Incluso Levítico

El tema era Levítico, y tuve que confesar algo a mi grupo de estudio bíblico: «Pasé por alto gran parte del texto. No volveré a leer sobre enfermedades de la piel».
Fue entonces que mi amigo David dijo: «Conozco a un hombre que creyó en Jesús por ese pasaje». Su amigo médico había sido ateo, pero antes de rechazar por completo la Biblia, decidió que sería mejor que la leyera. La sección sobre las enfermedades de la piel, en Levítico, lo fascinó. Contenía detalles sorprendentes sobre llagas contagiosas y no contagiosas (13:1-46), y cómo tratarlas (14:8-9). Sabía que eso superaba con creces el conocimiento médico de aquella época… y aun así, estaba en Levítico. Es imposible que Moisés supiera todo eso, pensó, y empezó a considerar que Moisés realmente recibió esa información de parte de Dios. Finalmente, puso su fe en Jesús.
Si partes de la Biblia te aburren, está bien, te entiendo. Pero todo lo que dice está allí por una razón. Levítico fue escrito para que los israelitas supieran cómo vivir para y con Dios. A medida que aprendemos más sobre esta relación entre Dios y su pueblo, lo conocemos a Él.
«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia», escribió Pablo (2 Timoteo 3:16). Leámosla. Incluso Levítico. Tim Gustafson - Pan Diario

«Ayuda mi incredulidad»

«¿Dónde está mi fe?… incluso en el fondo, no hay nada sino vacío y oscuridad […]. Si Dios existe, por favor, perdóname».
Podría sorprenderte quién escribió estas palabras: Teresa de Calcuta. Amada y famosa por su incansable servicio a los pobres en la India, experimentó silenciosamente una desesperada batalla por su fe durante 50 años. Después de su muerte, en 1997, esa lucha salió a la luz cuando partes de su diario se publicaron en el libro Ven, sé mi luz.
¿Qué hacemos con nuestras dudas o los sentimientos de que Dios está ausente? Estas situaciones acosan a algunos creyentes más que a otros. Pero muchos fieles creyentes en Jesús pueden, en ciertos momentos de su vida, experimentar tales períodos. Doy gracias de que las Escrituras nos han dejado una oración hermosa y paradójica que expresa la existencia de la fe así como su falta. En Marcos 9, Jesús encuentra a un padre cuyo hijo ha estado atormentado por demonios desde su niñez (v. 21). Cuando le dice al hombre que debe tener fe —«al que cree todo le es posible» (v. 23)—, él le responde: «Creo; ayuda mi incredulidad» (v. 24). Este sincero y sentido ruego nos invita a los que luchamos con la duda a entregársela a Dios, confiando en que Él puede fortalecer nuestra fe y sostenernos en los valles más oscuros que atravesemos. Adam Holz - Pan Diario

Cuando Jesús se detiene

Durante varios días, el gato enfermizo no dejaba de llorar, acurrucado en una caja cerca de mi lugar de trabajo. Abandonado en la calle, muchos de los que pasaban no le prestaron atención… hasta que llegó Julio. El barrendero municipal lo llevó a su casa, donde vivía con dos perros anteriormente callejeros.
«Me ocupo de ellos porque son criaturas a las que nadie nota —dijo Julio—. Me veo a mí mismo en ellas. Después de todo, nadie nota a un barrendero de calle».
Cuando Jesús caminaba de Jericó a Jerusalén, un ciego estaba sentado junto al camino, mendigando. Este también sentía que nadie le prestaba atención. Y en ese día especial, mientras la multitud pasaba con los ojos enfocados en Jesús, nadie se detuvo para ayudarlo. Nadie, excepto Jesús. En medio de la multitud alborotada, oyó el clamor del hombre olvidado. «¿Qué quieres que te haga?», preguntó Jesús; y la conmovedora respuesta fue: «Señor, que reciba la vista. [Entonces] Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado» (Lucas 18:41-42).
¿Sentimos a veces que nadie nos presta atención? ¿Personas que parecen importar más que nosotros ahogan nuestros clamores? Nuestro Salvador nota a aquellos a los que al mundo no le interesan. ¡Clama a Él por ayuda! Aunque otros pasen de largo, Él se detendrá. Karen Huang - Pan Diario

Dulce sueño

Recuerdos malos y acusadores inundaban la mente de Seba. El sueño lo eludía mientras el miedo llenaba su corazón y el sudor cubría su piel. Era la noche antes de su bautismo, y no podía detener la avalancha de pensamientos oscuros. Había recibido a Jesús como Salvador y sabía que sus pecados habían sido perdonados, pero la batalla espiritual continuaba. En ese momento, su esposa lo tomó de la mano y oró por él. Poco después, la paz desplazó su temor. Entonces, se levantó y escribió las palabras que diría antes de ser bautizado. Luego, pudo experimentar un dulce sueño.
El rey David también sabía lo que era una noche de inquietud. Mientras huía de su hijo Absalón, que quería arrebatarle el trono (2 Samuel 15–17), sintió que «diez millares de gente» lo sitiaban (Salmo 3:6), y se lamentó: «¡Oh, Señor, cuánto se han multiplicado mis adversarios!» (v. 1). Aunque el temor y la duda podrían haber triunfado, clamó a Dios, su «escudo» (v. 3); y luego pudo decir: «me acosté y dormí […] porque el Señor me sustentaba» (v. 5).
Cuando el temor y las luchas inquietan nuestra mente, encontramos esperanza al orar a Dios. Aunque no experimentemos de inmediato un dulce sueño, podremos decir: «En paz me acostaré, […] me haces vivir confiado» (4:8). Dios está con nosotros y será nuestro reposo. Tom Felten - Pan Diario

No es la suerte, sino Cristo

La revista Discover sugiere que hay alrededor de 700 trillones de planetas en el universo, pero ninguno como el planeta Tierra. El astrofísico Erik Zackrisson dijo que uno de los requisitos para el mantenimiento de la vida es girar por la órbita en la zona de habitabilidad, donde la temperatura es justo la correcta y el agua puede existir. De todos esos planetas, la Tierra parece ser el único con las condiciones apropiadas. Zackrisson concluye que, de alguna manera, nuestro planeta «tuvo la suerte de su lado».
Pablo les aseguró a los creyentes colosenses que el universo existía, no por una cuestión de suerte sino por la obra de Jesús. Presenta a Cristo como el creador del mundo: «Porque en él fueron creadas todas las cosas» (Colosenses 1:16). Jesús no solo fue el poderoso creador del mundo, sino que Pablo afirma que «todas las cosas en él subsisten» (v. 17): un mundo que no es demasiado caliente ni demasiado frío, sino justo para la existencia humana. Lo que Jesús creó, lo sustenta con su sabiduría perfecta y poder incesante. Al ser parte del mundo y disfrutar de la belleza de la creación, no apuntemos a la actividad azarosa de la suerte, sino a Aquel en el cual a «Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud» (v. 19); con propósito, soberanía, poder y amor. Marvin Williams - Pan Diario