Siguiente paso de amor

¿Qué haría que alguien ayude a un competidor? Para Adolfo, el dueño de un restaurante, fue la oportunidad de alentar a otros en su mismo oficio a adaptarse a las regulaciones por el Covid. Conocía personalmente los desafíos de operar un negocio durante una pandemia. Alentado por la generosidad de otro negocio local, Adolfo gastó su propio dinero para comprar más de 2.000 dólares en tarjetas de regalo para darles a sus clientes para que las usaran en otros restaurantes. Esta sí que es una expresión de amor, no solo en palabras sino en acción.
Basándose en la expresión suprema de amor demostrada por la disposición de Jesús a entregar su vida por la humanidad (1 Juan 3:16), Juan alienta a sus lectores a dar también el paso siguiente y poner el amor en acción. Para él, «poner nuestras vidas por los hermanos» (v. 16) significa demostrar la misma clase de amor que ejemplificó Jesús, lo que mayormente se expresa mediante acciones prácticas diarias, como compartir los bienes materiales. No era suficiente amar con palabras; el amor exige obras sinceras y significativas (v. 18).
Poner el amor en acción puede ser difícil porque podría implicar un sacrificio personal por otra persona, pero con el poder del Espíritu, podemos dar el siguiente paso de amor. Lisa Samra - Pan Diario

Confianza feliz

Una mujer rescató a Rudy de un refugio de animales y el perro se volvió su compañero. Durante diez años, durmió tranquilamente junto a la cama de Linda, pero luego, empezó a saltar a su lado y lamerle la cara. Linda lo regañaba, pero todas las noches, Rudy hacía lo mismo. «Poco después, saltaba sobre mi falda y me lamía la cara cada vez que me sentaba», dijo ella.
Cuando planeaba llevar a Rudy para que le enseñaran a obedecer, comenzó a preguntarse por qué la lamía siempre en el mismo lugar. Cohibida, Linda fue al médico, quien le descubrió un tumor óseo microscópico. Le dijo que si hubiese esperado más, probablemente habría muerto. Linda confió en los instintos de Rudy, y se alegró de haberlo hecho.
Las Escrituras nos repiten que confiar en Dios trae vida y gozo. «Bienaventurado el hombre que puso en el Señor su confianza», escribe el salmista (40:4). Otra traducción resalta aún más este concepto: «Bienaventurado el hombre que puso al Señor por su confianza» (v. 4 RVA). En los salmos, bienaventurado implica abundancia: un gozo efervescente, que desborda. Cuando confiamos en Dios, el resultado final es una felicidad profunda y genuina. Esta confianza tal vez no se logre fácilmente, y los resultados no sean como imaginamos. Pero estaremos felices de haber confiado en el Señor. Winn Collier - Pan Diario

«YO SOY»

Jack, un profesor de filosofía y literatura, tenía una mente brillante. Se había declarado ateo a los quince años, y de adulto, defendía rotundamente su «fe atea». Sus amigos cristianos trataban de persuadirlo. Jack comentó: «Todos y todo se unieron del lado opuesto». Pero tuvo que admitir que la Biblia era diferente a toda otra literatura y mitos. Escribió sobre el evangelio: «Si un mito tuviera alguna vez que volverse cierto, encarnado, sería este».
Éxodo 3 fue el pasaje de la Biblia que más lo impactó. Cuando Dios llamó a Moisés para sacar a los israelitas de Egipto, este preguntó: «¿Quién soy yo para que vaya a Faraón?» (v. 11). Y Dios respondió: «yo soy el que soy» (v. 14). Este pasaje refleja la presencia eterna de Dios desde el principio. Es interesante que, después, Jesús hiciera eco de lo mismo cuando declaró: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58).
A Jack, más conocido como C. S. Lewis, este pasaje lo convenció profundamente. Era todo lo que el único Dios verdadero necesitaba decir; simplemente, que Él es el «yo soy». En un momento transformador, Lewis «se rindió y admitió que Dios era Dios», y tiempo después, aceptó a Jesús. Quizá luchemos con la incredulidad o con una fe tibia. Preguntémonos si Dios es realmente el «yo soy» en nuestra vida. Kenneth Petersen - Pan Diario

Liderazgo enfocado en el reino

Cuando me uní a un grupo de autores cristianos de libros para niños, que oraban unos por otros y se ayudaban para promocionar los materiales, algunos dijeron que éramos «tontos por trabajar con competidores». Pero nuestro grupo estaba dedicado a un liderazgo enfocado en la obra de Dios; y en la comunión, no la competencia. Compartíamos la misma meta: difundir el evangelio. Servíamos al mismo Rey: Jesús. Juntos, estamos alcanzando a más personas con nuestro testimonio de Cristo.
Cuando Dios le pidió a Moisés que escogiera a 70 ancianos con experiencia en liderar, dijo: «tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo» (Números 11:16-17). Más tarde, Josué vio que dos de los ancianos profetizaban, y le dijo a Moisés que los detuviera. Moisés respondió: «¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo del Señor fuese profeta, y que el Señor pusiera su espíritu sobre ellos» (v. 29). Cada vez que nos enfocamos en la competencia o las comparaciones que nos impiden trabajar con otros, el Espíritu Santo puede darnos poder para resistir esa tentación. Cuando le pedimos a Dios que nos ayude a liderar enfocados en su reino, Él extiende el evangelio en el mundo y aliviana nuestra carga al servir juntos. Xochitl Dixon - Pan Diario

Comparte tu fe

En 1701, la Iglesia Anglicana fundó la Sociedad para la Propagación del Evangelio, a fin de enviar misioneros a todo el mundo. El lema que escogieron fue transiens adiuva nos, una frase en latín que significa: «¡Pasen y ayúdennos!». Este ha sido el llamamiento a los embajadores del evangelio desde el primer siglo, cuando los seguidores de Jesús llevan el mensaje del amor y el perdón de Dios a un mundo que lo necesita desesperadamente.
La frase «pasen y ayúdennos» viene del «llamamiento macedonio» en Hechos 16. Pablo y su equipo habían llegado a Troas, en la costa oeste de Asia Menor (actual Turquía, v. 8). Allí, Pablo tuvo «una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos» (v. 9). Al recibirla, él y sus colaboradores «en seguida [procuraron] partir para Macedonia» (v. 10). Entendieron la importancia vital del llamamiento. No todos son llamados a cruzar océanos, pero sí podemos sustentar con nuestras oraciones y dinero a los que lo hacen. Y todos podemos contarle a alguien —en casa, la calle o la ciudad— la buena noticia de Jesús. Oremos para que Dios nos permita pasar y darle a la gente la mayor ayuda: la salvación en el nombre de Jesús. Bill Crowder - Pan Diario