Fe imaginativa

«¡Mira, abuelo! ¡Esos árboles están saludando a Dios!». Mientras observábamos las ramas dobladas por el viento, el entusiasmado comentario de mi nieto me hizo sonreír. Y también hizo que me preguntara: ¿Tengo esa clase de fe imaginativa?
Reflexionando en la historia de Moisés y la zarza ardiente, la poetisa Elizabeth B. Browning escribió: «La tierra atiborrada de cielo / y toda simple zarza encendida de Dios; / pero solo el que ve se quita los zapatos». La obra de las manos de Dios se manifiesta en todas partes; y un día, cuando le tierra sea hecha nueva, la veremos como nunca antes.
Dios habla de ese día, cuando proclama a través del profeta Isaías: «Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso» (Isaías 55:12). ¿Montes cantando? ¿Árboles aplaudiendo? ¿Por qué no? Pablo señaló que «la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Romanos 8:21).
Jesús habló sobre piedras que clamarían (Lucas 19:40), evocando la profecía de Isaías sobre lo que les aguarda a los salvos por Él. Cuando miremos con una fe que imagina solo lo que Dios puede imaginar, ¡veremos para siempre sus maravillas! James Banks - Pan Diario

Aprender y amar


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En una escuela primaria de Greenock, Escocia, tres maestras con licencia por maternidad llevaban a sus bebés a la escuela cada 15 días para interactuar con los alumnos. Jugar con bebés les enseña a los niños a tener empatía por otras personas. A menudo, los más receptivos son los alumnos «un poco complicados», como dijo una maestra. Al interactuar uno a uno, aprenden cuánto trabajo requiere cuidar a un niño y cómo son los sentimientos de los demás.
Aprender de los niños sobre cómo cuidar a los demás no es un concepto nuevo para los creyentes en Jesús. Conocemos a Aquel que vino como un bebé. Su nacimiento cambió todo lo que sabemos sobre ocuparnos de las relaciones interpersonales. Cuando unos niños fueron llevados a Jesús, Él reprendió a los discípulos que pensaban que los pequeños no eran valiosos, diciendo: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios» (Marcos 10:14). Jesús, «tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía» (v. 16). Nosotros mismos, como sus hijos ocasionalmente «complicados», podríamos ser considerados indignos también, pero Jesús, quien vino como un niño, nos acepta con amor y nos enseña sobre el poder bienhechor de amar a los bebés y a todas las personas. Patricia Raybon - Pan Diario

Rescate en aguas profundas

En agosto de 2021, las precipitaciones triplicaron lo pronosticado en una ciudad de Tennessee. Como resultado, 20 personas murieron y cientos de casas fueron destruidas. De no haber sido por la compasión y la destreza del piloto de helicópteros Joel Boyers, la pérdida de vidas humanas habría sido mayor.
El piloto partió tras un llamado telefónico de una mujer preocupada por sus seres queridos. Boyers señaló que, además de casas incendiadas y autos en los árboles, «no se veía otra cosa que agua fangosa corriendo desenfrenadamente debajo de mí». Aun así, rescató con valentía a doce personas de los techos de sus casas.
Muy a menudo, las inundaciones arrasadoras que enfrentamos no son literales… pero ¡cuán reales! En días de incertidumbre e inestabilidad, podemos sentirnos superados mental, emocional y espiritualmente. Pero no debemos desesperarnos. En el Salmo 18, leemos que los enemigos de David eran muchos y poderosos, pero su Dios era más fuerte. Tan fuerte y poderoso (v. 1) que el salmista usó varias metáforas (v. 2) para describirlo. Dios era lo suficientemente fuerte para rescatarlo de aguas profundas y de enemigos poderosos (vv. 16-17). Y es también suficientemente grandioso para que clamemos a Él, sin importar el volumen o la profundidad de las «aguas» que nos rodeen en la vida. Arthur Jackson - Pan Diario

¡Aleluya!

Asombrosamente, a Händel le llevó solo 24 días escribir la música orquestal del oratorio Mesías, quizá una de las composiciones más famosas del mundo e interpretadas miles de veces por año. La magnífica obra alcanza su clímax casi dos horas después, cuando comienza la parte más conocida: el «Aleluya».
A medida que las trompetas y los timbales anuncian el principio del estribillo, las voces del coro se suman unas a otras al cantar las palabras de Apocalipsis 11:15: «Y él reinará por los siglos de los siglos». Es una declaración triunfante de la esperanza de la eternidad con Jesús en el cielo y de su reinado en la tierra.
Muchas de las palabras del Mesías vienen del libro de Apocalipsis, el relato del apóstol Juan de la visión que tuvo, donde describe los eventos relacionados con el retorno de Cristo. Una y otra vez, se refiere a que habrá gran gozo expresado en las voces de coros (19:1-8). Finalmente, el mundo se regocijará porque Jesús habrá derrotado a los poderes de las tinieblas y la muerte, y establecerá un reino de paz.
Un día, todos los salvos cantarán juntos en un magnífico coro, proclamando la majestad de Cristo y la bendición de su reino eterno. Hasta entonces, vivamos, trabajemos, oremos y aguardemos con esperanza. Lisa Samra - Pan Diario

Adónde pertenezco

Al terminar una comida para celebrar la Pascua, los miembros de la iglesia expresaron su alegría danzando juntos en un círculo. Barry los observaba con una enorme sonrisa. Luego, comentó cuánto le gustaban esos momentos, diciendo: «Esta es mi familia ahora; mi comunidad. Encontré un lugar donde sé que puedo amar y ser amado… y al que pertenezco».
De niño, Barry sufrió un cruel abuso emocional y físico que le quitó la alegría. Pero la iglesia local lo recibió y le presentó a Jesús. La unidad y el gozo de los creyentes lo atraparon, y comenzó a seguir a Cristo y a sentirse amado y aceptado.
En el Salmo 133, David usó imágenes impactantes para ilustrar los enormes efectos de cuán buena y deliciosa es la unidad del pueblo de Dios. Dijo que es como alguien ungido con un aceite precioso que corre por su cuello (v. 2). En la antigüedad, era habitual que, cuando uno entraba en una casa, se lo saludara ungiéndolo. David también comparó esta unidad con el rocío que cae sobre el monte y que trae vida y bendición (v. 3). El aceite llena de fragancia una habitación y el rocío riega los lugares secos. La unidad también tiene efectos buenos y deliciosos, como recibir a los que están solos. Que nuestra unidad en Cristo sea de beneficio a los demás. Amy Pye - Pan Diario