Ojos para ver

Genevieve tenía que ser los «ojos» de sus tres hijos, todos con cataratas congénitas. Dondequiera que los llevaba, en su aldea de la República de Benín, en África Occidental, sujetaba a uno de su espalda y sostenía el brazo y la mano de los otros dos, previendo peligros. En una cultura que considera que la ceguera es provocada por la brujería, Genevieve, desesperada, clamó a Dios por ayuda.
Entonces, un hombre de su aldea le contó sobre Mercy Ships, un ministerio que ofrece cirugías vitales en obediencia al modelo de Jesús de brindar esperanza y sanidad a los pobres. Preguntándose si podrían ayudar, los contactó. Cuando los niños se despertaron tras las cirugías, ¡podían ver!
La historia de Dios siempre ha consistido en acercarse a los sumidos en tinieblas y darles su luz. El profeta Isaías declaró que el Señor sería «luz de las naciones» (Isaías 42:6); que «[abriría] los ojos de los ciegos» (v. 7), no solo restaurando la vista física, sino también la visión espiritual. Y prometió sostener a su pueblo de la mano (v. 6). El Señor devolvió la vista a los ciegos y trajo luz a los que viven en oscuridad. Si te sientes vencido por las tinieblas, aférrate a las promesas de nuestro Padre amoroso, mientras le pides que su luz te ilumine. Amy Pye - Pan Diario

Alegría en la ciudad

Cuando Argentina y Francia se enfrentaron en la final de la Copa del Mundo en 2022, muchos consideraron que ese partido increíble fue «el mejor en la historia de los mundiales de fútbol». Luego de terminar empatados 3 a 3, tuvieron que definir con penaltis. Cuando Argentina logró el gol del triunfo, toda la nación saltó para celebrar. Más de un millón de argentinos se concentraron en Buenos Aires. Las imágenes de los drones se difundieron en las redes sociales, mostrando esas escenas estridentes de alegría. Un informe de la BBC lo describió como «una explosión de alegría”.
La alegría es siempre maravillosa. Pero Proverbios describe cómo una ciudad, un pueblo, puede experimentar un gozo aún más profundo y duradero. Dice: «En el bien de los justos la ciudad se alegra» (11:10). Cuando los que viven para Dios, según lo que Él diseñó para la humanidad, influyen en su comunidad, esto indica una buena noticia, porque significa que la justicia de Dios se está aplicando. Disminuye la codicia, se ayuda a los pobres, se protege a los oprimidos. Cuando se vive con rectitud, hay alegría y «bendición» en la ciudad (v. 11).
Si vives genuinamente en los caminos de Dios, habrá buenas noticias para todos, ya que esto beneficia a nuestro entorno. Dios nos invita a ser parte de su obra y traer alegría al mundo. Winn Collier - Pan Diario

Cinco cosas buenas

Según una investigación, las personas agradecidas duermen mejor, tienen menos síntomas de enfermedad y son más felices. ¡Qué beneficios impresionantes! Los psicólogos incluso sugieren escribir en un «diario de agradecimiento» cinco cosas por las que estamos agradecidos cada semana, para favorecer nuestro bienestar.
Hace mucho que las Escrituras promueven la práctica del agradecimiento. Desde las comidas y el matrimonio (1 Timoteo 4:3-5) hasta las bellezas de la creación (Salmo 104), la Biblia nos invita a considerarlos un regalo y dar gracias por ellos al Dador. El Salmo 107 enumera cinco cosas por las que Israel podía estar especialmente agradecido: su rescate en el desierto (vv. 4-9), su liberación del cautiverio (vv. 10-16), la curación de enfermedades (vv. 18-22), la seguridad en el mar (vv. 23-32) y su prosperidad en una tierra estéril (vv. 33-42). Todas estas cosas son señales de «su gran amor», por eso el salmo repite: «den gracias al Señor » (vv. 8, 15, 21, 31 NVI).
¿Tienes una libreta? ¿Por qué no escribes ahora cinco cosas por las que estás agradecido? Podría ser la comida, tu matrimonio, los momentos en que Dios te rescató, el canto de las aves, el aroma de tu cocina, las voces de tus seres queridos. Cada cosa es una muestra del gran amor de Dios. Sheridan Voysey - Pan Diario

Nuestra nueva naturaleza en Cristo

A nuestra pícea azul se le caían las piñas y las agujas. El experto en árboles la miró y dijo: «Las píceas son así». Había esperado una explicación mejor… o un remedio. Pero el hombre se encogió de hombros y volvió a decir: «Las píceas son así». Por naturaleza, los árboles dejan caer agujas. No se puede cambiar.
Felizmente, nuestra vida espiritual no está limitada por acciones o actitudes irreversibles. Pablo enfatizó esta verdad liberadora a los creyentes efesios, diciendo que los gentiles tenían «el entendimiento entenebrecido»: la mente cerrada a Dios. El corazón endurecido con «toda clase de impureza», buscando solo sus placeres y lascivia (Efesios 4:18-19).
Pero, como ellos habían oído sobre Jesús y su verdad, escribió: «En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre» (v. 22). Señaló que nuestra vieja naturaleza «está [viciada] conforme a los deseos engañosos». Y agregó: «vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (vv. 22-24).
Luego, enumeró nuevas maneras de vivir: «haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad» (v. 28). Nuestro nuevo yo en Cristo nos permite vivir una vida digna de nuestro llamamiento, entregada al camino de nuestro Salvador. Patrícia Raybon - Pan Diario

¡Te oigo, Dios!

El bebé Gabriel se movía y se quejaba mientras su madre lo sostenía para que los doctores le colocaran su primer audífono. En cuanto el médico encendió el artefacto, Gabriel dejó de llorar. Abrió grande los ojos y sonrió. Podía oír la voz de su mamá que lo consolaba, lo alentaba y decía su nombre.
El bebé oyó hablar a su madre, pero necesitó ayuda para aprender a reconocer su voz y entender el significado de sus palabras. Jesús invita a las personas a un proceso de aprendizaje similar. Cuando aceptamos a Cristo como Salvador, nos convertimos en ovejas a las que conoce íntimamente y las guía de forma personal (Juan 10:3). Podemos desarrollar confianza en Él y obediencia cuando practicamos oír y escuchar su voz (v. 4).
En el Antiguo Testamento, Dios habló a través de los profetas. En el Nuevo Testamento, Jesús —Dios encarnado— hablaba directamente con la gente. Hoy, los creyentes tenemos al Espíritu Santo, quien nos ayuda a entender y obedecer las palabras de Dios, que Él inspiró y preservó en la Biblia. Podemos comunicarnos directamente con Jesús mediante nuestras oraciones, mientras Él nos habla a través de las Escrituras y sus hijos. Cuando aprendemos a reconocer la voz de Dios, podemos exclamar con alabanza y gratitud: «¡Te oigo, Dios!». Xochitl Dixon - Pan Diario