La abundancia satisface la escasez

Las cafeterías escolares suelen preparar más comida de la que se consume porque no pueden predecir exactamente la necesidad, y los restos van a la basura. Sin embargo, muchos estudiantes no tienen suficiente comida en la casa y pasan los fines de semana con hambre. Una escuela se unió a una organización para resolver el problema: envolvieron los restos de comida y se los dieron a los alumnos para llevar a casa; y al mismo tiempo, solucionaron el problema del desperdicio de comida y el hambre.
Si bien la mayoría no considera que la abundancia de dinero sea un problema como lo es el desperdicio de comida, el principio detrás del proyecto de esa escuela es igual al que menciona Pablo en su carta a los corintios. Sabía que las iglesias de Macedonia tenían dificultades, así que le pidió a la iglesia de Corinto que usara su «abundancia» para «[suplir] la escasez de ellos» (2 Corintios 8:14). Su objetivo era que nadie tuviera demasiado mientras otros sufrían. Quería que los corintios empatizaran y fueran generosos con los macedonios, reconociendo que tal vez un día podrían necesitar una ayuda similar. Ante las necesidades de otros, evaluemos si podemos tener algo para compartir. ¡Lo que demos nunca será un desperdicio! Kirsten Holmberg - Pan Diario

Dios pelea por nosotros

Una madre demostró que nada la detendría de proteger a su hijo. El niño de cinco años estaba jugando afuera, cuando lo oyó gritar. Salió corriendo, y horrorizada, vio que su hijo tenía un «compañero de juego» inesperado: un puma. El gran felino estaba encima del niño con su cabeza en la boca. Recurriendo a la mamá oso en su interior, luchó contra el puma hasta abrirle las quijadas para rescatar a su hijo. La hazaña de esta madre nos recuerda cómo las Escrituras usan la maternidad para ilustrar el amor tenaz de Dios y su protección a sus hijos.
Dios cuidó y consoló tiernamente a su pueblo como una águila cuida a sus crías (Deuteronomio 32:11-11; Isaías 66:13). Asimismo, como una madre que nunca podría olvidar a un bebe con quien desarrolló un vínculo inseparable, Dios nunca olvidará a los suyos ni dejará de ser compasivo con ellos (Isaías 54:7-8). Por último, como un ave que protege a sus crías bajo sus alas, Dios «con sus plumas te cubre» porque «escudo y baluarte es su fidelidad» (Salmo 91:4 lbla).
A veces nos sentimos solos, olvidados y atrapados por toda clase de depredadores espirituales. Dios nos ayude a recordar que, compasivamente, nos cuida, consuela y pelea por nosotros. Marvin Williams - Pan Diario

Amor confiable

Hace años, tomé la dolorosa decisión de alejarme de una persona muy cercana a mí, después de intentar hablarle de un comportamiento profundamente hiriente y solo recibir rechazo y negación de su parte. Hoy, cuando supe que estaba en la ciudad, mi mente comenzó a revolver una y otra vez el pasado.
Mientras luchaba por calmar mis pensamientos, escuché una canción en la radio. La letra no solo expresaba la angustia de la traición sino también un anhelo profundo de cambio y curación en la persona que había causado el daño. Los ojos se me llenaron de lágrimas mientras me identificaba con la evocadora balada que ponía voz a mis anhelos más profundos.
«El amor sea sin fingimiento», escribió el apóstol Pablo en Romanos 12:9; un recordatorio de que no todo lo que dice ser amor es sincero. No obstante, el anhelo profundo de nuestro corazón es conocer el amor verdadero; ese amor que no es egoísta, manipulador ni controlador, sino compasivo, generoso y comprometido con el bienestar del otro (vv. 10-13).
Esto es el evangelio, la buena noticia. En Jesús, podemos por fin conocer y compartir un amor en el cual confiamos; que nunca nos lastimará (13:10). Vivir en su amor es ser libre. Monica La Rose - Pan Diario

Basta de orfandad


Dona un euro, haz clic en el botón amarillo. Dios te bendiga

Guy Bryant, soltero y sin hijos propios, trabajaba en el departamento de bienestar infantil en Nueva York. Todos los días enfrentaba la gran necesidad de conseguir padres de acogida y decidió hacer algo al respecto. Por más de diez años, albergó a más de 50 niños, cuidando una vez a nueve al mismo tiempo. «Cada vez que me daba vuelta, había un niño que necesitaba un lugar donde quedarse —explicó—. Si tienes el lugar en tu casa y en tu corazón, simplemente lo haces. Ni siquiera lo piensas». Bryant les ha mostrado el amor de un padre a muchos.
Las Escrituras nos dicen que Dios busca a todos los olvidados y desechados. Aunque algunos creyentes lleguen a sentirse destituidos y vulnerables en esta vida, Él promete estar con ellos. Dios es «Padre de huérfanos» (Salmo 68:5). Si estamos solos, sea por negligencia o alguna tragedia, Dios sigue estando presente, tendiéndonos la mano, acercándonos a Él y dándonos esperanza. Sin duda, «hace habitar en familia a los desamparados» (v. 6). En Jesús, los demás creyentes constituyen nuestra familia espiritual.
Cualesquiera que sean nuestras historias familiares, aislamiento, abandono o disfunción relacional, podemos saber que alguien nos ama. Con Dios, ya no somos más huérfanos. Winn Collier - Daily Bread

¿Cómo está?

Carla estaba muriendo y lo sabía. Mientras yacía en su cama en el hospital, su cirujano con un grupo de médicos residentes jóvenes entraron a la habitación. Durante unos minutos, el doctor, ignorando a Carla, describió al grupo su condición terminal. Finalmente, se dirigió a ella y preguntó: «¿Cómo está?». Carla sonrió y les habló con ternura sobre su esperanza y paz en Jesús.
Hace 2.000 años, el cuerpo de Jesús azotado y desnudo colgaba humillado de una cruz ante una multitud de espectadores. ¿Atacaría a sus torturadores? No. En cambio, dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). Aunque condenado y crucificado injustamente, oró por sus enemigos. Luego, le dijo a otro hombre humillado, un criminal, que por su fe, pronto estaría con Él «en el paraíso» (v. 43). En su dolor y vergüenza, por amor, prefirió compartir palabras de esperanza y vida.
Cuando Carla terminó de hablarles de Cristo a sus oyentes, miró tiernamente a los ojos llenos de lágrimas del doctor y le preguntó: «¿Y usted cómo está?». Por la gracia y el amor de Cristo, les había compartido palabras de vida a todos ellos. En cualquier situación que enfrentemos, confiemos en que Dios nos dará valor para hablar de Él. Tom Felten - Pan Diario