Ser visto

En un artículo sobre consejería, Hannah Schell explica que los mentores necesitan apoyar, desafiar e inspirar, pero «primero, y quizá más que nada, un buen mentor te ve […]. El reconocimiento, no en términos de recompensa o promoción sino en el sentido de simplemente “ser vistos”, es una necesidad humana básica». Las personas necesitan que las reconozcan, las conozcan y crean en ellas.
En el Nuevo Testamento, Bernabé, cuyo nombre significa «hijo de consolación», tenía facilidad para «ver» a quienes lo rodeaban. En Hechos 9, estuvo dispuesto a darle una oportunidad a Saulo (llamado después Pablo; 13:9) cuando los otros discípulos «le tenían miedo» (v. 26) porque había perseguido a los creyentes en Jesús (8:3) y no creían «que fuese discípulo» (9:26).
Más tarde, Pablo y Bernabé discreparon sobre llevar a Marcos con ellos a «visitar a los hermanos en todas las ciudades en que [habían] anunciado la palabra del Señor» (15:36), porque anteriormente los había abandonado.
Bernabé dedicó tiempo para «ver» a Pablo y a Marcos. Quizá como Bernabé, podemos reconocer el potencial en otra persona, o somos nosotros los que necesitamos un mentor espiritual. Pidámosle a Dios que nos guíe a quiénes alentar o a aquellos que nos brinden aliento. Julie Schwab - Pan Diario

Consejo sabio

Cuando se incendió el techo de la Catedral de Notre Dame, en 2019, las vigas de madera y las láminas de plomo formaron un horno tan caliente que no se pudo contener. Tras caer dramáticamente la aguja de la catedral, la atención se dirigió a los campanarios. Si los marcos de madera de las gigantes campanas de hierro se quemaban, colapsarían las dos torres y la catedral quedaría en ruinas.
El general Gallet, comandante del departamento de bomberos de París, hizo alejar a su gente, pensando qué hacer después. Un bombero llamado Remi se le acercó nervioso y dijo: «Respetuosamente, general, propongo que lancemos agua por el exterior de las torres». Dada la fragilidad del edificio, la idea fue rechazada, pero Remi insistió. Pronto, el general tuvo que decidir: seguir el consejo del joven bombero o dejar que la catedral se desmoronara.
La Escritura habla mucho de aceptar consejos. No siempre se trata de mayores aconsejando a jóvenes (Proverbios 6:20-23), sino que agrega: «el que obedece al consejo es sabio» (12:15), las guerras se ganan con él (24:6) y solo los necios no lo escuchan (12:15). Los sabios los escuchan, sin importar la edad o el rango de quienes los dan. ¿Para qué necesitas un buen consejo hoy? A veces, Dios guía a través de los labios de un joven. Sheridan Voysey - Pan Diario

Somos uno

En una pequeña comunidad agrícola, las noticias viajan rápido. Varios años después de que el banco vendiera la granja que la familia de David había poseído por décadas, se enteró de que la propiedad se pondría a la venta. Después de ahorrar con mucho sacrificio, David llegó a la subasta, donde había casi 200 granjeros locales. ¿Podría ofrecer lo suficiente? Hizo la primera oferta, respirando profundo mientras el subastador llamaba a ofrecer más. La multitud se mantuvo en silencio hasta que se oyó el golpe del martillo. Los demás granjeros pusieron la necesidad de David y su familia por encima de su propio progreso económico.
Esta historia de bondad sacrificial demuestra cómo insta Pablo a vivir a los seguidores de Cristo. Nos advierte de conformarnos a los estándares de este mundo (Romanos 12:2) y priorizar nuestros deseos a las necesidades de otros. A medida que el Espíritu Santo renueva nuestra mente, podemos responder con el amor y las motivaciones que honran a Dios. Colocar primero a los demás nos ayuda a evitar sobrevalorarnos, al recordar que somos parte de algo más grande: la iglesia (vv. 3-4).
El Espíritu Santo ayuda a los creyentes a entender y obedecer las Escrituras, y nos capacita para amar y dar con generosidad, para avanzar juntos en unidad. Xochitl Dixon - Pan Diario

El poder del amor

Dos octogenarios, él de Alemania y ella de Dinamarca, eran una pareja insólita. Cada uno había disfrutado 60 años de matrimonio, antes de enviudar. Aunque vivían a solo 15 minutos de distancia, sus casas estaban en países distintos. Aun así, se enamoraron y pasaban tiempo juntos. Lamentablemente, en 2020, por el coronavirus, el gobierno danés cerró la frontera. Sin intimidarse, todos los días a las tres de la tarde, se reunían para hacer un picnic en un espacio tranquilo, sentado cada uno de su lado. «Estamos aquí por amor», explicó el hombre. Su amor era más fuerte que las fronteras, más poderoso que la pandemia.
Salomón, en Cantar de los Cantares, describe maravillosamente el poder invencible del amor: «fuerte es como la muerte el amor» (8:6). Nadie escapa a la muerte; es un final inevitable. No obstante, el amor es igual de fuerte. Y aún más, «sus brasas, [son] brasas de fuego, fuerte llama» (v. 6). Tal como el fuego incontrolable, el amor es imposible de contener. «Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos» (v. 7). El amor humano verdadero y sin egoísmo puede asemejarse a eso, pero solo el amor de Dios ofrece tal poder tenaz y profundidad ilimitada. Lo más asombroso es que Él nos ama a cada uno con ese amor inextinguible. Winn Collier - Pan Diario

Jamás olvidado


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Cuando pensamos en misioneros pioneros del pasado, el nombre George Liele (1750-1820) no viene a la mente. Tal vez debería. Nacido en la esclavitud, conoció a Cristo y obtuvo su libertad antes de la Guerra de la Independencia de Estados Unidos. Llevó el mensaje de Jesús a los esclavos en Jamaica y fundó dos iglesias afroamericanas en Georgia, Estados Unidos, una de las cuales es considerada la «iglesia madre de los bautistas negros».
Quizá muchos hayan olvidado su notoria vida de servicio a Dios, pero Dios nunca olvidará su obra espiritual. Tampoco la obra que tú haces para Él. El libro de Hebreos nos alienta, diciendo: «Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún» (6:10). Nunca se puede subestimar la misericordia de Dios, porque Él conoce y recuerda todo lo que se hace en su nombre. Por eso, Hebreos también nos alienta a ser «imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas» (v. 12). Si servimos sin ser vistos en nuestra iglesia o comunidad, sería fácil pensar que no se aprecia nuestro trabajo. No te desalientes. Aunque los que te rodean no lo reconozcan ni recompensen, Dios es fiel y nunca nos olvidará. Bill Crowder - Pan Diario