El poder de un nombre

A fin de ayudar a algunos niños que viven en las calles de Mumbai, India, Ranjit escribió una canción con sus nombres. Con una melodía única para cada nombre, les enseñó a cantarla, con la esperanza de alentarlos al recordar cómo se llamaban. Para los niños que no suelen oír que dicen sus nombres con amor, esto les hizo un regalo de respeto.
Los nombres son importantes en la Biblia y suelen reflejar los rasgos de carácter o el nuevo papel de una persona. Por ejemplo, Dios les cambió el nombre a Abram y Sarai cuando hizo un pacto de amor con ellos, prometiéndoles que Él sería su Dios y ellos serían su pueblo. Abram, que significa «padre enaltecido», cambió por Abraham, «padre de una multitud». Y Sarai, «mi princesa», pasó a ser Sara, «princesa» (ver Génesis 17:5, 15).
Los nuevos nombres incluían la promesa de la gracia de Dios de que tendrían descendencia. Cuando Sara dio a luz a su hijo, desbordaban de alegría y lo llamaron Isaac, «risa»: «Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo» (Génesis 21:6). Mostramos honra y respeto a las personas cuando las llamamos por su nombre. Un sobrenombre agradable que reafirma las cualidades individuales de una persona como alguien creado a la imagen de Dios puede hacer lo mismo. Amy Pye - Pan Diario

La historia no ha terminado

Cuando la serie británica Line of Duty terminó, una cantidad récord de espectadores miró cómo terminaría la lucha contra el crimen organizado. Pero muchos se decepcionaron cuando el final implicaba que el mal finalmente triunfaría. Un aficionado dijo: «Quería que juzgaran a los chicos malos. Necesitábamos ese final moral».
El sociólogo Peter Berger señaló que tenemos hambre de esperanza y justicia; esperanza de que el mal será un día vencido y que los que lo causaron tengan que enfrentar sus delitos. Un mundo en el que triunfan los malos va en contra de lo que debería ocurrir. Tal vez sin darse cuenta, esos aficionados desilusionados estaban expresando el profundo anhelo de la humanidad de que el mundo vuelva a ser justo.
En su oración, Jesús es realista en cuanto al mal y la necesidad de ser librados de él (Mateo 6:12-13). No obstante, este realismo va acompañado de esperanza. Hay un lugar donde el mal no existe —el cielo—, y ese reino celestial vendrá a la tierra (v. 10). La justicia de Dios será total, vendrá su «final moral» y el bien acabará con el mal (Apocalipsis 21:4).
Entonces, cuando los malos ganen y nos decepcionemos, recordemos esto: hasta que la voluntad de Dios se haga «como en el cielo, así también en la tierra», hay esperanza. La historia no ha terminado. Sheridan Voysey - Pan Diario

Gente que necesita gente

En su carrera al salón de la fama como periodista deportivo, Dave Kindred cubrió cientos de eventos deportivos importantes y escribió una biografía de Muhammad Ali. Jubilado y aburrido, empezó a asistir a partidos de básquet femenino en una escuela local. Luego, comenzó a escribir historias sobre cada juego y a publicarlas en línea. Cuando su madre y su nieto murieron y su esposa sufrió un síncope, se dio cuenta de que el equipo del que estaba escribiendo le había dado una sensación de comunidad y propósito. Ambos se necesitaban mutuamente. Kindred dijo: «Este equipo me salvó. Mi vida se había vuelto oscura [… y] ellas eran la luz».
¿Cómo un legendario periodista llegó a depender de un grupo de adolescentes? Del mismo modo que un legendario apóstol se apoyaba en la comunión de aquellos que conocía en sus viajes misioneros. ¿Notaste a cuántos saludaba al cerrar sus cartas? (Romanos 16:3-15). Escribió: «Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones» (v. 7); «Saludad a Amplias, amado mío en el Señor» (v. 8). Menciona a más de 25 personas, la mayoría de las cuales no se vuelve a mencionar en las Escrituras. Pero Pablo las necesitaba. En tu caso, el mejor lugar es la iglesia local. Alumbra a quien lo necesite. Algún día, podrían devolver el favor. Mike Wittmer - Pan Diario

Agua viva

El ramo de flores venía de Ecuador. Cuando llegaron a mi casa, estaban caídas y tristes. Las instrucciones indicaban reavivarlas con agua fresca. Pero antes, había que recortar los cabos para que pudieran absorber el agua más fácilmente. ¿Sobrevivirían?
A la mañana siguiente, tuve la respuesta. El buqué lucía esplendoroso, con flores que nunca había visto. El agua fresca hizo toda la diferencia; un recordatorio de lo que Jesús dijo sobre el agua y su significado para los creyentes.
Cuando Jesús le pidió agua a la mujer samaritana —refiriéndose a que bebería de lo que ella sacara del pozo—, la vida de ella cambió. La mujer se sorprendió ante el pedido, ya que los judíos despreciaban a los samaritanos, pero Jesús dijo: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva» (Juan 4:10). Más tarde, en el templo, exclamó: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba» (7:37). Entre los creyentes en Cristo, «de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él» (vv. 38-39). El Espíritu renovador de Dios nos revive cuando la vida nos agota. Él es el agua viva que mora en nuestra alma con una santa frescura. Bebamos hoy intensamente. Patricia Raybon - Pan Diario

Decisiones imprudentes

Una vez, cuando era joven, conduje demasiado rápido tratando de seguir a mi amigo después de la escuela. Llovía mucho y era difícil seguirlo. De repente, ¡el limpiaparabrisas de mi auto quitó el agua y apareció el sedán de mi amigo detenido frente a mí! Apreté los frenos, el auto patinó y golpeó contra un árbol. Quedó destruido. Más tarde, desperté en una sala del hospital local. Aunque, por la gracia de Dios, sobreviví, mi desenfreno demostró ser muy costoso.
Moisés tomó una decisión imprudente que luego le costó mucho. En su caso, tuvo que ver con la falta de agua… no con el exceso (como en mi caso). Los israelitas estaban en el desierto y no tenían agua, y «la congregación [se juntó] contra Moisés y Aarón» (Números 20:2). Dios le dijo al exhausto líder que le hablara a una roca y que esta daría su agua (v. 8). Pero Moisés «golpeó la peña con su vara dos veces» (v. 11). El Señor dijo: «Por cuanto no creísteis en mí, […] no [entrarás] en la tierra que les he dado» (v. 12).
Cuando tomamos decisiones imprudentes, pagamos las consecuencias. «El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies, peca» (Proverbios 19:2). Busquemos cuidadosamente en oración la sabiduría y la guía de Dios en las decisiones que tomemos hoy. Tom Felten - Pan Diario