Plantado en Dios

«El viento agita las lilas»; así comienza el poema de Sara Teasdale titulado May [Mayo], donde describe una visión de los arbustos de lilas que se sacuden con las fuertes ráfagas. Pero se lamentaba de un amor perdido, y su poema pronto se volvió triste.
Las lilas en nuestro patio trasero también enfrentaron un desafío: el hacha de un jardinero diligente que «podó» todas las plantas hasta los troncos. Lloré. Entonces, tres años después de ver ramas estériles, un ataque de moho polvoriento y mi plan infiel de arrancarlas, nuestras sufrientes lilas rebrotaron. Solo necesitaban tiempo, y yo simplemente debía esperar lo que no podía ver.
La Biblia cuenta sobre muchas personas que esperaron por fe a pesar de la adversidad. Noé: la lluvia que no llegaba. Caleb: 40 años para vivir en la tierra prometida. Rebeca: 20 años para concebir un hijo. Jacob: 7 años para casarse con Raquel. Simeón: un largo tiempo para ver al bebé Jesús. Su paciencia fue recompensada.
Por el contrario, los que esperan en los humanos serán «como la retama en el desierto» (Jeremías 17:6). Teasdale concluyó su poesía diciendo: «Voy camino al invierno», pero Jeremías se regocijó afirmando: «Bendito el varón que confía en el Señor. […] será como el árbol plantado junto a las aguas» (vv. 7-8). Patricia Raybon - Pan Diario

Nuevo ADN en Jesús

A Cris le volvieron a analizar la sangre cuatro años después de un trasplante de médula ósea. La médula del donante no solo lo había sanado sino que había dejado una sorpresa: su ADN. En realidad, tiene sentido porque el objetivo del procedimiento era reemplazar su sangre debilitada con la sana de un donante. En algunos sentidos, Cris se había convertido en otra persona… aunque mantenía sus recuerdos, su apariencia y parte de su ADN original.
Esta experiencia se asemeja sorprendentemente a lo que sucede en la vida de una persona que recibe a Cristo como Salvador. Al poner nuestra fe en Él, nos convertimos en una nueva creación (2 Corintios 5:17). En su carta, Pablo alienta a los efesios a manifestar esa transformación interna: despojarse del viejo hombre y su forma de vivir, y «[vestirse] del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (Efesios 4:22, 24). Ser apartados para Cristo.
No necesitamos muestras de sangre ni análisis para mostrar el poder transformador de Jesús que vive en nuestro interior. Esa realidad debe evidenciarse en nuestra relación con el mundo que nos rodea, revelando que somos «benignos unos con otros, misericordiosos, [perdonándonos] unos a otros, como Dios también [nos] perdonó […] en Cristo» (v. 32). Kirsten Holmberg - Pan Diario

Invertir en otros

Cuando una compañía ofreció mil millas para viajeros frecuentes por cada diez compras de uno de sus productos, un hombre se dio cuenta de que el más barato eran tazas individuales de postre de chocolate. Compró más de 12.000; y por 3.000 dólares, recibió un suministro de millas de por vida para él y su familia. También donó el postre a obras benéficas, lo que redujo sus impuestos en 800 dólares. ¡Un genio!
Jesús narró una parábola controversial sobre un administrador astuto que, como iban a despedirlo, redujo la deuda de los le debían a su amo. Sabía que después podría depender de la ayuda de ellos por el favor que les había hecho. Jesús no estaba elogiando al hombre, pero sabía que podríamos aprender de su ingenio. Dijo que podíamos sagazmente «[ganar] amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, [nos] reciban en las moradas eternas» (Lucas 16:9). Como «el muchacho del postre» convirtió dulces en vuelos, usemos nuestras «riquezas injustas» para ganar «lo verdadero» (v. 11).
¿Qué es lo verdadero? Jesús dijo: «dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote» (12:33). Lo que invertimos no gana nuestra salvación, pero sí la reafirma: «donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (v. 34). Mike Wittmer - Pan Diario

Soberbia y engaño

Amado Dios, gracias por tu corrección amable y alentadora —murmuré con los hombros caídos—. He sido tan soberbia al pensar que podía sola. Durante meses, había disfrutado de exitosos proyectos de trabajo, y los elogios me tentaron a confiar en mis capacidades e ignorar la guía de Dios. Tuve que enfrentar un proyecto desafiante para darme cuenta de que no era tan inteligente como pensaba. Mi corazón soberbio me había engañado, haciéndome creer que no necesitaba la ayuda del Señor.
Dios disciplinó al poderoso reino de Edom por su soberbia. Edom estaba ubicado en terreno montañoso, lo que lo hacía aparentemente invulnerable (Abdías 1:3). Era también una nación rica, en el centro de rutas comerciales estratégicas y con abundancia de cobre, un producto sumamente valioso en el mundo antiguo; llena de cosas buenas pero también de soberbia. Sus ciudadanos se creían invencibles, incluso por oprimir al pueblo de Dios (vv. 10-14), pero Él utilizó al profeta Abdías para comunicarles su juicio: naciones vecinas se levantarían y los humillarían (vv. 1-2). La soberbia nos engaña al hacernos pensar que podemos vivir sin Dios. Nos hace sentir invulnerables a la autoridad, la corrección y la debilidad. Pero Dios nos llama a arrepentirnos y humillarnos (1 Pedro 5:6), y a confiar por completo en Él. Karen Huang - Pan Diario

Ternura divina

Una vez, oí que un empresario decía que, en sus años de universidad, solía sentirse «impotente y desesperado» por crisis depresivas. Lamentablemente, nunca habló con un doctor sobre sus sentimientos, sino que recurrió a planes más drásticos: solicitó en una biblioteca un libro sobre el suicidio y estableció una fecha para quitarse la vida.
Dios se interesa por los «desesperados y desesperanzados», y lo vemos en cómo trató a personajes de la Biblia en sus momentos oscuros. Cuando Jonás quería morirse, conversó tiernamente con él (Jonás 4:3-10). Cuando Elías le pidió que le quitara la vida (1 Reyes 19:4), le proveyó pan y agua para recuperarse (vv. 5-9), le habló con dulzura (vv. 11-13) y lo ayudó a ver que no estaba solo (v. 18). Dios se acerca con ayuda práctica y tierna a los abatidos.
La biblioteca envió una nota al estudiante cuando el libro estuvo listo para retirar, pero por equivocación, llegó al domicilio de sus padres. Cuando su desconsolada madre lo llamó, se dio cuenta de la devastación que le provocaría. Ese error hace que todavía esté vivo. No creo que aquel estudiante se haya salvado por suerte o casualidad. Ya sea que se trate de pan o agua cuando lo necesitamos o de una dirección equivocada, es la ternura divina lo que interviene misteriosamente para salvarnos. Sheridan Voysey - Pan Diario