He visto la fidelidad de Dios

A lo largo de sus históricos 70 años como gobernante británica, la reina Isabel ii solo respaldó una biografía sobre su vida con un prólogo personal: The Servant Queen and the King She Serves [La reina sierva y el Rey al que sirve]. Lanzado para celebrar sus 90 años de edad, el libro relata cómo su fe la guio mientras servía a su país, y su gratitud a todos por orar por ella y a Dios por su amor inalterable. Concluye diciendo: «Ciertamente he visto su fidelidad».
La sencilla declaración de la reina Isabel hace eco de los testimonios de hombres y mujeres a lo largo de la historia que han experimentado el cuidado personal y fiel de Dios. En 2 Samuel 22, se registra un cántico que habla de la fidelidad de Dios al proteger a David, sustentándolo e incluso rescatándolo cuando estaba en peligro (vv. 3-4, 44). En respuesta a haber experimentado su fidelidad, David escribió: «cantaré alabanzas a tu nombre» (v. 50 LBLA).
Aunque la belleza aumenta cuando la fidelidad de Dios se ve en una vida larga, no tenemos que esperar para hablar de su cuidado en la nuestra. Cuando reconocemos que no son nuestras habilidades las que nos sostienen durante la vida sino el cuidado fiel de un Padre amoroso, somos incentivados a dar gracias y alabar. Lisa Samra - Pan Diario

La Palabra de Dios que transforma

Cuando Kristin quiso comprar un libro especial para Xio-Hu, su esposo chino, lo único que pudo encontrar en su idioma fue una Biblia. Aunque ninguno creía en Cristo, esperaba que igualmente apreciara el regalo. Al verla por primera vez, él se enojó, pero finalmente la abrió. Mientras leía, las verdades de sus páginas lo persuadieron. Molesta ante este imprevisto, Kristin empezó a leer las Escrituras para refutar a Xio-Hu. La sorpresa fue suya cuando ella también creyó en Jesús al ser convencida por lo que leía.
El apóstol Pablo conocía la naturaleza transformadora de las Escrituras. Escribiendo desde la cárcel, instó a su pupilo, Timoteo: «persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste» porque «desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras» (2 Timoteo 3:14-15). El término «persiste», en el original griego, tiene la connotación de «permanecer» en lo que revela la Biblia. Como Pablo sabía que Timoteo enfrentaría antagonismo y persecución, quería que se equipara para los desafíos. Estaba seguro de que su pupilo hallaría fortaleza y sabiduría en la Biblia al meditar en sus verdades.
Dios, mediante su Espíritu, hace que las Escrituras cobren vida en nosotros. Al morar en ella, nos desafía a asemejarnos más a Él. Tal como hizo con Xio-Hu y Kristin. Amy Pye - Pan Diario

El ciclo del gran amor de Dios

A los 30 años de edad, siendo una creyente nueva en Jesús, me surgieron muchas preguntas después de entregarle mi vida. Cuando empecé a leer las Escrituras, los cuestionamientos aumentaron. Le pregunté a una amiga: «¿Cómo puedo obedecer todos los mandamientos de Dios? ¡Si incluso esta mañana le hablé mal a mi esposo!».
«Sigue leyendo la Biblia —dijo ella—, y pídele al Espíritu Santo que te ayude a amar como Jesús te ama».
Después de más de 20 años de ser hija de Dios, esta simple pero profunda verdad aún me ayuda a seguir los tres pasos de su ciclo de gran amor. Primero: el apóstol Pablo afirmó que el amor es esencial en la vida del creyente en Cristo. Segundo: al continuar con nuestro deber de amarnos unos a otros, andaremos en obediencia, «porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley» (Romanos 13:8). Por último: cumplimos la ley porque «el amor no hace mal al prójimo» (v. 10). Cuando experimentamos la profundidad del amor de Dios por nosotros, demostrado de la mejor manera en el sacrificio de Cristo en la cruz, podemos responder con una agradecida devoción que nos lleva a amar a otros con nuestras palabras, acciones y actitudes. El amor genuino fluye de Dios, que es amor (1 Juan 4:16, 19). ¡Que Dios nos ayude a ser parte de su gran ciclo de amor! Xochitl Dixon - Pan Diario

Abatido

La soberbia precede y, a menudo, lleva a la humillación… algo que descubrió un hombre en Noruega. Sin siquiera vestir ropa para correr, este arrogante desafió a Karsten Warholm —récord mundial de 400 metros con vallas— a correr. Warholm, que entrenaba en un gimnasio público, complació al retador y lo aplastó. En la llegada, el dos veces campeón mundial sonrió cuando el hombre insistió en que ¡había tenido una mala salida y quería correr de nuevo!
En Proverbios 29:23, leemos: «La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra». El trato de Dios hacia los soberbios es uno de los temas favoritos de Salomón en su libro (11:2; 16:18; 18:12). La palabra soberbio significa «hinchado» o «agrandado», que se atribuye lo que le pertenece a Dios. Cuando estamos llenos de soberbia, nos consideramos más importantes de lo debido. Jesús dijo: «el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Mateo 23:12). Tanto Él como Salomón nos instan a procurar ser humildes. No es falsa modestia, sino saber evaluarnos correctamente y reconocer que todo lo que tenemos viene de Dios. Es tener sabiduría y no ser «ligero» para hablar (Proverbios 29:20). Pidámosle a Dios que nos dé sabiduría y un corazón humilde para honrarlo a Él y evitar ser humillados. Marvin Williams - Pan Diario

Ángeles sobre los muros

Cuando Wallace y Mary Brown se mudaron a una zona pobre de Birmingham, Inglaterra, para pastorear una iglesia, no sabían que una pandilla había convertido el lugar en su guarida. Les arrojaron piedras por las ventanas, incendiaron las cercas y amenazaron a sus hijos. El acoso continuó durante meses, y la policía no podía detenerlos.
Nehemías relata cómo los israelitas reconstruyeron los muros de Jerusalén. Cuando los lugareños amenazaron con «[hacerles] daño» (Nehemías 4:8), ellos oraron a Dios y pusieron guarda (v. 9). Los Brown sintieron que Dios estaba usando este pasaje para guiarlos, así que toda la familia y algunas otras personas caminaron alrededor de las paredes de la iglesia, pidiéndole a Dios que pusiera ángeles para protegerlos. La pandilla se burló, pero al día siguiente, solo apareció la mitad; un día después, solo cinco de ellos; y al otro día, ninguno. Más tarde, los Brown oyeron que la pandilla había desistido de aterrorizarlos.
Esta respuesta milagrosa a la oración no es una fórmula para que nos protejamos, pero sí es un recordatorio de que habrá oposición a la obra de Dios y que debemos luchar con el arma de la oración. Nehemías les dijo a los israelitas: «acordaos del Señor, grande y temible» (v. 14). Él puede recuperar incluso a los corazones violentos. Sheridan Voysey - Pan Diario