El Jesús correcto

El murmullo fue desapareciendo mientras el líder del club literario resumía la novela sobre la que debatiría el grupo. Mi amiga Joan escuchaba atentamente, pero no reconocía la trama. Por fin, se dio cuenta de que había leído un libro con un título diferente a la obra que habían leído los demás. Aunque disfrutó la lectura del libro «equivocado», no pudo participar con sus amigos en el debate sobre el libro «correcto».
Pablo no quería que los cristianos de Corinto creyeran en un Jesús «equivocado». Señaló que falsos maestros se habían infiltrado con su herejía en la iglesia y presentado a un «Jesús» diferente, y que ellos habían creído las mentiras (2 Corintios 11:3-4).
No obstante, en su primera carta a la iglesia, había expuesto la verdad sobre el Jesús de las Escrituras: el Mesías que «murió por nuestros pecados, […] resucitó al tercer día […] y apareció […] después a los doce», y finalmente a Pablo mismo (1 Corintios 15:3-8). Este Jesús había venido a la tierra a través de una virgen llamada María y fue llamado Emanuel (Dios con nosotros) para afirmar su naturaleza divina (Mateo 1:20-23).
¿Suena esto como el Jesús que conoces? Entender y aceptar la verdad de la Biblia sobre Él nos asegura que estamos en el sendero espiritual que lleva al cielo. Jennifer Schuldt - Pan Diario

Más que vencedores


Dona un euro, haz clic en el botón amarillo. Dios te bendiga

Cuando mi esposo era el entrenador del equipo de béisbol de nuestro hijo, recompensaba a los jugadores con una fiesta de fin de año y les reconocía sus progresos durante la temporada. Uno de los jugadores más jóvenes, Dustin, se me acercó durante un evento y preguntó: —¿No perdimos el partido hoy?
—Sí —respondí—, pero estamos orgullosos porque dieron lo mejor.
—Lo sé —dijo—. Pero perdimos, ¿no?
Asentí con la cabeza.
—Entonces, ¿por qué me siento un ganador? —preguntó Dustin.
—Porque eres un ganador —dije, sonriendo.
Dustin pensaba que perder un partido significaba que era un fracasado, aunque había dado lo mejor de sí. Como creyentes en Jesús, nuestra batalla no se limita a un campo deportivo, pero a menudo, somos tentados a considerar que las etapas difíciles de nuestra vida determinan nuestra valía.
Sin embargo, Pablo reafirmó la relación entre nuestro sufrimiento presente y nuestra gloria futura como hijos de Dios. Aunque todos experimentamos dificultades y persecución, el amor inalterable de Dios nos ayuda a perseverar (Romanos 8:33-34).
Aunque seamos tentados a permitir que las luchas definan lo que valemos, nuestra victoria final está garantizada. Por más que tropecemos, en Él siempre seremos «más que vencedores» (vv. 35-39). Xochitl Dixon - Pan Diario

Un lugar para residir

Los martinetes —aves pequeñas relacionadas con las golondrinas— hacen su nido en las riberas. Los desarrollos urbanísticos en el sureste de Inglaterra han reducido su hábitat, y las aves tienen cada vez menos lugares para anidar cuando regresan de su migración invernal cada año. Los conservacionistas locales decidieron construir enormes bancos de arena artificiales para albergarlos. Con la ayuda de una compañía de esculturas de arena, elaboraron espacios para que las aves se establecieran en el futuro.
Este bondadoso acto compasivo describe vívidamente las palabras de Jesús para consolar a sus discípulos. Después de decirles que se iba y que no podrían acompañarlo (Juan 13:36), les aseguró que les prepararía un lugar para ellos en el cielo (14:2). Aunque tenían motivo para entristecerse por lo que Jesús les había dicho, el Señor los alentó a considerar aquel santo mandato como parte de su preparativo para recibirlos… a ellos y a nosotros. Sin la obra sacrificial de Jesús en la cruz, esas «muchas moradas» en la casa del Padre no podrían recibirnos (v. 2). Tras ir antes que nosotros a prepararlas, Cristo nos asegura que regresará y llevará con Él a los que hayan confiado en su sacrificio. Entonces, estableceremos gozosos nuestra residencia con Él eternamente. Kirsten Holmberg - Pan Diario

La adoración como estilo de vida

Mientras esperaba en la fila para el desayuno en una conferencia cristiana, un grupo de mujeres entró al salón. Sonreí y saludé a la que se paró detrás de mí. Luego de saludarme, dijo: «Yo te conozco». Mientras nos servíamos, tratamos de recordar dónde nos habíamos visto. Yo estaba bastante segura de que me había confundido con otra persona. 
Cuando volvimos para el almuerzo, se me acercó y preguntó: «¿Tú conduces un auto blanco?».
Encogí los hombros y respondí: «Hace unos años, sí».
Se rio y dijo: «Nos deteníamos en el mismo semáforo cerca de la escuela primaria casi todas las mañanas. Siempre cantabas alegremente y levantabas las manos. Pensé que adorabas a Dios. Eso hizo que quisiera hacer lo mismo, aun en días difíciles».
Alabando a Dios, oramos juntas, nos abrazamos y disfrutamos el almuerzo.
Mi nueva amiga afirmaba que la gente nota cómo se comportan los seguidores de Cristo, aun cuando pensamos que nadie está mirando. Al adoptar un estilo de vida de gozosa adoración, podemos presentarnos ante nuestro Creador en cualquier momento y lugar. Cuando reconocemos su amor constante y su fidelidad, podemos disfrutar una comunión íntima con Él y darle gracias por su cuidado permanente (Salmo 100). Con nuestras conductas, podemos inspirar a otros a alabar su nombre (v. 4). Xochitl Dixon - Pan Diario

Moverse a la velocidad de Jesús

Hace poco, mi auto se averió. El taller estaba cerca de casa, así que decidí volver caminando. Pero cuando llegué a paso lento a un cruce atestado, noté algo: todos se movían sumamente rápido. Y los automóviles más rápido aún.
Mientras hacía mi paseo hasta casa, pensé: Estamos tan acostumbrados a andar rápido. Todo el tiempo. Y luego, reflexioné: A menudo, espero que Dios se mueva igual de rápido. Quiero que sus planes se adecuen a mi veloz cronograma.
Cuando Jesús vivió en la tierra, su aparente paso lento decepcionó a veces a sus amigos. En Juan 11, María y Marta le avisaron que su hermano Lázaro estaba enfermo. Sabían que Jesús podía ayudar (vv. 1-3), pero llegó cuatro días después (v. 17), y Lázaro ya estaba muerto. Marta dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» (v. 21). Traducción: Jesús no se movió suficientemente rápido. Pero Él tenía planes mayores: resucitarlo (vv. 38-44).
¿Te identificas con la desesperación de Marta? Yo sí. A veces, anhelo que Jesús sea más rápido para contestar una oración. Otras, parece que llegara tarde. Pero su horario soberano es diferente del nuestro. Él lleva a cabo su obra salvadora según su agenda. Y el resultado final exhibe su gloria y bondad de maneras mucho más grandiosas que nuestros planes. Holtz Adam - Pan Diario