Por lo general, uno piensa que las mariposas no son criaturas ruidosas; después de todo, el aleteo de una simple mariposa monarca es casi inaudible. Pero en la selva mejicana, su aleteo grupal es sorprendentemente ruidoso. Cuando millones de monarcas aletean al mismo tiempo, suena como una catarata rugiente.
La misma descripción se da cuando cuatro criaturas aladas aparecen en la visión de Ezequiel. Aunque en un número menor que las mariposas, se compara el sonido de sus alas al «sonido de muchas aguas» (Ezequiel 1:24). Cuando se quedaron quietas y bajaron las alas, el profeta oyó la voz de Dios que lo llamaba a comunicar sus palabras a los israelitas (2:7).
A Ezequiel, como a los otros profetas del Antiguo Testamento, se le encomendó la tarea de decir la verdad al pueblo de Dios. Hoy, Dios nos pide a todos que contemos la verdad de su buena obra en nosotros a quienes nos rodean (1 Pedro 3:15). A veces, nos harán una pregunta directa; una invitación a compartir de forma ruidosa como una catarata. Otras veces, tal vez sea como un susurro, al satisfacer una necesidad no expresada. Cualquiera que sea la invitación a compartir el amor de Dios, debemos prestar atención, como Ezequiel, con oídos atentos para escuchar lo que Él quiere que digamos. Kirsten Holmberg - Pan Diario

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