El poder mayor de Dios

En marzo de 1945, el «Ejército Fantasma» ayudó a las tropas estadounidenses a cruzar el río Rin y darles así una base de operaciones vital en la Segunda Guerra Mundial. El equipo de 1.100 hombres simuló ser 30.000 al usar, entre otras cosas, tanques señuelos inflables, efectos de sonido de vehículos y explosiones por altoparlantes. Ese número pequeño de miembros hizo que el enemigo temiera a un supuesto ejército mucho más grande.
Los madianitas también temblaron ante un pequeño ejército que parecía grande (Jueces 7:8-22). Dios utilizó a Gedeón —juez, profeta y líder militar de Israel—para hacer que su diminuto ejército aterrorizara al enemigo. También usaron efectos de sonido (trompetas que sonaban, vasijas que se rompían y gritos) y objetos visibles (antorchas encendidas) para que su enemigo, «como langostas en multitud» (v. 12), creyera enfrentar a un enemigo colosal. Esa noche, Israel los derrotó con un ejército de solo 300 hombres que, por mandato de Dios, quedaron de los 32.000 iniciales (vv. 2-8). ¿Por qué? Porque eso dejó claro quién ganó realmente la batalla. Como Dios le dijo a Gedeón: «yo lo he entregado en tus manos» (v. 9). Cuando nos sintamos débiles e inferiores, busquemos a Dios y su fuerza, porque su «poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9). Tom Felten - Pan Diario

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