat «a los escuadrones del Dios viviente» (v. 26) y le dijo al rey Saúl: «No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo» (v. 32).
A veces, Dios usa nuestras circunstancias diarias para ponernos en lugares donde quiere utilizarnos. Mantengamos los ojos (¡y el corazón!) abiertos para ver dónde y cómo podemos servir a alguien. Kirsten Holmberg - Pan Diario