Cuando Julia era joven, su bienintencionada maestra de escuela dominical entrenó a la clase para evangelizar, lo cual incluía memorizar versículos y una fórmula para compartir el evangelio. Con una amiga, lo probaron nerviosamente con otra amiga, temiendo olvidar un versículo o paso importante. Julia no recuerda si esa tarde concluyó con una conversión, pero supone que no. El enfoque pareció ser más dirigido a la fórmula que a la persona.
Ahora, años más tarde, Julia y su esposo están siendo un ejemplo para sus hijos del amor a Dios y compartiendo su fe de una manera más atrayente. Entienden la importancia de enseñarles sobre Dios, la Biblia y una relación personal con Jesús, pero lo hacen ejemplificando diariamente el amor a Dios y a las Escrituras. Demuestran qué significa ser la «luz del mundo» (Mateo 5:14), y alcanzan a otros mediante acciones bondadosas y palabras agradables. Al mostrar bondad en su estilo de vida, Julia y su esposo están preparando a sus hijos para que inviten a otros a compartir su fe. No necesitamos una fórmula para guiar a otros a Cristo. Lo más importante es que el amor a Dios brille y atraiga a través de nosotros. Cuando vivimos y compartimos su amor, Dios atrae a otros para que también lo conozcan. Alyson Kieda - Pan Diario
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