El comisario se maravilló por las oraciones, estimando que «cientos de miles o tal vez millones de plegarias fueron elevadas a Dios por ayuda durante el incendio en las montañas de Colorado en 2020, que arrasó más de 400 kilómetros cuadrados en doce horas, destruyendo bosques, quemando casas y amenazando ciudades enteras. Luego, llegó «el enviado de Dios», como lo llamó un meteorólogo. No fue lluvia, sino una oportuna nevada. Cayó en la zona del incendio, antes de temporada y alcanzando más de 30 centímetros de altura, reduciendo el fuego y, en algunos lugares, apagándolo.
Semejante ayuda misericordiosa es demasiado asombrosa de explicar. ¿Dios oye nuestras oraciones por nieve? ¿Y por lluvia también? La Biblia registra sus numerosas respuestas, incluso la de Elías, que esperaba que lloviera (1 Reyes 18:41-46), y que reconocía la soberanía de Dios aun en el clima. Como expresa el Salmo 147: «Él es quien […] prepara la lluvia para la tierra» (v. 8). «Da la nieve como lana, […] ante su frío, ¿quién resistirá?» (vv. 16-17).
Elías pudo oír «una lluvia grande» aun antes de que se formaran las nubes (1 Reyes 18:41). ¿Es nuestra fe en el poder de Dios tan poderosa? Él nos invita a confiar, sin importar su respuesta. Podemos buscar su ayuda asombrosa. Patricia Raybon - Pan Diario
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