Cuando vengan las inundaciones

Vivo en Colorado, un estado norteamericano conocido por las Montañas Rocosas y las nevadas. Sin embargo, el peor desastre natural que hubo no tuvo nada que ver con la nieve, sino con la lluvia, que generó una inundación el 31 de julio de 1976 en la que murieron 144 personas e innumerables animales. Tras ese significativo desastre, se hicieron estudios en la región, especialmente de las bases de caminos y carreteras. Las paredes que soportaron la tormenta fueron las de concreto. Es decir, tenían un fundamento fuerte y seguro.
En nuestra vida, la cuestión no es si vendrán inundaciones, sino cuándo. A veces, nos avisan anticipadamente, pero por lo general, no. Jesús señala un fundamento firme para esos tiempos, que no solo se construye con oír sus palabras, sino poniendo en práctica el evangelio (Lucas 6:47). Cuando viene la inundación —y vendrá—, podemos soportarla porque nuestra vida está «bien construida» (v. 48). La ausencia de práctica nos hace vulnerables al colapso y la destrucción (v. 49). Esta es la diferencia entre ser sabio y necio.
Es bueno detenerse de vez en cuando y evaluar un poco el fundamento. Jesucristo nos ayudará a fortalecer los lugares débiles, para poder resistir en su poder cuando vengan las inundaciones. James Banks - Pan Diario

Aguas desconocidas


Dona un euro, haz clic en el botón amarillo. Dios te bendiga

La bola baja en Times Square, en Nueva York. Sydney estalla con fuegos artificiales. Cualquiera que sea la manera de indicarlo donde vives, hay algo emocionante en la llegada de un nuevo año y lo que este implica. Hoy nos lanzamos a aguas desconocidas. ¿Qué amistades y oportunidades encontraremos?
No obstante, un nuevo año también puede ser inquietante. Nadie sabe las tormentas que pueda traer. Tradiciones de Año Nuevo reflejan cosas como estas: los fuegos artificiales fueron inventados en China para espantar espíritus malos y traer prosperidad en la nueva etapa; y las resoluciones de Año Nuevo se remontan a los babilonios, quienes hacían votos para apaciguar a los dioses. Todo en un intento de sentir seguridad ante un futuro desconocido.
Cuando esos mismos babilonios conquistaron Israel, Dios envió este mensaje a los judíos esclavizados: «No temas […]. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo» (Isaías 43:1-2). Tiempo después, Jesús dijo algo similar a sus discípulos en medio de una feroz tormenta: «¿Por qué teméis […]? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza» (Mateo 8:23-27). Hoy nos lanzamos a aguas desconocidas, pero sea lo que sea que enfrentemos, Dios está con nosotros y tiene poder para calmar las aguas. Sheridan Voysey - Pan Diario

Terminar bien

A los 103 años de edad, Man Kaur compitió como la atleta femenina de más edad de la India en el Campeonato Mundial de Veteranos de Atletismo de 2019, en Polonia. Lo sorprendente es que ganó el oro en cuatro disciplinas: lanzamiento de jabalina y de bala, carrera de 60 metros y de 200 metros. Lo más asombroso es que corrió más rápido que en el campeonato de 2017. Esta bisabuela, en su segundo siglo de vida, mostró cómo terminar bien.
Pablo le escribió a su joven discípulo Timoteo sobre cómo entraría en sus últimos años: «el tiempo de mi partida está cercano» (2 Timoteo 4:6). Al reflexionar acerca de su vida, creía firmemente que estaba terminando bien: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera»; no porque hubiera calculado sus impresionantes logros o su enorme impacto, sino porque sabía que había «guardado la fe» (v. 7). Se había mantenido fiel a Jesús. Entre tristezas y alegrías, había seguido a Aquel que lo rescató de la ruina. Y sabía que Jesús lo esperaría con una «corona de justicia»; el final gozoso para su vida fiel (v. 8)
Pablo insiste en que esta corona no es para una élite reducida, sino para «todos los que aman su venida» (v. 8). Al acercarnos al nuevo año, recordemos que Jesús está deseoso de recompensar nuestro amor y de que vivamos para terminar bien. Winn Collier - Pan Diario

En todos nuestros tratos

En 1524, Martín Lutero señaló: «Los mercaderes tienen entre sí una regla en común que es su máxima principal […]: No me importa nada de mi prójimo, en tanto obtenga mi beneficio y satisfaga mi codicia». Más de 200 años después, John Woolman, de Mount Holly, Nueva Jersey, permitió que su compromiso con Jesús influyera en su negocio de sastrería. Para apoyar la liberación de los esclavos, se negó a comprar algodón o materiales para tintura a compañías que usaban el trabajo forzado. Con una conciencia limpia, amó a su prójimo y vivió con integridad en todos sus tratos.
El apóstol Pablo se esforzaba por vivir «con sencillez y sinceridad de Dios» (2 Corintios 1:12). Cuando algunos corintios intentaron socavar su autoridad como apóstol de Jesús, defendió su conducta diciendo que sus palabras y acciones podían resistir el escrutinio más minucioso (v. 13). También mostró que dependía del poder y la gracia de Dios para ser eficaz (v. 12). En resumen, la fe de Pablo impregnaba todo su proceder.
Al vivir como embajadores de Cristo, asegurémonos de que el evangelio resuene en todas nuestras actividades: familia, negocios y demás. Cuando revelamos el amor de Dios a otros, lo honramos a Él y a nuestros prójimos. Marvin Williams - Pan Diario

Latiendo en unidad

Las historias han cautivado a los humanos desde el comienzo de la creación, como una manera de transmitir el conocimiento mucho antes de que existiera el lenguaje escrito. Todos hemos experimentado el deleite de oír o leer una historia y quedar inmediatamente atrapados por frases iniciales como: «Había una vez». Su poder incluso se extiende al hacer que nuestros corazones latan sincronizados al escucharlas juntos. Una investigación reciente indica que nuestros corazones entran en el mismo ritmo cuando oímos la misma historia al mismo tiempo.
Dios empieza a contarnos su historia con las palabras: «En el principio» (Génesis 1:1). Desde que Adán y Eva comenzaron a respirar (v. 27), Dios ha usado esa historia reveladora no solo para moldear nuestra vida individualmente, sino también —y quizá lo más importante— de forma colectiva como sus hijos. A lo largo de la Biblia, nuestros corazones creyentes en Jesús se unen y nos apartan para sus propósitos (1 Pedro 2:9).
Que nuestra respuesta sean corazones que laten a un ritmo sincronizado, que se deleitan en las obras creadoras del Autor. Y que transmitamos a otros su historia, proclamando «su gloria entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos» (Salmo 96:3), e invitándolos a convertirse en parte de ella. Kirsten Holmberg - Pan Diario