La alegría de una buena noticia


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En 1964, un gran terremoto de magnitud 9.2 hizo temblar Alaska durante cuatro minutos. En Anchorage, manzanas enteras desaparecieron, dejando cráteres y escombros. Durante esa aterradora noche, la reportera Genie Chance daba mensajes por radio a la gente desesperada: un obrero escuchó que su esposa estaba viva; familias angustiadas oyeron que sus hijos, en un campamento, estaban bien; una pareja se enteró de que habían encontrado a sus hijos. La radio no dejaba de dar buenas noticias… pura alegría en medio de las ruinas.
Los israelitas habrán sentido algo parecido cuando oyeron las palabras del profeta Isaías: «me ungió el Señor; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos» (61:1). Al ver sus vidas desperdiciadas y su futuro oscuro, la voz clara de Isaías les traía buenas noticias. La intención de Dios era «vendar a los quebrantados de corazón, […] publicar libertad a los cautivos […]; [restaurar] las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones» (vv. 1, 4). En medio de su terror, el pueblo escuchó la promesa tranquilizadora de Dios, su buena noticia.
Hoy, nosotros escuchamos la buena noticia (esto significa la palabra evangelio) de Dios en Jesús. En nuestros miedos, dolores y fracasos, Él da una buena noticia que abre paso a la alegría. Winn Collier - Pan Diario

Parte de la familia

Downtown Abbey era un programa de televisión británico sobre las vicisitudes de la ficticia familia Crawley durante los cambios sociales en la Inglaterra de comienzos del siglo XX. Uno de los personajes clave, Tom Branson, comenzó como chofer de la familia, antes de sorprender a todos al casarse con la hija menor de los Crawley. Después de un período de exilio, la pareja regresó a Downtown Abbey y él se volvió parte de la familia, accediendo a los derechos y privilegios que se le habían negado como empleado.
Nosotros éramos considerados «extranjeros [y] advenedizos» (Efesios 2:19), y excluidos de los derechos dados a los miembros de la familia de Dios. Pero por Jesucristo, todos los creyentes, sin importar sus trasfondos, son reconciliados con Dios y hechos «miembros de [su] familia» (v. 19). Entonces, con un gozo ilimitado y sin obstáculos «tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él» (3:12). Nos volvemos parte de una comunidad de fe que nos apoya y alienta (2:19-22), y mutuamente, nos ayudamos a comprender el amor abundante de Dios (3:18).
El temor y las dudas pueden hacernos sentir ajenos a los beneficios de ser parte de la familia de Dios, pero aférrate a la realidad de las generosas dádivas de amor (2:8-10) y disfruta de la maravilla de ser suyo. Lisa Samra - Pan Diario

Evita la puerta

El lirón movió la nariz… algo delicioso estaba cerca. El aroma lo guio a un comedero lleno de semillas. El lirón trepó, se deslizó por la puerta y comió sin parar toda la noche. Solo por la mañana se dio cuenta del problema en el que estaba. Los pájaros lo picoteaban a través de la puerta del comedero, pero atascado de semillas, tenía el doble de tamaño y no podía escapar.
Las puertas pueden llevarnos a lugares hermosos… o peligrosos. En Proverbios 5, Salomón aconseja específicamente evitar la tentación sexual. Dice que aunque el pecado sexual puede ser seductor, lleva a problemas si se persigue (5:3-6). Es mejor mantenerse alejado, porque si atraviesas esa puerta, quedarás atrapado, perderás la honorabilidad y extraños te robarán tu riqueza (vv. 7-11). En cambio, se nos aconseja disfrutar de la intimidad con nuestro cónyuge (vv. 15-20). Y el consejo puede tener una aplicación más amplia (vv. 21-23). Ya sea comer de más, comprar de más o cualquier otra cosa, Dios puede ayudarnos a evitar la puerta que lleva a esa trampa. El lirón se habrá alegrado cuando el dueño de casa lo encontró y lo liberó. Felizmente, la mano de Dios está siempre dispuesta a liberarnos. Pero en primer lugar, recurramos a su fortaleza para evitar la puerta que nos hace caer en la trampa. Sheridan Voysey - Pan Diario

Seguir al líder

Sin palabras, solo música y movimiento. Durante 24 horas, en medio de la pandemia de COVID-19, miles de personas de todo el mundo participaron de una maratón de Zumba. Esos individuos diversos pudieron moverse juntos sin barreras de idiomas. ¿Por qué? Porque los instructores del ejercicio, creado a mediados de la década de 1990 por un colombiano, usaban señales no verbales para comunicarse. Los líderes se movían, y los alumnos los seguían, sin pronunciar palabras ni gritar.
A veces, las palabras se interponen y crean barreras. Pueden causar confusión como la de los corintios, tal como se observa en la primera carta que les escribió Pablo. Una confusión provocada por opiniones diferentes sobre comer determinados alimentos (1 Corintios 10:27-30). Pero nuestras acciones pueden trascender las barreras y la confusión. Como dice Pablo, debemos mostrarle a la gente cómo seguir a Jesús con nuestro proceder, buscando «el [beneficio] de muchos» (vv. 32-33). Invitamos al mundo a creer en Él cuando imitamos el ejemplo de Cristo (11:1).
Alguien dijo: «Predica el evangelio todo el tiempo. Usa palabras cuando sea necesario». Que nuestras acciones muestren a otros la realidad de nuestra fe. Y que nuestras palabras y acciones sean «todo para la gloria de Dios» (10:31). Katara Patton - Pan Diario

El desafío a las estrellas

A principios del siglo xx, el poeta italiano F. T. Marinetti lanzó el futurismo, un movimiento artístico que rechazaba el pasado, se burlaba de las ideas tradicionales sobre la belleza y exaltaba la maquinaria. En 1909, escribió Manifiesto futurista, donde declaró «el desprecio de la mujer», elogió «el puñetazo» y afirmó: «Queremos glorificar la guerra». Concluye diciendo: «¡En pie sobre la cima del mundo arrojamos nuestro reto a las estrellas!».
Cinco años después, la guerra moderna se desató en serio. La Primera Guerra Mundial no trajo gloria. Y Marinetti mismo murió en 1944. Las estrellas, aún en su lugar, ni se dieron cuenta.
El rey David cantó poéticamente sobre las estrellas, pero con un enfoque diferente. Escribió: «Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?» (Salmo 8:3-4). La pregunta de David no encierra incredulidad sino una humildad asombrosa. Sabemos que el Dios que hizo este vasto cosmos se interesa de verdad por nosotros. Observa cada detalle de nuestra vida: lo bueno, lo malo, lo humilde, lo insolente… incluso lo absurdo. No tiene sentido desafiar a las estrellas. Más bien, ellas nos desafían a alabar a nuestro Creador. Tim Gustafson - Pan Diario