Someterse a Dios

Tras nacer en una granja, Judson Van DeVenter aprendió a pintar, estudió y se convirtió en maestro de arte. Pero Dios tenía un plan distinto para él. Sus amigos de la iglesia lo instaron a dedicarse a evangelizar. Judson también sintió que Dios lo llamaba, pero le costaba dejar su amor por el arte. Luchó con Dios, pero «por fin» —escribió—, «la hora del cambio llegó a mi vida, y le entregué todo».
Es imposible imaginar la angustia de Abraham cuando Dios lo llamó a entregar a su hijo Isaac. Tras su orden: «ofrécelo allí en holocausto» (Génesis 22:2), nos preguntamos qué cosa preciosa nos está llamando Él a sacrificar. Sabemos que, al final, Dios salvó a Isaac (v. 12), pero la enseñanza quedó: Abraham estuvo dispuesto a ofrecer lo más preciado para él. Confió en que Dios proveería. Decimos que amamos a Dios, pero ¿estamos dispuestos a sacrificar lo más preciado? Judson obedeció el llamamiento de Dios a evangelizar, y más tarde escribió el himno Consagrarme todo entero. Al tiempo, Dios llamó a Judson a enseñar de nuevo. Uno de sus alumnos fue un joven llamado Billy Graham.
El plan de Dios para nuestra vida tiene propósitos que no imaginamos. Anhela que estemos dispuestos a consagrarle todo. Es lo menos que podemos hacer, ya que Él sacrificó a su Hijo por nosotros. Kenneth Petersen - Pan Diario

Reconfigurado por la gratitud

Después de que le diagnosticaran un tumor cerebral, Christina Costa notó que gran parte del lenguaje sobre cómo enfrentar el cáncer se centraba en luchar. Sintió que esa metáfora la agotaba y dijo que «no quería pasar un año en guerra contra [su] cuerpo». Lo que le resultó más útil fue la práctica diaria de dar gracias por los profesionales que la atendían y por las muestras de recuperación de su salud. Experimentó personalmente que, aunque las luchas sean difíciles, la gratitud nos ayuda a resistir y a «configurar nuestro cerebro para desarrollar resiliencia».
Su impactante historia me recordó que ser agradecidos no es algo que los creyentes hacen solo por obligación. Aunque es verdad que Dios merece nuestra gratitud, agradecer también nos ayuda profundamente. Cuando exclamamos de corazón: «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios» (Salmo 103:2), recordamos las incontables formas en que Dios obra: perdonándonos, sanando nuestros cuerpos y corazones, permitiéndonos experimentar «favores y misericordias» y un «bien» incalculable (vv. 3-5). Aunque no todo el sufrimiento se sane por completo en esta vida, la gratitud puede renovar siempre nuestro corazón, porque la misericordia de Dios hacia nosotros es «desde la eternidad y hasta la eternidad» (v. 17). Monica La Rose - Pan Diario

Dotado de amor

Cuando se casó, Gwndolyn Stulgis llevó el vestido de bodas de sus sueños. Y luego lo regaló… a una desconocida. Creía que un vestido merecía más que estar guardado en un armario, acumulando polvo. Otras novias coincidieron. Ahora, muchísimas mujeres se han unido a su red social para donar y recibir vestidos de boda. Como dijo una donante: «Espero que este vestido pase de novia en novia y que, al final de su vida, quede hecho girones por todas las bodas realizadas con él».
Sí, el espíritu de dar puede sentirse como una celebración. Como está escrito: «Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado» (Proverbios 11:24-25).
Pablo enseñó este principio en el Nuevo Testamento. Al despedirse de los creyentes en Éfeso, los bendijo, les recordó la importancia de la generosidad y les dejó como ejemplo su ética laboral: «En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35). Ser generoso refleja a Dios: «Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado…» (Juan 3:16). Sigamos su glorioso ejemplo. Patricia Raybon - Pan Diario

Amistad profunda en Cristo

En la capilla de Christ´s College, en Cambridge, Inglaterra, hay un monumento dedicado a dos médicos del siglo xvii, John Finch y Thomas Baines. Conocidos como los «amigos inseparables», colaboraron en investigaciones y viajaron juntos en viajes diplomáticos. Cuando Baines murió, en 1680, Finch recordó su «ininterrumpido matrimonio de almas» durante 36 años. Su amistad estuvo marcada por el afecto, la lealtad y el compromiso.
El rey David y Jonatán tuvieron una amistad igual de cercana. Compartieron un profundo afecto (1 Samuel 20:41), e incluso se hicieron votos de compromiso (vv. 8-17, 42). Su amistad se caracterizó por una lealtad absoluta (1 Samuel 19:1-2; 20:13). Jonatán incluso sacrificó su derecho al trono para que David pudiera convertirse en rey (20:30-31; ver 23:15-18). Cuando Jonatán murió, David dijo en su angustia que el amor de Jonatán por él había sido «más maravilloso […] que el amor de las mujeres» (2 Samuel 1:26). Hoy tal vez nos sintamos incómodos al comparar la amistad con el matrimonio, pero quizá amistades como la de Finch y Beines y la de David y Jonatán nos ayuden a profundizar nuestras propias amistades. Que el afecto, la lealtad y el compromiso que Jesús mostró (Juan 13:23-25), y nos muestra, sean la base de las amistades profundas que forjemos. Sheridan Voysey - Pan Diario

Humildad de estrella

Después de un partido, una estrella del básquet universitario se quedó para ayudar a los empleados a recoger los vasos vacíos y envoltorios de comida. Cuando un aficionado publicó un video de él en acción, lo vieron más de 80.000 personas. Alguien comentó: «[El joven] es uno de los tipos más humildes que conocerás en tu vida». Habría sido más fácil que el jugador se hubiese ido con sus compañeros de equipo a celebrar su papel en el triunfo, pero se ofreció para un trabajo nada grato.
El espíritu supremo de humildad se ve en Jesús, quien dejó su posición elevada en el cielo para asumir el papel de un siervo en la tierra (Filipenses 2:7). No tenía que hacerlo, pero se humilló voluntariamente. Su ministerio aquí incluyó enseñar, sanar y amar a las personas… y morir y resucitar para salvarnos.
El ejemplo de Jesús cobra mayor poder cuando se manifiesta en nuestra actitud hacia los demás. La humildad verdadera es una cualidad interior que no solo cambia nuestras acciones, sino también nuestras prioridades. Nos motiva a «[estimar] cada uno a los demás como superiores» (v. 3).
El escritor Andrew Murray dijo: «La humildad es la flor y la belleza de la santidad». Que nuestra vida muestre esta belleza al reflejar, con el poder del Espíritu, el corazón de Cristo (vv. 2-5). Jennifer Schuldt - Pan Diario