Y otros siete

La tragedia golpeó cerca de Los Ángeles en enero de 2020, cuando nueve personas murieron al caer un helicóptero. La mayoría de las noticias decía algo así: «La superestrella de la NBA, Kobe Bryant, su hija Gianna y otros siete perdieron la vida en el accidente».
Es natural y comprensible centrarse en las personas famosas envueltas en una situación horrible como esa, pero debemos tener presente que, en el gran cuadro de la vida, no hay una línea divisoria que haga menos significativos a los «otros siete» (Payton, Sarah, Christina, Alyssa, John, Keri y Ara).
A veces, necesitamos que se nos recuerde que cada ser humano es importante a los ojos de Dios. La sociedad ilumina con brillo a los ricos y famosos, pero la fama no hace a esas personas más importantes que tu vecino, los niños ruidosos que juegan en tu barrio, el hombre pobre que vive de la caridad o tú.
Toda persona en el mundo es creada a la imagen de Dios (Génesis 1:27), sea rica o pobre (Proverbios 22:2). No hay favoritos a los ojos de Dios (Romanos 2:11), y cada individuo necesita un Salvador (3:23).
Glorificamos a nuestro gran Dios cuando rehusamos mostrar favoritismo, ya sea en la iglesia (Santiago 2:1-4) o en la sociedad en general. Dave Branon - Pan Diario

El buen pegamento de Dios

Científicos de la Universidad Penn State desarrollaron recientemente una nueva clase de pegamento que es extremadamente fuerte y, al mismo tiempo, removible. Su diseño está inspirado en un caracol cuya baba se endurece en condiciones de sequedad y se vuelve a ablandar con la humedad. La naturaleza reversible de la baba le permite al caracol moverse libremente y a salvo en condiciones más húmedas, y lo mantiene firmemente adherido a su entorno cuando moverse sería peligroso.
El abordaje de esos investigadores me recuerda cómo describe Johannes Kepler sus descubrimientos. Dijo que «simplemente creía lo que Dios decía». La Biblia nos dice que Dios creó la tierra y todo lo que hay en ella: los vegetales (Génesis 1:12), los «monstruos marinos» y «toda ave alada» (v. 21), «todo animal que se arrastra sobre la tierra» (v. 25) y «al hombre a su imagen» (v. 27). Cuando la humanidad descubre o identifica una cualidad especial de una planta o animal, está simplemente siguiendo los pasos creadores de Dios; nuestros ojos se abren a la forma en que Él los diseñó.
Al final de cada día de la creación, Dios evaluó el resultado de su obra y dijo que era «bueno». Al aprender de su creación, ¡valoremos también su obra, cuidémosla y proclamemos cuán buena es! Kirsten Holmberg - Pan Diario

Mantenerlo sencillo

El email era corto pero urgente: «Pedido de salvación. Me gustaría conocer a Jesús». ¡Qué asombroso! A diferencia de amigos y familiares reacios a Cristo, esta persona no necesitaba ser convencida de pecado. Mi tarea era compartirle verdades bíblicas y fuentes confiables que respondieran a su ruego. Después, por fe, Dios dirigiría su camino.
Felipe demostró esta sencilla evangelización cuando se encontró en el desierto con el funcionario etíope que leía el libro de Isaías. «¿Entiendes lo que lees?», preguntó Felipe (Hechos 8:30). «¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?», respondió el hombre (v. 31). Entonces, «Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús» (v. 35).
Tal como demostró Felipe, empezando donde está la persona y manteniendo sencillo el evangelio, podemos ser un medio eficaz para testificar de Cristo. Mientras viajaban, el hombre dijo: «Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?» (v. 36). Felipe accedió, y el hombre «siguió gozoso su camino» (v. 39). Qué alegría sentí cuando el que escribió el email dijo que había nacido de nuevo al aceptar a Cristo, y que había encontrado una iglesia. ¡Qué comienzo maravilloso! Ahora, ¡que Dios lo guíe a crecer espiritualmente! Patricia Raybon - Pan Diario

Perdido en el pasado

Molesto por la corrupción en su reino, Yeongjo (1694-1776) de Corea decidió cambiar las cosas. En un clásico ejemplo de acabar con algo bueno para corregir algo malo, prohibió el arte tradicional de bordar con hilos de oro, por considerarlo muy opulento. Poco después, ese intrincado proceso dejó de conocerse.
En 2011, la profesora Sim Yeon-ok quiso recuperar esa largamente perdida tradición. Suponiendo que las hojas de oro habían sido pegadas sobre papel de morera y cortadas luego en hebras delgadas, pudo recrear el proceso y reavivar una antigua forma de arte.
En Éxodo, leemos sobre las medidas extravagantes para construir el tabernáculo; incluidos hilos de oro para las vestiduras sacerdotales de Aarón. Artesanos habilidosos «batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos […] con labor primorosa» (Éxodo 39:3). ¿Qué sucedió con toda esa artesanía exquisita? ¿Las vestimentas simplemente se desgastaron? ¿Fueron llevadas como botín? ¿Todo fue en vano? ¡De ninguna manera! Todo el esfuerzo se hizo porque Dios había dado instrucciones específicas. Dios nos ha encomendado algo a cada uno; algo para retribuirle al servirnos unos a otros. No importa cómo termine (1 Corintios 15:58); toda tarea hecha para nuestro Padre se vuelve un hilo que se extiende hasta la eternidad. Tim Gustafson - Pan Diario

Resucitar para bailar


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En un video muy visto, una anciana elegante aparece en una silla de ruedas. Marta González Saldaña, una afamada exbailarina de ballet, padece Alzheimer, pero algo extraordinario sucede cuando escucha la música del Lago de los Cisnes, de Tchaikovsky. Sus frágiles manos comienzan a levantarse lentamente, y ante el sonido de las trompetas, empieza a bailar en su silla. Aunque su mente y su cuerpo están pereciendo, su talento sigue allí.
Reflexionando en ese video, pensé en la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 15 sobre la resurrección. Comparándolo con una semilla que es enterrada antes de brotar, dice que aunque el cuerpo puede perecer por la edad o una enfermedad, ser una fuente de deshonra o debilitarse, el cuerpo del creyente resucitará incorruptible, lleno de gloria y poder (vv. 42-44). Tal como existe un vínculo orgánico entre la semilla y la planta, seremos «nosotros» tras resucitar, pero floreceremos como nunca antes. Cuando comenzó a sonar la melodía inolvidable del Lago de los Cisnes, al principio, Marta pareció abatida, quizá pensando en lo que antes había sido y que ahora no podía hacer. Pero un hombre la tomó de la mano. Y así será con nosotros. La trompeta se tocará (v. 52), una mano se extenderá y resucitaremos para bailar como nunca antes. Sheridan Voysey - Pan Diario