Aprender de los errores

La Biblioteca de los Errores se fundó en Edimburgo, Escocia, para ayudar a evitar errores financieros como los de 1929 y 2008 que derrumbaron la economía mundial. Su colección de más de 2.000 libros puede ayudar a instruir a la próxima generación de economistas. Es un ejemplo perfecto de cómo «las personas inteligentes siguen haciendo cosas estúpidas», dicen sus curadores, quienes sostienen que la única manera de desarrollar una economía fuerte es aprender de los errores previos.
Pablo les recuerda a los corintios que una manera de evitar ceder a la tentación y tener una vida espiritual poderosa es aprender de los errores del pueblo de Dios en el pasado. Para asegurarse de que no confiaran demasiado en su privilegio espiritual, usó los fracasos del antiguo Israel como ejemplo para obtener sabiduría. Los israelitas practicaron la idolatría, decidieron cometer inmoralidad sexual, se quejaron de los planes y propósitos de Dios, y se rebelaron contra sus líderes. Por causa de su pecado, experimentaron la disciplina del Señor (1 Corintios 10:7-10). Pablo presentó este «ejemplo» histórico para ayudar a los creyentes a evitar repetir los errores de Israel (v. 11).
Con la ayuda de Dios, que aprendamos de los errores propios y ajenos para lograr tener un corazón obediente a Él. Marvin Williams - Pan Diario

Obrero de Dios

En un campamento de refugiados en Medio Oriente, cuando Reza recibió una Biblia, supo de Jesús y creyó en Él. Su primera oración en el nombre de Cristo fue: «Úsame como tu obrero». Más tarde, tras salir de ahí, Dios respondió su oración cuando, inesperadamente, consiguió trabajo en una agencia de asistencia y regresó al campamento para servir a las personas que conocía y amaba. Organizó clubes de deportes, clases de idioma y orientación legal: «todo lo que pudiera dar esperanza a la gente». Él considera que estos programas son una manera de servir a los demás y compartir la sabiduría y el amor de Dios.
Cuando leía su Biblia, Reza sintió una conexión inmediata con la historia de José en Génesis. Observó cómo lo había utilizado Dios para extender su obra mientras estaba en la cárcel. Como Dios estaba con José, le mostró su bondad y le otorgó su favor. El guardia de la cárcel lo puso a cargo y no tuvo que atender nada porque «lo que [José] hacía, el Señor lo prosperaba» (Génesis 39:23). Dios promete estar con nosotros también. Ya sea que estemos enfrentando encarcelamiento —literal o figurado—, dificultades, desplazamiento, angustia o tristeza, podemos confiar en que Él nunca nos abandonará. Como sucedió con Reza y José, siempre estará cerca de nosotros. Amy Pye - Pan Diario

Una petición sencilla

«Por favor, limpia la habitación del frente antes de irte a dormir», le dije a una de mis hijas. Instantáneamente, vino la respuesta: «¿Por qué no ella?».
Esta leve resistencia era frecuente cuando nuestras hijas eran pequeñas, y mi respuesta era siempre la misma: «No te preocupes por tus hermanas; te pedí a ti».
En Juan 21, vemos esta tendencia humana ilustrada entre los discípulos. Después de restaurar a Pedro luego de que lo negara, Jesús le dijo: «Sígueme» (21:19); un mandato simple pero doloroso. Explicó que Pedro lo seguiría hasta la muerte (vv. 18-19).
Pedro apenas había entendido las palabras de Jesús, cuando preguntó por el discípulo detrás de ellos: «¿y qué de este?» (v. 21). Jesús respondió: «Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú».
¡Cuántas veces somos como Pedro! Nos preguntamos sobre la vida espiritual de otros y no vemos lo que Dios está haciendo en nosotros. Tiempo después, Pedro explicó mejor el simple mandato de Jesús, escribiendo: «como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir» (1 Pedro 1:14-15). Esto basta para que nos enfoquemos en Jesús y no en quienes nos rodean. Matt Lucas - Pan Diario

Sáciate

El horroroso asesinato del Dr. Martin Luther King Jr. tuvo lugar durante el clímax del movimiento por los derechos humanos en Estados Unidos en la década de 1960. Pero solo cuatro días después, su viuda, Coretta Scott King, tomó valientemente el lugar de su esposo, liderando una marcha pacífica de protesta. Tenía una profunda pasión por la justicia.
Jesús dijo: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mateo 5:6). Sabemos que, un día, Dios vendrá a aplicar justicia y corregir todo mal, pero hasta entonces, tenemos la oportunidad de colaborar en que su justicia sea una realidad en la tierra. Isaías 58 presenta un cuadro vívido de lo que Dios llama a su pueblo a hacer: «desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, [partir] tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes [albergar] en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano» (vv. 6-7). Al buscar justicia para los oprimidos y marginados, nuestra vida muestra a Dios. Hacer esto es como la luz del alba, que resulta en salvación, tanto para su pueblo como para los demás (v. 8).
Que Dios nos ayude hoy a desarrollar un hambre de su justicia aquí en la tierra. Al buscarla a su manera y en su poder, la Biblia dice que seremos saciados. Karen Pimpo - Pan Diario

Del lamento a la alabanza


Dona un euro, haz clic en el botón amarillo. Dios te bendiga

Monica oraba fervientemente para que su hijo volviera a Dios. Lloraba por su vida disipada e incluso lo buscaba en las ciudades donde vivía. La situación parecía desesperada. Pero un día sucedió: su hijo tuvo un encuentro radical con Dios y llegó a ser uno de los más grandes teólogos de la iglesia. Lo conocemos como Agustín, obispo de Hipona.
«¿Hasta cuándo, oh Señor?» (Habacuc 1:2). El profeta Habacuc se lamentaba por la inacción del pueblo de Dios ante las autoridades que pervertían la justicia (v. 4). Piensa en las veces que hemos acudido desesperados a Dios, lamentándonos por las injusticias, los diagnósticos médicos aparentemente sin remedio, las luchas financieras o los hijos que se han alejado de Dios.
Cada vez que Habacuc se lamentaba, Dios oía sus clamores. Mientras esperamos con fe, podemos aprender del profeta a cambiar nuestro lamento en alabanza, porque él dijo: «Con todo, yo me alegraré en el Señor, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (3:18). No entendía los caminos de Dios, pero confiaba en Él. Tanto el lamento como la alabanza son expresiones de confianza; el lamento porque apela al carácter de Dios, y la alabanza porque se basa en quién es Él. Un día, por su gracia, todo lamento se convertirá en alabanza. Glenn Packiam - Pan Diario