La provisión de Dios

Berni, de tres años, y su mamá iban a la iglesia todas las semanas para ayudar a descargar comestibles del camión del ministerio de comidas. Cuando el niño escuchó que su madre contaba que el camión se había averiado, dijo: «Uy, no. ¿Cómo repartirán la comida?». La madre le explicó que la iglesia tendría que juntar dinero para comprar un camión nuevo. Berni sonrió, y saliendo del cuarto, dijo: «Yo tengo dinero», y volvió con un recipiente de plástico lleno de monedas; poco más de 38 dólares. Aunque no tenía mucho, Dios combinó su ofrenda con las de otros para conseguir un nuevo camión frigorífico.
Una cantidad pequeña dada con generosidad siempre basta cuando se coloca en las manos de Dios. En 2 Reyes 4, una viuda pobre le pidió ayuda financiera al profeta Eliseo, quien le dijo que se fijara qué provisiones tenía, pidiera ayuda a sus vecinos y siguiera las instrucciones de él (vv. 1-4). Con una provisión milagrosa, Dios usó la pequeña cantidad de aceite de la viuda para llenar todas las tinajas que le habían dado sus vecinos (vv. 5-6). Eliseo le dijo: «vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede» (v. 7). Cuando nos enfocamos en lo que no tenemos, corremos el riesgo de no ver a Dios haciendo grandes cosas con lo que sí tenemos. Xochitl Dixon - Pan Diario

Caminar con otros


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Billy, un perro amoroso y fiel, se convirtió en estrella de internet en 2020. Russel, su dueño, se había fracturado el tobillo y usaba muletas para caminar. Poco después, el perro empezó a renguear cuando caminaba con él. Preocupado, lo llevó al veterinario, ¡quien dijo que no tenía nada malo! Corría libremente cuando estaba solo. Resultó ser que simulaba una renguera cuando caminaba con Russel. ¡Esto sí que es tratar de identificarse de verdad con el dolor de alguien!
Estar al lado de otros es vital en las instrucciones de Pablo a la iglesia en Roma. Resumió de este modo los últimos cinco de los Diez Mandamientos: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Romanos 13:9). En el versículo 8, también vemos la importancia de caminar con otros: «No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros».
La escritora Jenny Albers aconseja: «Cuando alguien está roto, no trates de arreglarlo. (No puedes). Cuando alguien está dolido, no intentes quitarle el dolor. (No puedes). En cambio, muéstrale amor caminando junto a esa persona en su dolor. (Sí puedes). Porque, a veces, lo que las personas necesitan es simplemente saber que no están solas».
Sabemos lo que significa caminar con otros porque Jesús camina a nuestro lado en todo nuestro dolor y sufrimiento. Anne Cetas - Pan Diario

Momentos oscuros, oraciones intensas

«Tuve un momento oscuro». Estas cuatro palabras reflejan la agonía interna de una célebre artista durante la pandemia de COVID-19. Adaptarse a la nueva normalidad fue un gran desafío. En su confusión, reconoció que había luchado con la idea de suicidarse. Salir de su espiral descendente incluyó contarle de su lucha a una amiga que se interesaba por ella.
Todos somos susceptibles a horas, días y temporadas tumultuosas, y salir de esas situaciones puede ser desafiante. A veces, incluso hace falta la ayuda de profesionales de salud mental.
En el Salmo 143, la oración de David en uno de sus momentos oscuros nos instruye. Se desconoce exactamente qué sucedía, pero sus plegarias a Dios son sinceras y llenas de esperanza: «Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos. Y mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi corazón» (vv. 3-4). Para los creyentes en Cristo, no basta con reconocer personalmente lo que nos pasa, o compartirlo con amigos o un especialista. Debemos acudir con fervor a Dios con oraciones que incluyan las peticiones de los versículos 7 al 10 de este salmo. Nuestros momentos oscuros pueden ser también un tiempo de oraciones intensas, buscando la luz y la vida que solo Dios da. Arthur Jackson - Pan Diario

El mensaje de la cruz

Tal como él lo expresa, Zhang se crio «sin Dios, ni religión ni nada». En 1989, buscando libertad para su pueblo, ayudó a liderar a estudiantes en una protesta pacífica, pero, trágicamente, eso llevó a que interviniera el gobierno y se perdieran muchas vidas. Por participar, lo incluyeron en la lista de las personas más buscadas. Luego de un breve encarcelamiento, huyó a una aldea lejana donde conoció a una anciana que le presentó el evangelio. Ella tenía una copia manuscrita del Evangelio de Juan, pero no sabía leer, así que le pidió a Zhang que le leyera. Mientras él leía, ella le explicaba; y al año, él creyó en Jesús.
En todo lo que soportó, Zhang ve que Dios estaba guiándolo a la cruz, donde experimentó personalmente lo que Pablo declara en 1 Corintios: «la palabra de la cruz […] es poder de Dios» (1:18). Lo que muchos consideraban una tontería, una debilidad, se convirtió en la fortaleza de Zhang. Algunos también pensábamos así antes de acercarnos a Cristo. Pero por el Espíritu, sentimos que el poder y la sabiduría de Dios aparecieron en nuestra vida y nos guiaron al Señor. Hoy, Zhang es pastor y comunica la verdad de la cruz a todos los que quieran oír. Jesús tiene poder para cambiar incluso el corazón más duro. ¿Quién puede necesitar esto hoy? Alyson Kieda - Pan Diario

Medidas drásticas

El arco y aljaba ceremoniales había decorado la pared de nuestra casa en Michigan durante años. Lo había heredado de mi padre, quien lo compró como souvenir mientras éramos misioneros en Ghana.
Un día, un amigo de aquel país nos visitó. Cuando vio el arco, su rostro cambió, y señalando un pequeño objeto que tenía atado, dijo: «Esto es un fetiche; un amuleto. Sé que no tiene poder, pero no lo tendría en mi casa». De inmediato, cortamos el amuleto del arco y lo desechamos. No queríamos nada en nuestra casa que supusiera adorar algo que no fuera Dios.
Josías, rey en Jerusalén, creció sin saber mucho sobre las expectativas de Dios para su pueblo. Cuando el sumo sacerdote encontró el libro de la ley en el descuidado templo (2 Reyes 22:8), Josías quiso oír qué decía. En cuanto supo lo que Dios había dicho sobre la idolatría, ordenó realizar limpiezas para que Judá se ajustara a la ley divina; cambios mucho más drásticos que simplemente cortar un amuleto de un arco (ver 2 Reyes 23:3-7). Hoy los creyentes tenemos muchísimo más que el rey Josías: la Biblia completa para instruirnos; los unos a los otros; y la llenura vital del Espíritu Santo que arroja luz sobre todas las cosas, que de otro modo podríamos pasar por alto. Tim Gustafson - Pan Diario