Cuando el amor nunca termina

«Cada vez que mi abuelo me llevaba a la playa —recuerda Sandra—, se sacaba el reloj y lo guardaba. Un día, le pregunté por qué lo hacía. Él sonrió y contestó: “Porque quiero que sepas cuánto me importa estar contigo. Solo quiero disfrutar de ti y dejar que el tiempo pase”».
Escuché a Sandra compartir ese recuerdo en el funeral de su abuelo. Fue uno de sus recuerdos favoritos de su vida juntos. Al reflexionar sobre cuán valiosos nos hace sentir que otros nos dediquen tiempo, me vinieron a la mente las palabras de las Escrituras sobre el cuidado amoroso de Dios.
Dios siempre tiene tiempo para nosotros. David oró en el Salmo 145: «Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente. Justo es el Señor en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. Cercano está el Señor» (vv. 16-18).
La bondad y la atención de Dios nos sostienen en todo momento, dándonos aire para respirar y alimento para comer. Por ser rico en amor, el Creador de todas las cosas elabora aun los detalles más intrincados de nuestra existencia.
El amor de Dios es tan profundo e ilimitado que, por su bondad y misericordia, nos abrió en Cristo el camino a la vida eterna en su presencia, como si dijera: «Te amo tanto que solo quiero estar contigo para siempre y dejar que el tiempo pase». James Banks - Pan Diario

El efecto del nuevo comienzo


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Cuando Brenda cumplió 30 años, estaba triste por seguir empleada en un trabajo de ventas que nunca le gustó. Decidió que era hora de no posponer más el asunto y buscar una profesión nueva. La noche de fin de año, David se encontró mirándose al espejo y prometiendo que el próximo año bajaría de peso. Y Santiago, frustrado porque sus ataques de ira no cesaban, prometió que el mes siguiente se esforzaría para cambiar. 
Si alguna vez prometiste cambiar al principio de un mes, un año o en un cumpleaños especial, no eres el único. Los investigadores le han puesto incluso un nombre: el efecto del nuevo comienzo. Sugieren que en ciertas fechas como esas, somos más propensos a evaluar nuestra vida y dejar atrás los fracasos, para comenzar de nuevo. Al querer ser mejores personas, anhelamos un nuevo comienzo.
La fe en Jesús se refiere poderosamente a este anhelo, ofreciendo una visión de lo mejor que podemos llegar a ser (Colosenses 3:12-14) e invitándonos a abandonar nuestro pasado (vv. 5-9). Este cambio no se logra con decisiones o promesas, sino por el poder de Dios. Recibir a Cristo como Salvador es el nuevo comienzo supremo, y no hace falta esperar una fecha especial; tu nueva vida puede empezar ahora mismo (Tito 3:5). Sheridan Voysey - Pan Diario

El Verbo y un nuevo año

Michellan enfrentaba desafíos mientras crecía en las Filipinas, pero siempre amó las palabras y encontraba consuelo en ellas. Un día, cuando asistía a la universidad, leyó el primer capítulo del Evangelio de Juan, y su «corazón de piedra se sacudió». Sintió como que alguien le decía: «Sí, tú amas las palabras, y adivina qué. Hay un Verbo eterno, Uno que […] puede disipar la oscuridad, ahora y siempre. Un Verbo que tomó forma de carne. Un Verbo que puede amarte».
Leía el Evangelio que empieza con palabras que tal vez les recordaba a los lectores de Juan el comienzo de Génesis: «En el principio…» (1:1). Juan quería demostrar que Jesús no solo estaba con Dios en el principio del tiempo sino que era Dios (Juan 1:1). Y ese Verbo viviente se hizo hombre «y habitó entre nosotros» (v. 14). Además, los que lo reciben y creen en su nombre, se convierten en hijos de Dios (v. 12). Michellan aceptó el amor de Jesús aquel día y nació de Dios (v. 13). Ahora escribe sobre la buena noticia de Cristo, deleitándose en compartir sus palabras sobre el Verbo viviente.
Si creemos en Cristo, nosotros también podemos compartir el mensaje del amor de Dios. ¿Qué palabras llenas de gracia podemos expresar durante este nuevo año? Amy Pye - Pan Diario

Un día más cerca de la Navidad

El período posterior a la Navidad puede ser deprimente. Los regalos ya se abrieron. Hay que retirar el árbol y las luces. Nos espera un desabrido enero… y de repente, la Navidad —y la anticipación emocionante que trae aparejada— parece algo lejano.
Hace unos años, mientras guardábamos los adornos navideños, me di cuenta de esto: no importa lo que diga el calendario; siempre estamos un día más cerca de la próxima Navidad. Y se ha transformado en algo que digo a menudo.
Pero mucho más importante que nuestra celebración temporal de la Navidad es la realidad espiritual que hay detrás: la salvación que trajo Jesús a nuestro mundo y la esperanza de su regreso. La Escritura habla de estar alerta, esperar y anhelar la segunda venida de Cristo. Me encanta lo que dice Pablo en Filipenses 3:15-21. Contrasta la manera de vivir del mundo —mentes «que sólo piensan en lo terrenal»— con un estilo de vida modelado por la esperanza en el regreso de Jesús: «nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo» (v. 20).
La realidad de que «nuestra ciudadanía está en los cielos» cambia todo. Esa esperanza se fortalece al saber que cada día que pasa, estamos en verdad un día más cerca del regreso de Jesús. Adam Holz - Pan Diario

Mejor que el oro

Cuando el buscador de oro John Walker fue a California durante la Gran Fiebre del Oro en Estados Unidos, escribió a modo de advertencia: «Es la lotería más grande que alguien se pueda imaginar […]. No le recomiendo a nadie que venga».
En realidad, Walker volvió a su casa y tuvo éxito en la agricultura, la ganadería y la política estatal. Cuando un miembro de la familia llevó las cartas amarillentas de Walker a un programa de televisión, las tasaron en miles de dólares. El conductor del programa dijo: «Entonces sí sacó algo valioso de la Fiebre del Oro: las cartas».
Walker regreso a su casa después de haber adquirido una sabiduría que lo llevó a adoptar una vida más práctica. Considera estas palabras del rey Salomón sobre la sabiduría: «Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría […]. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano» (Proverbios 3:13, 18). Una decisión sabia es «mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino» (v. 14), y más preciosa que cualquier cosa que podamos desear en la tierra. Entonces, nuestro desafío es aferrarnos a la sabiduría, no a deseos deslumbrantes. Es un camino que Dios bendecirá. Patricia Raybon - Pan Diario