Esperanzas y anhelos

Cuando me mudé a Inglaterra, la celebración norteamericana de Acción de Gracias se transformó en un jueves más de noviembre. Aunque anhelaba estar con amigos y familiares aquel día, entendía que no era la única. Todos anhelamos estar con seres queridos en ocasiones especiales. Y aun cuando celebramos, tal vez extrañemos a alguien que no está, o quizá oremos por paz para nuestra familia dividida.
Durante esos momentos, me ha ayudado orar y meditar en la sabiduría de la Biblia, incluidos los proverbios del rey Salomón: «La esperanza que se demora es tormento del corazón; pero árbol de vida es el deseo cumplido» (Proverbios 13:12). En este proverbio, Salomón observa el efecto que puede tener la «esperanza que se demora»: puede resultar en angustia y dolor. Pero, cuando se cumple el deseo, es como un árbol de vida, algo que nos permite sentirnos renovados.
Algunos de nuestros deseos tal vez no se cumplan enseguida, y Dios quizá conceda otros después de que muramos. No importa cuál sea nuestro anhelo, podemos confiar en Él, sabiendo que nos ama infinitamente. Y un día, nos reuniremos con seres queridos en una gran celebración de acción de gracias a Él (ver Apocalipsis 19:6-9). Amy Pye - Pan Diario

Confiarle nuestro futuro a Dios

En 2010, Laszlo Hanyecz hizo la primera compra con bitcoin (una moneda digital que valía una fracción de un centavo), y pagó 10.000 bitcoins por dos pizzas (que valían 25 dólares). En 2021, esos mismos bitcoins habrían valido más de 500 millones de dólares. Antes de que el valor de esta moneda se disparara, el hombre siguió pagando pizzas con bitcoins, y llegó a gastar 100.000 en total. Si los hubiera guardado, su valor lo habría transformado en un multimillonario. Si tan solo hubiese sabido lo que vendría.
Por supuesto, nadie habría podido preverlo. A pesar de nuestros intentos de comprender y controlar el futuro, Eclesiastés suena real: «no sabe nadie lo que ha de ser» (10:14). Algunos nos engañamos pensando que sabemos más de lo que en realidad sabemos; o peor, que entendemos mejor la vida o el futuro de otra persona. Pero Eclesiastés pregunta: «¿y quién le hará saber lo que después de él será?» (v. 14). Nadie.
La Escritura contrasta a un sabio con un insensato, y una distinción entre ambos es la humildad respecto al futuro (Proverbios 27:1). El sabio reconoce que solo Dios sabe lo que hay más allá del horizonte. Pero el necio se jacta de un conocimiento que no posee. Que podamos tener sabiduría y confiarle nuestro futuro al único que realmente lo conoce. Winn Collier - Pan Diario

Expectativa de vida

En 1990, unos investigadores franceses tuvieron un problema informático: un error al procesar la edad de Jeanne Calment. Tenía 115 años, una edad fuera de los parámetros del programa informático. ¡Los programadores habían pensado que nadie podría llegar a vivir tanto tiempo! En realidad, Jeanne vivió hasta los 122…
El salmista escribe: «Los días de nuestra edad son setenta años; y […] en los más robustos son ochenta» (Salmo 90:10). Esta es una forma figurada de decir que cualesquiera que sean los años que vivamos, nuestros días en la tierra son limitados. Nuestra vida está en las manos soberanas de un Dios amoroso (v. 5). En el ámbito espiritual, no obstante, se nos recuerda que, para Dios, «mil años delante de [sus] ojos son como el día de ayer, que pasó» (v. 4).
Y en Jesucristo, a la «expectativa de vida» se le ha dado un significado totalmente nuevo: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna» (Juan 3:36). «Tiene» está en tiempo presente: ahora mismo. En nuestro momento físico actual de problemas y lágrimas, nuestro futuro es bendecido y nuestro tiempo de vida es ilimitado.
Entonces, nos identificamos con la oración del salmista: «De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días» (Salmo 90:14). Kenneth Petersen - Pan Diario

Tu parte y la parte de Dios

Cuando a mi amiga Janice le pidieron que dirigiera su departamento en el trabajo después de pocos años, se sintió abrumada. Luego de orar, sintió que Dios la estaba guiando a que aceptara; pero aun así, temía no poder enfrentar la responsabilidad. «¿Cómo puedo liderar con tan poca experiencia? —le preguntó a Dios—. ¿Por qué ponerme aquí si voy a fracasar?».
Más tarde, Janice leía sobre el llamamiento de Dios a Abram en Génesis 12 y observó que su parte era ir a la tierra que Dios le mostraría… «y se fue Abram» (vv. 1, 4). Fue una mudanza radical porque nadie se desarraigaba de ese modo en la antigüedad. Pero Dios le estaba pidiendo que confiara en Él, dejando todo lo conocido atrás, y que Él se encargaría del resto. ¿Identidad? Serás una gran nación. ¿Provisión? Te bendeciré. ¿Reputación? Un gran nombre. ¿Propósito? Sería una bendición a todos los pueblos de la tierra. Aunque cometió algunos errores importantes en el camino, «por la fe Abraham, […] obedeció […] y salió sin saber a dónde iba» (Hebreos 11:8). Entender esto quitó un gran peso del corazón de Janice. «No tengo que preocuparme de “triunfar” en mi trabajo —me dijo después—. Tengo que concentrarme en confiar en que Dios me capacitará». Confiemos en que Dios nos proveerá la fe que necesitamos. Leslie Koh - Pan Diario

Feliz acción de gracias

Un estudio del psicólogo Robert Emmons dividió a los voluntarios en tres grupos para que escribieran semanalmente en sus diarios. Un grupo escribió cinco cosas por las cuales estar agradecidos. Otro, cinco problemas diarios. Y un grupo de control, enumeró cinco acontecimientos que los impactaron un poco. Los resultados revelaron que los del grupo de gratitud se sentían mejor por sus vidas en general, eran más optimistas sobre el futuro y reportaban menos problemas de salud.
Dar gracias cambia la perspectiva de la vida. La acción de gracias puede incluso hacernos más felices.
La Biblia señala que dar gracias es beneficioso porque nos recuerda el carácter de Dios. Los salmos invitan constantemente a darle gracias «porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia» (Salmo 100:5), y por su amor inalterable y sus hechos maravillosos (107:8, 15, 21, 31). Al cerrar su carta a los filipenses, el apóstol Pablo vincula las oraciones de gratitud con la paz de Dios «que sobrepasa todo entendimiento» (4:7). Cuando nos enfocamos en Dios y su bondad, descubrimos que podemos orar sin ansiedad, en toda situación, con acción de gracias. Dar gracias tranquiliza nuestra mente y corazón. Un corazón lleno de gratitud fomenta un espíritu gozoso. Elisa Morgan - Pan Diario