El regalo de la gracia de Dios

Mientras calificaba unos trabajos de un curso de redacción que enseño, hubo uno que me impactó. ¡Estaba tan bien escrito! Pero pronto me di cuenta de que estaba demasiado bien escrito. Claro, era un plagio de una fuente en línea.
Le envié un email a la alumna diciéndole que su trampa se había descubierto. Recibiría un «0», pero podría escribir otro trabajo para una calificación parcial. Respondió: «Estoy muy avergonzada y arrepentida. Agradezco la gracia que me muestra. No la merezco». Le contesté diciendo que todos recibimos la gracia de Jesús un día, así que ¿cómo no mostrarle gracia a ella?
Hay muchas maneras en que la gracia de Dios nos beneficia y nos redime de nuestros errores. Pedro dice que salva: «Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos» (Hechos 15:11). Pablo afirma que ayuda a que el pecado no nos domine: «el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia» (Romanos 6:14). En otra parte, Pedro dice que la gracia nos permite servir: «Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 Pedro 4:10). Gracia. Tan gratuitamente dada por Dios (Efesios 4:7). Usemos este regalo para amar y alentar a otros. Dave Branon - Pan Diario

No más prejuicios

Hace años, Julie Landsman hizo una prueba para trompista principal de la Orquesta Metropolitana de Ópera de Nueva York, que se realizó detrás de una cortina para evitar prejuicios en los jueces. Landsman ganó, pero cuando salió de detrás de la cortina, algunos de los jueces, todos hombres, se fueron caminando y le dieron la espalda. Al parecer, buscaban otra clase de persona.
Cuando los israelitas pidieron un rey, Dios accedió y les dio un hombre físicamente imponente como el de otras naciones (1 Samuel 8:5; 9:2). Pero como los primeros años de Saúl estuvieron marcados por la falta de fe y la desobediencia, Dios envió a Samuel a Belén a ungir a un nuevo rey (16:1-13). Cuando Samuel vio a Eliab, el hijo mayor, pensó que Dios lo había elegido porque era físicamente impactante. Pero Dios hizo reflexionar a Samuel, diciendo: «el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón» (v. 7). Dios había escogido a David para liderar a su pueblo (v. 12).
Cuando Dios evalúa la capacidad y la aptitud de las personas para sus propósitos, observa el carácter, la voluntad y las motivaciones. Nos invita a ver el mundo y a las personas como Él lo hace: con el foco en el corazón, no en el aspecto exterior ni en los logros. Marvin Williams - Pan Diario

Lugares extraños

Dios, ¿qué está pasando? ¿Este es tu plan para nosotros?
Como esposo y padre de hijos pequeños, estas y otras preguntas giraban en mi mente cuando me diagnosticaron cáncer. Es más, mi familia acababa de servir con un equipo misionero que había visto a muchos niños recibir a Jesús como Salvador. Dios había producido un fruto evidente. Estábamos tan felices. ¿Y ahora esto?
Es probable que Ester haya cuestionado a Dios después de arrebatada de su casa y lanzada a un mundo extraño (Ester 2:8). Su primo Mardoqueo la había criado después de quedar huérfana (v. 7). Pero, tras ser incluida en el harén del rey y finalmente elevada a reina (v. 17), él estaba preocupado por «cómo la trataban» (v. 11). Llegado el momento, ambos se percataron de que Dios la había llamado para estar en un lugar de gran poder «para [esa] hora» (4:14), lo que le permitió salvar a su pueblo de la destrucción (caps. 7–8). Sin duda, Dios colocó providencialmente a Ester en un lugar extraño como parte de su plan perfecto. Lo mismo hizo conmigo. Mientras atravesé una larga batalla contra el cáncer, pude compartir mi fe con muchos pacientes y cuidadores. ¿A qué lugar extraño te ha llevado Dios? Confía en el Señor, porque Él es bueno, así como sus planes (Romanos 11:33-36). Tom Felten - Pan Diario

Pronto para oír

Sentí palpitaciones cuando iba a abrir mi boca para refutar las acusaciones de una querida amiga. Lo que yo había publicado en línea no tenía nada que ver con ella, como ella había supuesto. Pero antes de contestar, susurré una oración. Entonces, me calmé y escuché el dolor que reflejaban sus palabras. Era claro que había algo profundo y que estaba muy dolida. Mi necesidad de defenderme desapareció al decidir ayudarla a enfrentar su dolor.
En esa conversación, aprendí lo que quiso decir Santiago en la lectura bíblica de hoy, cuando insta a ser «pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (1:19). Escuchar puede ayudarnos a oír lo que está detrás de las palabras y evitar el enojo que «no obra la justicia de Dios» (v. 20). Nos permite oír el corazón. Detenerme y orar me ayudó mucho, al ser más sensible a sus palabras que a mi ofensa. Quizá si no me hubiese detenido a orar, habría disparado mis pensamientos y dicho lo ofendida que estaba.
Y aunque no siempre he seguido bien las instrucciones de Santiago, ese día creo que lo hice. Detenerme para susurrar una oración antes de permitir que el enojo y la ofensa se apoderaran de mí fue la clave para oír con prontitud y tardar en hablar. Que Dios me dé la sabiduría para hacer esto más a menudo (Proverbios 19:11). Katara Patton - Pan Diario

De fragmentos a belleza

Mi esposa, Miska, tiene un collar y unos aretes de Etiopía. Su sencilla elegancia revela una genuina labor artística. Sin embargo, lo más asombroso de esos adornos es su historia. Tras décadas de un conflicto feroz y una guerra civil, la geografía de ese país está inundada de fragmentos de cascarones y cartuchos de artillería. Como un acto de esperanza, los etíopes rastrean la tierra incendiada para limpiarla y los artesanos tallan joyas con esos restos.
Cuando oí esa historia, resonó en mi mente la enfática declaración de Miqueas de la promesa de Dios. Un día, el profeta anunció que las naciones «martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces» (4:3). Con el poder de Dios, las herramientas diseñadas para matar serían transformadas en productoras de vida. En ese día venidero, «no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra» (v. 3).
La declaración de Miqueas era tan difícil de imaginar en aquella época como en la nuestra. Como la antigua Israel, enfrentamos violencia y guerras, y parece imposible que el mundo pueda cambiar. Pero Dios promete que ese día vendrá. Lo importante es que comencemos ya a vivir esa realidad, y que con su ayuda, hagamos su obra para convertir los fragmentos en cosas hermosas. Winn Collier - Pan Diario