Guille tenía problemas de equilibrio, así que su doctor le prescribió terapia física. Durante una sesión, su terapista le dijo: «Confías demasiado en lo que ves. No dependes lo suficiente de tus otros sistemas —lo que está debajo de tus pies y tus señales en el oído interno—, que también tienen el propósito de mantenerte en equilibrio».
«Confías demasiado en lo que ves» me recuerda la historia de David, un joven pastor, y su encuentro con Goliat. Durante 40 días, Goliat, el paladín filisteo, «se paseaba dándose aires delante del ejército israelita», desafiándolos a enviar a alguien a pelear con él (1 Samuel 17:16 NTV). Por naturaleza, el pueblo se enfocaba en lo que le causaba temor. Entonces, apareció el joven David a quien su padre le había pedido que les llevara comida a sus hermanos (v. 18).
¿Cómo vio David la situación? Por fe en Dios, no por la vista. Vio al gigante, pero confió en que Dios salvaría a su pueblo. Aunque era un muchacho, le dijo al rey Saúl: «Que no se desanime nadie por causa de ese filisteo; este siervo tuyo irá a pelear contra él» (v. 32 RVC). Y le dijo a Goliat: «La victoria es del Señor, y él va a ponerlos a ustedes en nuestras manos» (v. 47). Y Dios lo hizo.
Confiar en el carácter y el poder de Dios nos ayuda a vivir más por fe que por vista. Anne Cetas - Pan Diario