Muchas gracias, pero no

Una escuela cristiana para niños autistas recibió una gran donación de una empresa. Después de verificar que no incluía restricciones, se aceptó el dinero. Pero luego, la empresa pidió tener representación en el consejo, y la directora lo devolvió. Rehusó que se comprometieran los valores del colegio. Dijo: «Es más importante hacer la obra de Dios a la manera de Dios».
Hay muchas razones para rechazar la ayuda, y esta es una. Pero en la Biblia vemos otra. Cuando los judíos exiliados regresaron a Jerusalén, el rey Ciro les encomendó reedificar el templo (Esdras 3). Cuando sus vecinos dijeron: «Queremos ayudarlos en la reconstrucción del templo del Señor, pues también nosotros honramos al mismo Dios» (4:2 RVC), los líderes se negaron, ya que al aceptar el ofrecimiento, la integridad del proyecto de reconstrucción podría dar lugar a que la idolatría de sus vecinos se deslizara en su comunidad. Los israelitas tomaron la decisión correcta porque sus «vecinos» hicieron todo lo posible para frenar la construcción. Con la ayuda del Espíritu Santo y el consejo de creyentes sabios podemos desarrollar discernimiento, y decir que no a ofrecimientos amistosos que puedan esconder peligros espirituales. La obra de Dios hecha como Él quiere nunca carecerá de provisión. Poh Fang Chia - Pan Diario

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