¿Qué debería decir?

Me detuve a mirar una caja de libros con la etiqueta «C. S. Lewis» en una tienda de libros usados, y apareció el dueño. Mientras hablábamos de los títulos disponibles, me pregunté si le interesaría la fe que inspiró gran parte de la obra de Lewis. Oré en silencio pidiendo guía. Entonces, me acordé de una biografía y empezamos a hablar sobre cómo el carácter de C. S. Lewis señalaba a Dios. Al final, di gracias porque una rápida oración reorientó nuestra conversación a cuestiones espirituales.
Nehemías se detuvo a orar antes de un momento crucial en una conversación con el rey Artajerjes de Persia. El rey había preguntado cómo podía ayudar a Nehemías, que estaba perturbado por la destrucción de Jerusalén. Nehemías era siervo del rey y, como tal, no podía pedir ningún favor, pero necesitaba uno bien grande. Entonces, «[oró] al Dios de los cielos» antes de pedirle dejar su trabajo para poder restaurar la ciudad (Nehemías 2:4-5). El rey aceptó y ayudó a Nehemías con los preparativos y materiales para el proyecto.
La Biblia nos anima a orar «en todo tiempo con toda oración y súplica» (Efesios 6:18). Orar antes de hablar nos ayuda a darle a Dios el control de nuestra actitud y nuestras palabras.
¿Cómo podría querer dirigir tus palabras hoy? ¡Pregúntale y descúbrelo! Jennifer Schuldt - Pan Diario

Una espera que vale la pena

Atrapado en un trabajo estresante con demasiadas horas y un jefe poco razonable, Jaime soñaba con dejarlo. Sin embargo, tenía una hipoteca, una esposa y un hijo pequeño que cuidar. Su esposa le recordó: «Esperemos y veamos qué nos dará Dios».
Muchos meses después, sus oraciones fueron respondidas. Jaime encontró un trabajo nuevo que disfrutaba y le permitía pasar más tiempo con la familia. «Fueron largos meses —me dijo—, pero me alegra haber esperado que el plan de Dios se llevara a cabo a su tiempo».
Esperar la ayuda de Dios en medio de los problemas es difícil; puede ser tentador tratar de encontrar nuestra solución primero. Eso fue precisamente lo que hicieron los israelitas; amenazados por sus enemigos, buscaron la ayuda de Egipto en vez de acudir a Dios (Isaías 30:2). Pero el Señor les dijo que si se arrepentían y ponían su confianza en Él, hallarían fuerza y salvación (v. 15). Es más, añadió: «el Señor espera para tener piedad de vosotros» (v. 18 lbla). Esperar en Dios exige fe y paciencia. Pero cuando vemos su respuesta al final, entendemos que valió la pena: «bienaventurados todos los que confían en él» (v. 18). Y lo más maravilloso: ¡Dios está esperando que acudamos a Él! Leslie Koh - Pan Diario

Héroes, tiranos y Jesús


Dona un euro, haz clic en el botón amarillo. Dios te bendiga

Beethoven estaba enojado. Quería llamar a su tercera sinfonía «La Bonaparte», ya que consideraba a Napoleón un héroe del pueblo y defensor de la libertad. Pero cuando el general francés se declaró emperador, Beethoven cambió de opinión. Denunció a su antiguo héroe como canalla y tirano, y borró su nombre de la partitura original.
Los primeros creyentes en Jesús seguramente se sintieron desilusionados cuando sus esperanzas de reforma política se esfumaron y vieron que Roma seguía gobernando el mundo. Los mensajeros de Jesús aún tenían temores y debilidad. Sus discípulos se caracterizaban por la inmadurez y luchas internas (1 Corintios 1:11-12; 3:1-3). Pero había una diferencia. Pablo veía más allá de lo que no cambiaba. Sus cartas empezaban, terminaban y desbordaban con el nombre de Cristo; Cristo resucitado, con una promesa de regresar en poder; Cristo con juicio sobre todo. Sin embargo, primero y principal, Pablo quería que los creyentes en Jesús estuvieran arraigados en el significado y las implicaciones del Cristo crucificado (2:2; 13:1-13). El amor expresado en el sacrificio de Jesús lo transformó en una clase distinta de líder. Como Señor y Salvador del mundo, su cruz cambia todo. El nombre de Jesús se conocerá y será alabado para siempre por sobre todo otro nombre. Mart DeHaan - Pan Diario

Cuidar a los necesitados

Elvis Summers respondió a la puerta y encontró a Smokey, una mujer que pedía latas vacías para cambiar por dinero. Esta era su principal fuente de ingreso. A Elvis se le ocurrió una idea. «¿Podrías mostrarme adónde duermes?», le preguntó. Smokey lo llevó a un lugarcito polvoriento junto a una casa. Movido a compasión, Summers le construyó una «casita», un refugio que le daba espacio para dormir segura. Summers siguió adelante con esa idea. Inauguró una página de GoFundMe para reunir fondos y se asoció con iglesias locales para conseguir terrenos y construir refugios para otras personas sin casa.
En toda la Biblia, se le recuerda al pueblo de Dios que cuide a los necesitados. Dios animó a los israelitas a través de Moisés a abrir al pobre la «mano liberalmente, y en efecto [prestarle] lo que necesite» (Deuteronomio 15:8). Este pasaje también observa que «no faltarán menesterosos en medio de la tierra» (v. 11). Así como Dios llamó a los israelitas a abrir la «mano a [su] hermano» (v. 11), nosotros también podemos encontrar maneras de ayudar a los necesitados.
Aunque no tengamos demasiado, que Dios nos guíe a usar lo que tenemos para ayudar a otros. Ya sea compartir un sándwich o un abrigo, ¡las pequeñas cosas pueden marcar una diferencia! Julie Schwab - Pan Diario

Rescatado de enemigos poderosos

En 2010, George Vujnovich recibió la estrella de bronce por organizar uno de los esfuerzos de rescate más grandes de la Segunda Guerra Mundial. Hijo de inmigrantes serbios a Estados Unidos, se había alistado en el ejército de Estados Unidos. Cuando llegó la noticia de que pilotos estadounidenses derribados estaban siendo protegidos por rebeldes en Yugoslavia, Vujnovich regresó a la tierra de su familia para buscarlos. Los dividió en pequeños grupos y les enseñó a mezclarse con los serbios. Después, fue llevándolos a aviones que esperaban en una pista de aterrizaje en medio del bosque. Así rescató a 512 hombres eufóricos.
David describió la euforia de ser rescatado por Dios de enemigos que lo habían acorralado. Dios «envió desde lo alto y me tomó» —declaró David—, «me sacó de las muchas aguas» (2 Samuel 22:17). El rey Saúl, enfurecido por los celos, lo perseguía y buscaba matarlo. Sin embargo, Dios tenía otros planes. «Me libró de poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo», relató David (v. 18).
Dios rescató a David de Saúl. Rescató a Israel de Egipto. Y en Jesús, Dios vino a rescatarnos a todos. Jesús nos rescata del pecado, del mal y de la muerte. Es más grande que cualquier enemigo poderoso. Winn Collier - Pan Diario