Actitud valiente

En un pequeño pueblo en los Estados Unidos, la violencia doméstica constituye el 40% de los delitos. Según un pastor local, el tema suele ocultarse entre los creyentes porque es incómodo hablar de eso. Entonces, en lugar de esquivar el problema, los líderes de las iglesias decidieron abordar valientemente el asunto, ofreciendo clases para reconocer las señales de la violencia y apoyar a organizaciones que trabajan en ese tema. Un pastor dijo: «Nuestras oraciones y compasión, junto con un apoyo tangible, pueden marcar una diferencia importante».
Cuando Ester, la reina de Persia, vaciló de hablar en contra de una ley que autorizaba el genocidio de su pueblo, su tío le advirtió que, si se quedaba callada, ni ella ni su familia escaparían de la muerte (Ester 4:13-14). Sabiendo que era el momento de ser valiente y hablar, Mardoqueo preguntó: «¿quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (v. 14). Ya sea que seamos llamados a hablar en contra de la injusticia o a perdonar a quien nos ha causado daño, la Biblia nos asegura que Dios nunca nos dejará ni nos abandonará (Hebreos 13:5-6). Cuando buscamos a Dios por ayuda en momentos intimidantes, Él nos dará «poder, […] amor y […] dominio propio» para realizar nuestra tarea (2 Timoteo 1:7). Kimya Loder - Pan Diario

La humildad es la verdad

Un día, mientras reflexionaba en por qué Dios valora tanto la humildad, la creyente del siglo xvi, Teresa de Ávila, se dio cuenta repentinamente de la repuesta: «Es porque Dios es la Verdad suprema, y la humildad es la verdad […]. Nada bueno surge de nosotros mismos, sino que procede de las aguas de gracia, cerca de las cuales el alma permanece, como un árbol plantado junto a un río, y a partir de ese Sol que da vida a nuestras obras». Teresa concluyó que la oración es el medio por el cual nos anclamos en esa realidad, porque «el fundamento total de la oración es la humildad. Cuanto más humildes somos al orar, más nos exaltará Dios».
Sus palabras evocan el lenguaje de las Escrituras en Santiago 4, donde el escritor advierte de la naturaleza autodestructiva de la ambición soberbia y egoísta; lo opuesto a una vida en dependencia de la gracia de Dios (vv. 1-6). Enfatiza que la única solución para una vida codiciosa, desesperante y en conflicto permanente es arrepentirnos de nuestra soberbia e intercambiarla por la gracia de Dios. En otras palabras: «Humillaos delante del Señor, y él os exaltará» (v. 10). Arraigados en las aguas de la gracia, nos nutriremos de «la sabiduría que es de lo alto» (3:17). Solo en Dios, seremos exaltados por la verdad. Monica La Rose - Pan Diario

Discernir los caminos correctos

Nadie hubiese creído que el skater brasileño de 16 años, Felipe Gustavo, se convertiría en «uno de los patinadores más legendarios del planeta». Su padre estaba convencido de que su hijo debía perseguir su sueño de patinar profesionalmente, pero no tenía dinero. Entonces, vendió su auto y llevó a Felipe a la renombrada competición de patinaje sobre tabla Tampa Am, en Estados Unidos. Nadie había oído hablar de él… hasta que ganó.
El padre de Felipe tuvo la habilidad de ver el corazón y la pasión de su hijo. «Cuando me convierta en padre —dijo Felipe—, quiero ser tan solo un cinco por ciento de lo que mi padre fue para mí».
Proverbios describe la oportunidad que tienen los padres de ayudar a sus hijos a discernir la forma particular en que Dios diseñó su corazón, su energía y su personalidad; y luego guiarlos y alentarlos hacia el sendero para el cual Él los hizo. «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él», escribió el autor (22:6).
Tal vez no tengamos muchos recursos ni un profundo conocimiento. Sin embargo, con la sabiduría de Dios (vv. 17-21) y nuestro amor atento, podemos ayudar a nuestros hijos y a otros niños a confiar en Dios y discernir qué caminos pueden seguir en la vida (3:5-6). Winn Collier - Pan Diario

Fuerza para abandonar


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Conocido una vez como el hombre más fuerte del mundo, el levantador de pesas Paul Anderson estableció un récord mundial en las Olimpíadas de 1956, en Melbourne, Australia, a pesar de estar con una grave infección de oído y mucha fiebre. Lejos de los primeros puestos, su única chance para una medalla dorada era lograr un nuevo récord. 
Tras fallar en los dos primeros intentos, el fornido atleta hizo lo que aun la persona más débil puede hacer: clamó a Dios por más fuerza, abandonando la propia. Más tarde, dijo: «No estaba negociando. Necesitaba ayuda». En su último intento, levantó sobre su cabeza 187,5 kilos.
El apóstol Pablo escribió: «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Corintios 12:10). Hablaba de la fortaleza espiritual, pero sabía que el poder de Dios «se perfecciona en la debilidad» (v. 9). Como declaró el profeta Isaías: «Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas» (Isaías 40:29).
¿Cuál era el sendero hacia tal fuerza? Permanecer en Jesús, quien afirmó: «separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5). Anderson solía decir: «Si el hombre más fuerte del mundo no puede pasar un día sin el poder de Jesucristo, ¿a qué conclusión llegas?». Para averiguarlo, deja de depender de tu aparente fuerza y pídele ayuda a Dios. Patricia Raybon - Pan Diario

Ceder el control a Dios

Imagina un gran roble lo suficientemente pequeño como para colocarlo en la mesa de una cocina. Así es el bonsái: un hermoso árbol de adorno, versión en miniatura del que encuentras en los campos. No hay diferencia genética entre ambos. Simplemente, una maceta poco profunda, la poda y el corte de sus raíces reducen el crecimiento para que la planta permanezca pequeña.
Mientras que los bonsáis son plantas hermosas para adornar, también ilustran el poder del control. Es verdad que podemos manipular su crecimiento, ya que los árboles responden a su medioambiente, pero Dios es, en definitiva, quien hace que las cosas crezcan.
Dios le dijo al profeta Ezequiel: «yo el Señor abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo» (Ezequiel 17:24). Así predecía acontecimientos futuros cuando «desarraigaría» a la nación de Israel al permitir que los babilonios la invadieran. Sin embargo, en el futuro, plantaría en Israel un nuevo árbol que daría fruto, en cuyas ramas encontrarían refugio «todas las aves de toda especie» (v. 23). Aunque todo pareciera fuera de control, Él seguía a cargo de todo.
El mundo nos dice que nos esforcemos para controlar nuestras circunstancias, pero la paz verdadera y los logros se alcanzan al cederle el control al Único que puede hacer crecer los árboles. Karen Pimpo - Pan Diario