Un nuevo comienzo

«La conciencia cristiana empieza con la dolorosa percepción de que lo que suponíamos que era la verdad es, en realidad, una mentira», escribió Eugene Peterson en sus impactantes reflexiones sobre el Salmo 120. Este salmo es el primero de los «cánticos graduales», entonados por los peregrinos camino a Jerusalén; también un cuadro del periplo espiritual hacia Dios.
Este viaje solo puede comenzar reconociendo profundamente nuestra necesidad de algo diferente. Como lo expresa Peterson: «Una persona tiene que estar totalmente disgustada con la forma en que son las cosas, para sentirse motivada a tomar el camino cristiano […]. Hay que cansarse de los caminos del mundo antes de que despierte un apetito por el mundo de la gracia».
Es fácil desanimarse con el dolor y la desesperación que vemos en el mundo que nos rodea; la perversidad con que nuestra cultura suele mostrar indiferencia ante el daño hecho a los demás. El Salmo 120 lamenta sinceramente esto: «Yo soy pacífico; mas ellos, así que hablo, me hacen guerra» (v. 7).
Es liberador entender que nuestro dolor también puede inducirnos a un nuevo comienzo a través de nuestra única ayuda: el Salvador que puede guiarnos de las mentiras destructivas a senderos de paz y plenitud (121:2). En este nuevo año, busquemos al Señor y sus caminos. Monica La Rose - Pan Diario

La multitud

«Se ha descubierto que los hombres resisten a los monarcas más poderosos y rehúsan inclinarse ante ellos», señaló la filósofa y escritora Hannah Arendt. Y agregó: «Pero pocos resisten a la multitud, defienden solos sus convicciones ante las masas descarriadas, enfrentan sin armas su implacable furor». Como judía, Arendt fue testigo de esto en su Alemania natal. Hay algo aterrador en ser rechazado por el grupo.
El apóstol Pablo experimentó tal rechazo. Formado como fariseo y rabino, su vida dio un vuelco cuando se encontró con el Jesús resucitado. Después de su conversión camino a Damasco, persiguiendo a los que creían en Cristo (Hechos 9), se vio rechazado por su propio pueblo. En su segunda carta a los corintios, hizo un repaso de algunos de los problemas que enfrentó; entre ellos, «azotes» y «cárceles» (6:5).
En lugar de reaccionar con enojo y amargura, Pablo anhelaba que ellos también conocieran a Jesús. Escribió: «tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne» (Romanos 9:2-3).
Así como Dios nos ha dado la bienvenida a su familia, que también nos capacite para invitar incluso a nuestros adversarios a relacionarse con Él. Bill Crowder - Pan Diario

El resto de nuestra historia

Por más 60 años, el periodista Paul Harvey fue una voz conocida en la radio estadounidense. Seis días por semana, se lo oía decir con un estilo original: «Ya sabes cuál es la noticia; en un minuto, oirás el resto de la historia». Tras una breve publicidad, contaba una historia poco conocida de una persona muy conocida. Sin revelar hasta el final el nombre de la persona, deleitaba a los oyentes con su teatral cadencia: «Y ahora ya sabes… el resto de la historia».
La visión del apóstol Juan de cosas pasadas y futuras se revela con una promesa similar. Sin embargo, su historia comienza con una nota triste. No podía dejar de llorar cuando vio que ningún ser creado podía explicar hacia dónde iba la historia (Apocalipsis 4:1; 5:1-4). Luego, oyó una voz que brindaba esperanza en «el León de la tribu de Judá» (v. 5). Pero al mirar, en lugar de ver un león conquistador, vio un cordero como inmolado (vv. 5-6). La extraña visión generaba olas de celebración alrededor del trono de Dios. Tres coros se fueron uniendo: veinticuatro ancianos, innumerables ángeles, y todo lo creado en el cielo y la tierra (vv. 8-14).
¿Quién habría imaginado que un Salvador crucificado sería la esperanza de toda la creación, la gloria de nuestro Dios y el resto de nuestra historia? Mart DeHaan - Pan Diario

Liberación del foso de los leones

Cuando Taher y su esposa Donya creyeron en Jesús, sabían sobre el riesgo de persecución en su tierra natal. De hecho, un día, Taher fue encarcelado y culpado de apostasía. Antes del juicio, ambos acordaron que no traicionarían a Jesús.
Lo sucedido en la sentencia lo asombró. El juez dijo: «No sé por qué, pero quiero sacarlo de la boca de la ballena y del león». Taher entendió que Dios estaba obrando; de lo contrario, no podía explicar que el juez se refiriera a dos pasajes de la Biblia (Jonás 2 y Daniel 6). Taher fue liberado y, más tarde, emigró junto con su familia.
Su historia evoca la de Daniel, cuyo ascenso generó celos en sus colegas (Daniel 6:3-5). Tras planear su caída, estos convencieron al rey Darío de decretar una ley contra orar a otro que no fuera él… la cual Daniel ignoró. El rey no tuvo más opción que arrojarlo al foso de los leones (v. 16). Pero Dios liberó a Daniel y lo salvó de la muerte (v. 27), tal como salvó a Taher mediante la sorprendente liberación del juez. Hoy, muchos creyentes sufren por seguir a Jesús; y a veces, incluso son asesinados. Cuando enfrentamos persecución, podemos profundizar nuestra fe al entender que Dios tiene métodos inimaginables. Recuerda que Él está contigo en toda batalla que enfrentes. Amy Pye - Pan Diario

El Dios que redime

Para ilustrar un mensaje, caminé hacia la hermosa pintura que una artista había creado sobre la plataforma y pinté una raya oscura en el medio. La congregación se horrorizó. La artista simplemente se quedó parada cerca y observó mientras yo desfiguraba su obra. Luego, tomando un pincel nuevo, ella transformó amorosamente la pintura arruinada en una obra de arte maravillosa.
Su obra de restauración me recuerda lo que Dios puede hacer en nuestra vida cuando la arruinamos. El profeta Isaías reprendió a Israel por su ceguera y sordera espiritual (Isaías 42:18-19), pero luego proclamó la esperanza de la liberación divina: «No temas, porque yo te redimí» (43:1). Y Dios puede hacer lo mismo con nosotros. Aun después de pecar, si confesamos nuestros pecados y acudimos a Dios, Él nos perdona y restaura (vv. 5-7; ver 1 Juan 1:9). Nosotros no podemos producir belleza del caos, pero Jesús sí. La buena noticia es que Él nos ha redimido con su sangre; y que un día secará nuestras lágrimas, redimirá nuestro pasado y hará todo nuevo (Apocalipsis 21:4-5). Tenemos una visión limitada de nuestra historia. Pero Dios, que nos conoce por «nombre» (Isaías 43:1), volverá nuestra vida más hermosa de lo imaginable. Si fuiste redimido por la fe en Jesús, tu historia, como el cuadro, tiene un final glorioso. Glenn Packiam - Pan Diario